miércoles, 28 de febrero de 2007

Modelo de produccion de soja-modelo de produccion de muerte

MODELO DE PRODUCCION DE SOJA-MODELO DE PRODUCCION DE MUERTE
 
Yo pregunto además: ¿se puede tener un desarrollo normal sin consumir
azucares? ¿acaso nuestro cerebro y nuestras neuronas para que funcionen
normalmente no necesita de azucares-glucosas? Es decir, la falta de glucosas
¿no afecta la rapidez y la agilidad mental e intelectual? Entonces, ¿como es eso
de la difusión machacante para el consumo de bebidas y productos alimenticios
"Light"?
Que algun especialista en el tema me aclare con mas detalles por favor.
 
Eva
 

> EDITORIAL de Jorge Rulli DEL DOMINGO 18 DE FEBRERO DE 2007 y
fragmentos del Editorial del 25/02.-
>
>
>
> Esta semana estuvimos recorriendo la zona sur de la provincia de Entre Ríos,
> más concretamente: estuvimos en el Departamento de Concepción del Uruguay. O
> sea que estuvimos en el corazón de los antiguos pagos de Urquiza,  en las
> cercanías del Palacio San José. Fuimos para verificar las denuncias que nos
> llegaban y la realidad que hallamos superó por lejos nuestras peores
> anticipaciones. El desierto verde de las Sojas transgénicas se ha impuesto
> sobre la complejidad del paisaje entrerriano,
ha barrido los alambrados y
> hecho desaparecer la fauna y toda flora biodiversa que no sea la del yuyito
> verde que colma de alegría a los progresistas y a los exportadores. Ahora el
> panorama es una verdadera pinturita: solo sojales hasta el horizonte.
>
>
>
> De vez en vez, y contrariando la monotonía y la regla generalizada de ocupar
> con soja las banquinas, aparecen algunas zonas bajas donde pervive el
> antiguo paisaje de pastos y vacunos; y algún arroyo con árboles y algún
> hombre de a caballo, nos recuerdan como una herida en los ojos, aquel país
> que fuimos alguna vez.. Ahora,
no hay perdices, ni liebres, ya no quedan
> pájaros... El campo es un espacio hostil para la vida, el campo es el
> territorio de los agronegocios y la soja es su epítome inabarcable y
> glorioso. La soja es el nuevo paradigma de la globalización
, la expresión de
> una monotonía implacable que no es más que la antelación de la muerte de los
> ecosistemas. El campo como los shopping de los nuevos conurbanos
> anonimizados y de los aeropuertos privatizados y sin alma, deviene
> rápidamente en reino de los no lugares,  un reino acorde a la perspectiva
> brutal de los intereses corporativos hegemónicos del modelo de agricultura
> industrial de exportación.
>
>
>
> Líbaros, Santa Anita, Herrera, y tantas otras pequeñas localidades
> entrerrianas y los barrios periféricos de Basabilvaso, que visitamos o de
> los que tuvimos testimonios, son la manifestación de una condena y de una
> crucifixión silenciada, una crucifixión que obliga a las poblaciones a
> desarraigarse y emigrar a las grandes ciudades o a permanecer en sus lugares
> de nacimiento bajo el encierro de las propias paredes, y bajo el peso de
> sucesivos males y enfermedades propios de un ambiente deletéreo en que la
> aspersión de venenos resulta constante y absolutamente impune por parte de
> los sojeros y las autoridades cómplices. En un pueblo como Líbaros de no
> mucho más de trescientas personas,  bastante más de cincuenta se reunieron
> para ver Hambre de Soja y a escucharnos. No pudimos, sin embargo, por varios
> motivos explayarnos demasiado. Por una parte, porque nunca habíamos tenido
> que exponer ante vecinos que requieren una máscara para salir de sus casas y
> que la usaban para aspirar mientras veían la película de Marcelo Viñas, una
> película terrible en otros ámbitos y que en ese escenario parecía casi como
> un film de Walt Disney.
>
>
>
> Que algunos de los que allí estaban viendo la película o escuchándonos,
> sabíamos tenían a alguno de los suyos postrados en la cama con gravísimos
> problemas neurológicos, sin duda causados por los tóxicos que emponzoñan el
> aire. Porque era tanta la angustia de esa gente que necesitaban hablar
> ellos, más que escuchar al que viene de afuera. Porque durante años han
> denunciado al Gobierno de la Provincia inútilmente su victimización por el
> modelo sojero, porque gran parte de los decisores y de los responsables del
> Estado en todos los niveles son sojeros o están vinculados con sojeros y son
> cómplices, y porque los expedientes y las denuncias se extravían sin
> excepciones en los laberintos burocráticos del Gobierno de Busti o se
> olvidan en los cajones de los que pasan sin dilación a los cestos de basura.
> Porque el farmacéutico de Santa Anita necesitaba decirnos que ya había
>
agotado la crema de bismuto de que se disponía en la zona, y que es
> utilizada para detener las diarreas, que tampoco tenía debido a la demanda
> de antialérgicos ni colirios, y que ya no sabía que hacer con tanta gente
> enferma en el vecindario.
Que el médico de la zona necesitaba contarnos de
> cómo fotografía los
mosquitos cargados de veneno que circulan por las calles
> de los pueblos, que llegan a cargar agua en las mismas tomas en que abreva
> la gente, que tiene los congeladores llenos de gallinas y de patos muertos
> por envenenamiento y con los estómagos llenos de las isocas que escapan de
> los sojales y que ante  tanta denuncia inútil ya no sabe qué hacer con esas
> pruebas que a nadie del poder interesan. Que unas bellas mujeres, vecinas de
> Santa Anita nos habían traído los certificados médicos que indican que
> debieron ser internadas  reiteradamente por intoxicación con pesticidas
> órganoclorados y que la diarrea, las cefaleas, la rinitis, la
> gastroenteritis, el eritema facial que sufren y que evidenciaban ante
> nuestros ojos, era también, la consecuencia del paquete tecnológico de las
> Sojas de Monsanto.
>
>
>
> Las anécdotas de tanto dolor que hemos recogido en estos días supera la
> capacidad en nosotros de registrar tanto sufrimiento. En un momento dado
> renuncié a visitar a una enferma de ELA a que me invitaban sus hijos hombres
> que la cuidan amorosamente
. El ELA es una esclerosis lateral amiotrófica,
> una enfermedad  neuromuscular progresiva similar a la que sufre el
> científico Stephen Hawking, afección de la que los familiares insistían en
> responsabilizar a las fumigaciones  habidas años atrás, cuando comenzó en la
> zona el boom de la Soja. Este tipo de males y otros que reconocimos en la
> zona, responden sin duda, a un hábitat enfermo, un hábitat en que debido a
> las fumigaciones, es decir, a los tóxicos y disruptores hormonales que se
> asperjan continuamente, causa el desplome de los sistemas inmunitarios de la
> población, a la vez que genera en los ecosistemas microbianos,
> desequilibrios y disturbios que propician la generación de patógenos y la
> multiplicación de elementos de descomposición incompleta en el suelo.
>
>
>
> Aceptemos que no puede haber una población sana en un hábitat enfermo, un
> hábitat en que el hombre vive sobre un suelo donde las colonias de bacterias
> con capacidad de humificar, o sea de digerir e incorporar, los restos
> orgánicos, tanto animales como vegetales, están seriamente disminuidas;
> donde
la tierra está contaminada y las lombrices han desaparecido. La
> erisipela y otras infecciones que pudimos comprobar en el entorno humano,
> las neumonías, los problemas oculares, las diarreas intestinales, así como
> los casos de espina bífida de que nos hablaron, y en general las
> malformaciones congénitas en niños que se han convertido en una pesadilla,
> son por ello la consecuencia directa o indirecta de las fumigaciones y por
> lo tanto del modelo industrial de la Soja, no importa cuál haya sido la
> causa desencadenante de la patología visible
. Los procesos de putrefacción
> incompletos del suelo, resultado de los desequilibrios profundos en la
> química y en la vida microbiana del suelo, y consecuencias de la
> contaminación, son generadores de complejos procesos de muerte, y atentan en
> forma persistente contra la vida del ecosistema en todas sus
> manifestaciones.
>
>
>
> Y como si algo faltara para consumar estas batallas cósmicas del GRR en que
> sólo nos falta el arcángel justiciero para ayudar a que acosada por los
> procesos de muerte y de devastación logre sobrevivir la vida, debemos decir
> que en medio de tanto dolor y de tanto capitalismo salvaje y globalizado,
> reencontramos nada menos que a uno de los exponentes más crueles y
> aprovechados del modelo de la Soja: me refiero a nuestro viejo conocido
> Guillermo Grobocopatel. Sí, Grobocopatel, el dueño de la empresa Los Grobo,
> el sojero mayor de la Republiqueta, aquel que organizara en Venezuela junto
> con Cheppi, el Presidente del INTA, la exposición de maquinaria agrícola
> conque pagamos los primeros fuel oil que nos enviara el presidente Chávez,
> el mismo que una vez nos interrumpiera un debate en Carlos Casares
> gritándonos que la Soja es bolivariana, y que resultó ser el dueño de uno de
> los pooles de soja mayores de esa zona del departamento de Concepción del
> Uruguay. Sus flotas de centenares de camiones se llevan en cada cosecha la
> riqueza y los nutrientes del suelo entrerriano, para sus inmensos silos en
> la Provincia de Buenos Aires y luego de marcar las pautas de la agricultura
> industrial que, con escarnio para nuestra inteligencia, él gusta denominar
> como "el poder del conocimiento", deja detrás de sí un escenario inenarrable
> de contaminación, de devastación y de muerte.
>
>
>
> Los sojeros, los pooles y los políticos que los respaldan y les aseguran las
> reglas de juego, han transformado a esos pequeños pueblos antiguamente
> paradisíacos en un infierno difícil de describir. Han condenado a la vez, a
> las poblaciones y en especial a las generaciones futuras a un destino
> pavoroso. No tienen justificación alguna. No tienen perdón tampoco las
> autoridades y los funcionarios en su actual indiferencia, en la impunidad
> que les aseguran a los fumigadores y en la rentabilidad que le aseguran a
> las Corporaciones que producen los tóxicos. No tiene justificación ni perdón
> la progresía en ese entusiasmo por transformarnos en un país productor de
> Biocombustibles, en que todos y cada uno de los actuales problemas, habrá de
> multiplicarse exponencialmente hasta lo impensable.
>
>
>
> Nos dicen que el modelo de la agroenergía transformará los campos agrícolas
> en campos de petróleo, pero ocultan que la opción de alimentar los motores
> europeos y norteamericanos, nos condena irremisiblemente al hambre, a la
> destrucción y a la definitiva contaminación de los ecosistemas. Por este
> camino de crecimiento y de progreso en el que vamos, en no mucho tiempo más,
> deberemos recordar las muchas tragedias argentinas como la antelación en la
> historia contemporánea, de la gran tragedia impuesta por los modelos de la
> neocolonización. Con el extravío de los sentimientos nacionales operado
> desde las usinas de los multimedios; en medio de una mutación civilizatoria
> y ante la catástrofe planetaria que anticipan los cambios climáticos, los
> modelos de la neocolonización son invisibilizados por los mismos
> progresistas y desarrollistas que han hecho de las políticas de los Derechos
> Humanos un discurso evasivo sobre el pasado; un discurso ideológico que
> maquilla el genocidio a que se nos somete: el del horror económico de la
> Globalización.


> Las bebidas diet que consumen muchos, contienen un edulcorante de Monsanto que se
denomina Aspartamo o Aspartame. Este edulcorante artificial es una droga que
interactúa con otras drogas y que tendría efectos sinérgicos y adictivos.
Cuando se rompe la cadena de frío a que se deben mantener las bebidas diet,
el aspartame libera alcohol de metilo que tiene propiedades neurotóxicas.
Decenas de demandas de presuntas víctimas del Aspartame se instalaron en
tribunales norteamericanos arguyendo fraude a los consumidores y acusando al
edulcorante y a las empresas que lo usan, por sus efectos adversos. Que esas
demandas hayan sido archivadas  bajo el peso de los inmensos intereses que
están en juego, no disminuye la importancia de esas luchas por la vida.
 
 
 
Asimismo, y en medio de la desolación del paisaje entrerriano, donde la Soja
impera y donde los aviones fumigadores no dejan de sobrevolar las
poblaciones con sus cargas de tóxicos. En medio de poblaciones donde los
efectos de los tóxicos se hacen evidente en las
malformaciones, los enfermos
de cáncer, el asma o las enfermedades respiratorias generalizadas, hay sin
embargo, vecinos que usan el Roundup para liquidar el pasto que sale de
entre las baldosas de las veredas y además, lo usan hasta para controlar las
malezas de los jardines. Algo peor todavía, hay quienes tanto han
naturalizado estos tóxicos espantosos con los que conviven, que cuando se
lastiman ya no usan alcohol yodado o algún bactericida, sino que convencidos
de las bondades prodigiosas de los agroquímicos, se aplican directamente
sobre la herida alguno de los pesticidas que tienen a mano. En este mismo
programa, no hace mucho el Doctor Barri a cargo del área de Salud de la
ciudad de Córdoba, rememoraba que había una vez llegado a su consultorio un
aero fumigador desesperado cargando en sus brazos el cuerpo exánime y
agonizante de su pequeño hijo al que había usado de banderillero. Aclaro,
los sojeros suelen usar niños que con una banderita atada a una caña,
señalan el fin del predio a fumigar para que el fumigador corte el chorro de
veneno a tiempo y no lo malgaste sobre el campo vecino. Desde ya que la
última pasada pega de lleno en el cuerpo del niño…
 
 
 
En las zonas fumigadas se dan varios procesos intensamente sinérgicos. Por
una parte,
la contaminación y los disruptores hormonales que contienen los
tóxicos que se asperjan sobre las poblaciones, provocan un desplome de los
sistemas inmunitarios de las personas y en especial de los niños. Por la
otra, estos mismos venenos afectan en profundidad la vida del suelo,
deprimen las colonias de bacterias que mantienen el humus, hacen desaparecer
las lombrices y distorsionan los mecanismos naturales de incorporación a la
tierra de los restos vegetales y animales. El suelo y por lo tanto, también
el hábitat enfermo, posibilitan de esa manera, la proliferación de patógenos
y de organismos de vida anaeróbica entre los cuales se encuentran los que
amenazan la salud humana. En tercer lugar, a todas esas situaciones
desfavorables, se suma una alimentación inadecuada donde priman las carnes y
los farináceos cocidos y donde faltan los alimentos crudos, justamente como
consecuencia de las fumigaciones y justamente, también, los más necesarios
para levantar el sistema inmunitario.
 
Pero hay algo más que hemos advertido y es la inexistencia de recursos
culturales para enfrentar estos terribles riesgos a la vida. A las
fumigaciones no solo puede resistirse con una demanda o acaso ejerciendo la
legítima defensa, a la contaminación se la resiste también con forestación y
con cercos perimetrales de árboles, se la resiste con setos de arbustivas
cualesquiera que ellas sean, setos vegetales que conformen muros verdes que
nos protejan. Y a los desequilibrios del suelo, al menos en la pequeña
escala del jardín que rodea una vivienda, se los resiste compostando restos
orgánicos y en especial los deshechos familiares, que permitan recrear y
realimentar como en puntos de sutura, a la microfauna del suelo. Se las
resiste también, dando protección a los pequeños seres del jardín, con
rincones sombreados y húmedos, con troncos muertos donde los polinizadores
puedan buscar refugio, e incorporando además, toda la diversidad posible de
plantas y animales al entorno de la casa, ese pequeño ecosistema que es
nuestro ecosistema...
 
 Jorge Eduardo Rulli
 
www.grr.org.ar