domingo, 25 de febrero de 2018

“Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”

El filósofo surcoreano Byung-Chul Han, un destacado diseccionador de la sociedad del hiperconsumismo, explica en Barcelona sus críticas al “infierno de lo igual”


El filósofo Byung-Chul Han, ayer en Barcelona. MASSIMILIANO MINOCRI / EPV
Las Torres Gemelas, edificios iguales entre sí y que se reflejan mutuamente, un sistema cerrado en sí mismo, imponiendo lo igual y excluyendo lo distinto y que fueron objetivo de un atentado que abrió una brecha en el sistema global de lo igual. O la gente practicando binge watching(atracones de series), visualizando continuamente solo aquello que le gusta: de nuevo, proliferando lo igual, nunca lo distinto o el otro... Son dos de las potentes imágenes que utiliza el filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959), uno de los más reconocidos diseccionadores de los males que aquejan a la sociedad hiperconsumista y neoliberal tras la caída del muro de Berlín. Libros como La sociedad del cansancioPsicopolítica o La expulsión de lo distinto (en España, publicados por Herder) compendian su tupido discurso intelectual, que desarrolla siempre en red: todo lo conecta, como hace con sus manos muy abiertas, de dedos largos que se juntan mientras cimbrea una corta coleta en la cabeza.

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“En la orwelliana 1984 esa sociedad era consciente de que estaba siendo dominada; hoy no tenemos ni esa consciencia de dominación”, alertó ayer en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde el profesor formado y afincado en Alemania disertó sobre la expulsión de la diferencia. Y dio pie a conocer su particular cosmovisión, construida a partir de su tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, así, en “el desierto, o el infierno, de lo igual”.
Autenticidad. Para Han, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.
Autoexplotación. Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.
‘Big data’.“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual... Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas... Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos... ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE UU hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones... Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.
Comunicación. “Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.
Jardín. “Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones... Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está... Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números.
Narcisismo. Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.
Otros. Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo... En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.
Refugiados. Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.
Tiempo.Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

martes, 13 de febrero de 2018

"Guardar silencio y caminar son hoy día dos formas de resistencia política"

"Guardar silencio y caminar son hoy día dos formas de resistencia política"

Pablo Bujalance entrevista a David Le Breton en Diario de Sevilla


Doctor en Sociología de la Universidad París VII y profesor en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Ciencias Humanas Marc Bloch de Estrasburgo, el pensador francés David Le Breton (Le Mans, 1953) encarna como pocos de sus contemporáneos la mejor tradición intelectual de su país. En España ha publicado con éxito libros como El silencio, Elogio del caminar y Desaparecer de sí: una tentación contemporánea, donde apuesta por formas concretas de resistencia ante la deshumanización del presente. Esta semana pronunció una conferencia en La Térmica, el centro de cultura contemporánea de la Diputación de Málaga, antes de la cual concedió esta entrevista.



-Permítame una pregunta un tanto primaria para empezar: usted defiende el silencio como forma de resistencia, pero ¿de dónde nace el ruido?

-Buena parte de nuestra relación con el ruido procede del desarrollo tecnológico, especialmente en su carácter más portátil: siempre llevamos encima dispositivos que nos recuerdan que estamos conectados, que nos avisan cuando hemos recibido un mensaje, que organizan nuestros horarios a base de ruido. Esta circunstancia ha venido a incorporarse a las que ya habían cobrado forma en el siglo XX como hábitos contrarios al silencio, especialmente en las grandes ciudades, gobernadas por el tráfico y numerosas variedades de contaminación acústica. En este contexto, el silencio implica una forma de resistencia, una manera de mantener a salvo una dimensión interior frente a las agresiones externas. El silencio nos permite ser conscientes de la conexión que mantenemos con ese espacio interior, la visibiliza, mientras que el ruido la oculta. Otra manera que tenemos de conectar con nuestro interior es el caminar, que transcurre en el mismo silencio. Quizá el mayor problema es que la comunicación ha eliminado los mecanismos propios de la conversación y se ha hecho altamente utilitarista a base de dispositivos portátiles. Y la presión psicológica que soportamos para hacer acopio de ellos es enorme.

-¿Es más fácil cultivar y fomentar el silencio en Oriente que en Europa y EEUU, por ejemplo?

-Sí, en la tradición japonesa hay una noción muy importante de disciplina interior que ha cristalizado en sistemas de pensamiento como la filosofía zen. Digamos que en Oriente hay mucho camino andado, pero las invasiones contra las que conviene oponer resistencia son ya las mismas.

-¿Qué respondería a quienes sostienen que el silencio es una confesión de la ignorancia?

-El silencio es la expresión más veraz y efectiva de las cosas innombrables. Y la toma de conciencia de que hay determinadas experiencias para las que el lenguaje no sirve, o no alcanza, es un rasgo decisivo del conocimiento. En este sentido, tradiciones como la cristiana, en la que el silencio es muy importante, resultan reveladoras: la sabiduría va a dirigida a comprender lo que no se puede decir, lo que trasciende el lenguaje. En esta misma tradición, el silencio es una vía de acercamiento a Dios, lo que también puede interpretarse como un conocimiento. Podemos utilizar el silencio para conocernos mejor a nosotros mismos, para aislarnos del ruido. Y éste es un valor a reivindicar en el presente.

-En cuanto al desaparecer de sí, pienso en la psicología constructivista y en autores como Jean Piaget. ¿Sería posible formular una psicología de la deconstrucción para la personalidad?

-Sí, es posible llegar a eso a través de una disciplina, un ejercitarse en el silencio. Como te contaba, en Japón esta disciplina es algo muy común. Podemos ir abriendo en nuestra rutina diaria huecos para el silencio, para meditar y encontrarnos con nosotros mismos, y con la disciplina adecuada esos huecos serán cada vez mayores. Mi mayor experiencia en este sentido, la definitiva, fue en el Camino de Santiago: cuando al fin llegué a Compostela, comprendí que me había transformado completamente después de numerosos días en marcha y en absoluto silencio. Fue un renacimiento.

-En Francia tienen ustedes una gran tradición del caminar con Balzac y la figura del flâneur.

-Sí, el caminar en las ciudades, el vagar sin una meta concreta. No sólo Balzac, también Flaubert lo defendía. Y para los situacionistas se convirtió en un asunto fundamental. Caminar es otra forma de tomar conciencia de sí, de reparar en el propio cuerpo, en la respiración, en el silencio interior. Hay quienes en la Edad Media se liaban a caminar en el desierto, pero la práctica del caminar en las ciudades encierra connotaciones relacionadas con el placer. Se trata de disfrutar con lo que percibes, de deleitarte con los atractivos que la ciudad te ofrece a través de los sentidos. Es una actividad hedonista. Jean Baudrillard y los intelectuales de la estela sartreana también lo definieron así, como una práctica contraria al puritanismo.

-¿Es por esa calidad de resistencia por la que a quien camina sin rumbo se le tacha de loco?

-Así es, y por eso el caminar, como el silencio, es una forma de resistencia política. A la hora de salir de casa y moverte te ves de inmediato intervenido por criterios utilitaristas que te aclaran perfectamente a dónde tienes que ir, por qué camino y en qué medio. Caminar porque sí, eliminando de la práctica cualquier tipo de apreciación útil, con una intención decidida de contemplación, implica una resistencia contra ese utilitarismo y de paso también contra el racionalismo, que es su principal benefactor. La marcha te permite advertir lo hermosa que es la Catedral, lo juguetón que es el gato que se esconde ahí, los colores de la puesta de sol, sin más fin, porque ése es todo su fin: la contemplación del mundo. Frente a un utilitarismo que concibe el mundo como un medio para la producción, el caminante asimila el mundo contenido en las ciudades como un fin en sí mismo. Y esto, claro, es contrario a la lógica imperante. De ahí la vinculación con la locura.

-Sin embargo, con su transformación en centros comerciales, y pienso en el mismo corazón de Málaga, ¿no se han convertido las ciudades en los peores enemigos de los caminantes?

-Sí, no le falta razón. De hecho, todas las grandes ciudades, ya sean París o Tokio, se han convertido ya en superficies comerciales. Es muy importante que las ciudades encuentren un equilibrio entre los recursos que garantizan su prosperidad y la calidad de vida de quienes residen en ellas. De otra manera, las ciudades se convierten en entidades deshumanizadoras. El hecho de caminar en sus calles sin interés alguno en comprar ni en gastar dinero, sólo en vagar sin rumbo de aquí para allá, porque sí, también es una forma de hacerlas más humanas, de rebelarse contra las órdenes que convierten todas y cada una de las interacciones humanas en un proceso económico.

-De vuelta al silencio, ¿no ha sido la industria cultural uno de los principales cauces del ruido en el último medio siglo?

-Sí, eso es. Estoy de acuerdo. En mi libro El silencio me ocupaba de este asunto. Porque al final la industria cultural viene a ser una forma del poder político. Una actividad cultural debería ir encaminada a que cada uno se encontrara consigo mismo, se reconociera en su interior, entablara un diálogo íntimo sin salir de sí, ayudándose de los instrumentos que la cultura debiera poner a su alcance. Pero en lugar de eso tenemos una cultura que es cada vez más de masas y menos de personas, en la que es imposible reconocerse. También es importante oponer resistencia a las formas invasivas de la cultura mediante el silencio.




viernes, 2 de junio de 2017

WETIKO, EL VIRUS PSICOESPIRITUAL QUE ESTÁ INFECTANDO A TODA LA HUMANIDAD

ALTERCULTURA

POR: PIJAMASURF - 01/20/2017
LOS NATIVOS AMERICANOS DESIGNAN LA ENFERMEDAD QUE PADECE LA CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL COMO WETIKO, LA MANIFESTACIÓN MALIGNA EGOICA QUE ESTÁ DESTRUYENDO NUESTRO PLANETA


Hay un término que puede ser muy relevante para lo que estamos viviendo como civilización: wetiko. Este término es usado por los indígenas nativos americanos (wetiko para los algonquin, windigo para los ojibwa) para describir la forma de pensamiento que se desarrolla entre personas que practican el canibalismo, como si fuera el virus mental del canibalismo. Se dice que este patógeno engaña a su huésped y lo hace creer que obtener la fuerza vital de los demás (plantas, animales, personas, etc.) es una forma lógica y racional de existir. En otras palabras es el virus del egoísmo, o lo que Paul Levy ha llamado en su libro Dispelling Wetiko “egofrenia”, el egoísmo intrínsecamente como una enfermedad que impide reconocer la realidad de que vivimos en un mundo interdependiente, que toda la vida tiene el mismo valor intrínseco y que en realidad no existimos como egos separados.


En su libro Colombus and Other Cannibals, el historiador de la cultura nativo americana Jack D. Forbes describe la creencia común entre comunidades indígenas de que los conquistadores europeos estaban crónicamente infectados de wetiko. “Trágicamente, la historia del mundo en los últimos 2 mil años es, en gran medida, la historia de la epidemiología de la enfermedad del wetiko”, escribe Forbes. “El canibalismo es el consumo de la vida de otra persona para el beneficio propio”. Puede que actualmente el canibalismo no ocurra de manera literal —aunque se podría argumentar que alimentarnos de animales es una forma de canibalismo— pero ocurre masivamente en la forma en la que se ejecuta nuestro sistema económico. Miles de millones de personas viven entregando su jornada, toda su fuerza vital, persiguiendo una ilusión, una fantasía ajena, y en el proceso entregando su riqueza a unos pocos. Podemos ver un canibalismo en la voluntad de poder de conquistar el mundo y explotar la naturaleza; en el sobreconsumo y en la extracción de todos los recursos con el fin de obtener más ganancias personales (una especie de vampirismo también de la fuerza vital del planeta). Todo esto se hace en nombre de la civilización, un argumento colectivo que es la más crasa hipocresía. Cuando le preguntaron a Gandhi qué pensaba de la civilización occidental, contestó: “Creo que sería una buena idea”. Una buena idea que pese a algunos intentos no ha logrado materializarse.


Al final de cuentas el egoísmo, o la egofrenia, es un canibalismo psíquico. Decimos que es una enfermedad espiritual o psicoespiritual porque centra toda la conciencia en una parte del cerebro e impide reconocer la profundidad de la mente (que no está constreñida sólo a un cuerpo, a la materia), es decir, se niega el aspecto espiritual del ser. “La civilización moderna padece un extremo dominio de los aspectos racionales e intelectuales de la mente, un desequilibrio que parece desconectarnos de la naturaleza, de la empatía y de nosotros mismos”, dice Levy.


Podemos creer que wetiko es sólo una forma, más o menos supersticiosa, de imaginar concretamente nuestro egoísmo. Pero es posible que aunque sea sólo una enfermedad mental pueda también contagiarse y replicarse en otras personas, como sugiere la teoría memética de Richard Dawkins. De cierta manera la información se comporta como un organismo vivo que busca perpetuarse, lo cual logra infectando a través de las ideas y el contenido mental (genes culturales) a otros organismos. Paul Levy sugiere que el wetiko opera como un virus mental que se esparce a través de nuestros puntos ciegos, de la mente subconsciente, y depende de nuestra propia ignorancia de lo que está sucediendo, es decir, de no ver que estamos siendo arrastrados por la importancia personal o la egofrenia.


Levy compara el wetiko con el concepto de la Prisión de Hierro Negro del escritor Philip K. Dick. En sus visiones gnósticas Dick notó que “estamos en un tipo de prisión pero no lo sabemos”. Debemos darnos cuenta de que estamos encerrados en una cárcel y que existe una especie de simulación, generada por nuestra propia mente (infectada por un agente patógeno, “un falsificador del espíritu”), que se superpone a la realidad. “La Prisión de Hierro Negro es una vasta y compleja forma de vida que se protege a sí misma induciendo una alucinación negativa”.


La Prisión de Hierro Negro se replica creando a través de nosotros microextensiones de ella misma, “extendiendo su pensamiento androide (la uniformidad) cada vez más”. A lo que Levy agrega: "el pensamiento androide, esto es, pensamiento grupal robótico mecanicista (sin creatividad programada en su sistema) es una de las cualidades de la mente tomada por wetiko”. La enfermedad opera produciendo un sentido de aislamiento e independencia, de que estamos solos aquí adentro y el mundo allá afuera es salvaje y hostil. “Wetiko nos distrae explotando nuestra tendencia habitual inconsciente a ver la fuente de nuestros problemas como algo externo a nosotros”. Dick había escrito también que creer que existe una realidad objetiva separada de la mente que la observa sería “un terrible error intelectual”. Esto es importante porque esta creencia en un mundo objetivo es la raíz de nuestra separación —lo que sustenta un mundo dividido entre un sujeto y sus objetos— y es también el alimento que mantiene corriendo el programa del ego como una realidad absoluta.


Philip K. Dick escribió: “A veces me parece que el planeta está bajo un hechizo. Estamos dormidos o en un trance”. Dick creía que un demiurgo que había querido reemplazar la creación original divina había producido un mundo falso, una realidad espuria —pero lo había creado a través de nosotros. El demonio se había infiltrado en nuestra propia mente, al punto de hacernos pensar que es nuestra mente. (En este sentido puede ser útil recordar la visión del budismo tántrico de que los demonios son en realidad sólo las aflicciones de nuestra propia mente que se proyectan hacia afuera).


Debido a que a final de cuentas el mundo es divino y perfecto, según Dick, el mismo demiurgo y su simulacro global —la Prisión de Hierro Negro o el mismo wetiko— son agentes de nuestra propia evolución, la enfermedad puede ser el detonador de un estadio de conciencia, de un reconocimiento de lo que es verdaderamente esencial en la vida. Se trata de descubrir que “hay un universo detrás del nuestro, oculto en su interior”. “El mundo no es sólo una falsificación, hay más: es una falsificación, pero debajo de ella yace otro mundo, y es ese otro mundo, ese mundo del Logos, que se filtra y rompe a través”. Dick dice que podemos acceder a ese mundo sin la necesidad de un sacerdote o intermediario. Para hacerlo debemos recordar (anamnesis) que nosotros no somos realmente egos en un cuerpo sino que nuestra naturaleza es la misma que la divinidad que hizo que se manifestara el universo en primer lugar, es decir que somos la totalidad. Es por ello que el camino —y Dick era un ferviente cristiano gnóstico— es liberarse de la importancia personal y no huir del sufrimiento consustancial del mundo, sino hacerlo sacrificio en la trascendencia del conocimiento de esta unidad divina. “Si es que existe la felicidad en el hombre, ésta viene de su renuncia voluntaria a su yo en favor de su participación en el destino de la unidad total”, escribió Dick. “El poder supremo de la compasión es el único poder capaz de resolver este laberinto”. Tenemos aquí una receta para escapar de la Prisión de Hierro Negro (de la Matrix) y al mismo tiempo curarnos de este virus llamado wetiko.


A fin de cuentas la noción de que somos egos o seres individuales separados del mundo es sólo un meme, quizás el meme más exitoso de la historia. Terence McKenna sugería que debíamos contrarrestar los efectos del egoísmo que estaba destruyendo el planeta esparciendo otros memes. En este sentido esparcir el meme de wetiko, es decir, hacer que nos demos cuenta de que padecemos esta enfermedad utilizando mecanismos de replicación de información, podría ser un poderoso remedio para tratar la psicosis colectiva que sufrimos.



lunes, 27 de marzo de 2017

ISLAM Y AL-ANDALUS

EL MITO DE LA INVASIÓN MUSULMANA: CONQUISTA Y RECONQUISTA, CUESTIONADAS. MIENTRAS EN TARIFA SE CONMEMORA LA LLEGADA DE TARIF IBN MALLIK HACE 1.300 AÑOS
Se recogen varios artículos que dudan de que se produjera una invasión y posterior conquista musulmana de la península Ibérica. Puede citarse, entre otros historiadores, a Carmina Fort, Dolors Bramon, Ignacio Olagüe, Emilio González Ferrín, ...
El reconocido hispanista Ian Gibson afirma rotundo, además, que la batalla de Covadonga es un puro mito. Con todo, y como quiera que en Tarifa se evoca estos días la llegada hace 700 años de Tarif ibn Mallik a dicha ciudad andaluza, nos hacemos eco de las actividades desarrolladas en torno alInicio de la invasión árabe , añadiendo, asimismo, el volumen que bajo ese título aporta las Fuentes documentales de la misma.La llegada del Islam a la península Ibérica, escrito que pone fin a esta selección de artículos, a pesar de que no llega a decantarse por ninguna de ambas hipótesis, sí concede más crédito al cuestionamiento de la posibilidad material y física de una invasión en el estricto sentido del término.
Arcos de herradura de la Mezquita de Córdoba [1 ] que, como a numerosos arqueólogos desde el siglo XIX, hicieron caer en la cuenta a Ignacio Olagüe que su abundante presencia, desde la península ibérica hasta el Loira en el estado francés, era muy anterior a la ’invasión’ de los musulmanes.
El mito de la invasión musulmana: Los árabes no conquistaron España en el siglo VIII
Carmina Fort, web islam, 13/04/2000
Algunos historiadores cuestionan la versión oficial según la cual el Islam se implantó violentamente en la península, después de una invasión árabe, en el año 711. Argumentan que el Islam ni se impuso ni era ajeno a los hispanos, que lo abrazaron libre y mayoritariamente. En su opinión, la imposición musulmana no fue tal. Se trató de un “invento” promovido por la Iglesia con objeto de encubrir su derrota ante los cristianos unitarios, seguidores del arrianismo que predicó Prisciliano.
¿Ocurrió la historia tal y como nos la han contado? ¿Es posible que, en el siglo VIII de nuestra era, un ejército musulmán cruzara el estrecho de Gibraltar, derrotara a las tropas visigodas y avanzara victorioso hasta el punto de llegar a someter a casi todo el territorio peninsular? ¿Un puñado de bereberes pudo someter a 20 millones de hispanos durante varios siglos? En contra de esta hipótesis tenemos el hecho de que los documentos de la época no contienen referencias a aquella terrible invasión que, de ser cierta, habría supuesto para los peninsulares todos los males inimaginables. Las primeras noticias no aparecen hasta las crónicas latinas y musulmanas del siglo IX, a seis generaciones (150 años) de los hechos que se relatan, cuando el Islam estaba ya firmemente arraigado en la península.
Algunos investigadores, tras comprobar que los musulmanes atribuían a sus correligionarios victorias imposibles y que los cristianos omitían consignar cualquier aspecto de lo que estaba sucediendo en su suelo, concluyen que el mito ha pervivido, contra toda lógica, porque ha interesado mantenerlo. Entre los musulmanes, porque les proporcionaba una pátina de gloria; entre los cristianos ortodoxos, porque encubría ante su propio pueblo lo que en realidad fue un fracaso social y religioso.
La guerra civil que estalló en la Península Ibérica a principios del siglo VIII , explicada como conflicto político y disfrazada más tarde como invasión de potencia extranjera, tuvo su auténtico origen en unos hechos que se remontan a cuatro siglos antes, al enfrentamiento producido entre dos corrientes cristianas: los unitarios o arrianos, que negaban que el Hijo fuera igual al Padre –según premisa, Jesús no era Dios– y los trinitarios, adheridos al dogma predicado por san Pablo, que mantenían que hay tres personas distintas –Padre, Hijo y Espíritu Santo- en un solo Dios verdadero.
Por tanto, para aproximarnos a la verdad de los que sucedió realmente en el año 711, cuando un contingente de guerreros del norte de África, entre los que predominaban los bereberes, cruza el estrecho de Gibraltar, derrota a las tropas visigodas lideradas por Don Rodrigo y se establecen en la Península Ibérica, tendremos que remontarnos al siglo IV.
En el año 325, el emperador Constantino acababa de convocar un concilio en Nicea para zanjar las disputas teológicas que estaban perjudicando al imperio. Fue una fecha crucial, porqu el dogma de la Trinidad se impuso y se incluyó en la religión oficial, mientras que se reafirmaba la excomunión del obispo alejandrino Arrio, que murió en el 336, el día anterior al fijado por el emperador para obligarle a reconciliarse con la Iglesia. Un siglo después, su mensaje obtuvo un eco imprevisible.
El martirio de Prisciliano
Las ideas que Arrio había predicado en Oriente fueron propagadas por Prisciliano en la Península Ibérica y en el sur de la Galia. Este controvertido personaje nació en el seno de una familia senatorial en el 340 –se cree que en Galicia- y comenzó su predicación hacia el 370. Era un hombre culto, ascético, vegetariano y que no hacía distinción entre los hombres y mujeres en cuestión de nombramientos relacionados con el culto, unos principios que retomarán siglos después los cátaros.
Los libros de Arrio fueron quemados y apenas quedan obras de Prisciliano. De los signos externos y sacramentos del arrianismo sólo se sabe, por referencias de sus enemigos, el empleo de alguna forma de tonsura y que el bautismo se realizaba mediante tres inmersiones, quizá en correspondencia con la trilogía <> o <>. Prisciliano tuvo que soportar durante toda su vida pública el acoso teológico y personal de los obispos trinitarias, temerosos de su creciente influencia entre el clero y la población. El último acto de esta historia tuvo lugar en el año 385 en la ciudad de Tréveris, donde el emperador Máximo le hizo acudir para que se defendiera de la acusación de hechicería lanzada por sus adversarios. Hubo un juicio, viciado por intereses clericales e imperiales, y una condena: a Prisciliano le cortaron la cabeza. Fue el primer hereje que sufrió pena de muerte. Curiosamente, el propio emperador Máximo fue ejecutado tres años después por orden de Teodosio.
Unamuno sugiere que quien está enterrado en Compostela no es el Apóstol Santiago, sino Prisciliano, lo cual daría idea de la extensión e importancia que alcanzaron sus doctrinas. Lo cierto es que su ejecución afianzaría el arrianismo en el país. Por otra parte, hacia el año 460 tomó el poder en la península el monarca godo Eurico, quien se convirtió a la fe arriana y truncó así las ambiciones de los que no habían dudado en matar a Prisciliano con tal de acabar con sus ideas.
La abjuración de Recaredo
En el año 587, el rey godo Recaredo se alió con los trinitarios por conveniencias políticas y, en nombre propio y en el de todo su pueblo, abjuró del arrianismo que habían practicado los anteriores monarcas godos. Se prohibió el culto arriano y se iniciaron brutales persecuciones contra sus seguidores y también contra los judíos, quienes hasta entonces habían practicado su religión libremente. Los arrianos de la península y del sur de Francia se sublevaron y tuvieron que soportar durante el siglo siguiente robos, violaciones, asesinatos y reducción a la esclavitud, perpetrados por elementos de la oligarquía goda y del propio clero.
La tensión se rebajó cuando el rey godo Vitiza subió al trono en el 702 y comenzó a deshacer los entuertos de sus antecesores: declaró una amnistía contra los perseguidos y les restituyó sus bienes; detuvo las medidas hostiles contra los judíos y convocó el XVIII concilio de Toledo, cuyas actas, sospechosamente, se han perdido. El grueso de los historiadores opina que fueron destruidas porque eran contrarias al Cristianismo ortodoxo romano. A la muerte de Vitiza, en torno al año 709, todo cambió. La nobleza y los obispos impidieron que su hijo Achila, que era menos de edad, ocupara el trono, y eligieron en su lugar al que la historia ha conocido como Don Rodrigo, un jefe militar afín a sus intereses. Estalló entonces una guerra civil entre los partidarios de éste, probablemente seguidores del Cristianismo establecido, y quienes apoyaban a los sucesores de Vitiza, más comprometidos con las creencias unitarias o arrianas, que veían en Don Rodrigo a un usurpador del trono visigodo.
Al mando de la Bética estaba Rechesindo, el antiguo tutor del hijo de Vitiza. Rodrigo lo mató en una escaramuza y entró en Sevilla sin oposición. Entonces los partidarios de la estirpe de Vitiza, los debilitados unitarios, pidieron ayuda a su correligionario Taric, gobernador de la provincia visigótica de Tingitana (la actual Tánger), en el norte de Marruecos, que había sido nombrado por Vitiza y con cuyo reinado mantenía estrechas relaciones comerciales. Taric era, probablemente, de raza goda, como apunta la sílaba <>, hijo en lengua germánica. Uno de los jefes militares era Yulián, de origen romano, a quien la leyenda de la invasión convirtió en el traidorconde Don Julián. Taric cruzó el estrecho con guerreros de diversas etnias, integrados en la causa unitaria, entre los que abundaban los bereberes. La presencia de estas tropas no provocó una especial reacción entre la población autóctona, ya que la petición de auxilio a fuerzas extranjeras era una práctica muy corriente en Hispania. Los judíos, que habían sido ferozmente perseguidos por los monarcas godos después de que éstos abandonaran la fe arriana, acogieron favorablemente a los recién llegados.
Los expertos subrayan que sólo un estado puede organizar una invasión militar. Y no existe entonces un imperio arábigo, sino tribus y pequeños caudillos frecuentemente enfrentados entre sí y carentes de gobierno, administración y ejército.
Según el historiados Ignacio Olagüe, <>. Lo que no se podía decir, o lo ignoraba el cronista, era que los godos luchaban contra la masa del pueblo, contraria a la oligarquía dominante.
La Mesa de Salomón
Suponiendo que la batalla de Guadalete no hubiera sido una ficción, el número de fuerzas que intervino tuvo que ser más modesto de lo que se ha contado, y bastante menos la trascendencia militar que se le atribuye. Se dice que Rodrigo murió en la batalla, pero es más probable que fuera expulsado de Andalucía y buscara refugio en Lusitania, donde pudo haber fundado su propio reino, ya que existía en Viseu una sepultura con la inscripción <>, que todavía se conservaba en el siglo XVIII en la iglesia de San Miguel de Fetal, según el abate Antonio Calvalho da Costa en su Corografía portuguesa.
Entre los hechos increíbles que relatan diferentes textos, encontramos en la crónica bereber Ajbar Machmua un relato curioso. El caudillo árabe Muza, envidioso del éxito obtenido por su lugarteniente Taric en la batalla de Guadalete frente a Rodrigo, embarca a su vez hacia la península con 18.000 guerreros y se enfrenta con Taric por la posesión de una mesa que habría sido de Salomón y que estaba entre el tesoro real godo en Toledo. Como ninguno cedía en sus pretensiones, fueron a Damasco para que el Califa Suleyman se pronunciara a favor de uno u otro. Lo que no sabemos es cuál de los dos se hizo con el preciado objeto, pero el caso es que ninguno de ellos volvió a la península, donde dejaron abandonados a sus 25.000 hombres entre una población hispana calculada en unos 20 millones. Lo que sí vuelve a aparecer en otros documentos es la referencia a la mágica mesa, que contendría el secreto del nombre de Dios.
Dos cronistas árabes se refieren a ella. Al-Macin escribe que <>. Su colega, Al-Makkara, le contradice: <>.
Y debe de tener razón, porque de esta mesa dice la Biblia que estaba hecha de madera de acacia y cubierta de oro puro, sin plata ni perlas.
La polémica se remonta al año 70 de nuestra era, cuando el emperador Tito destruyó el templo de Jerusalem y trasladó a Roma sus tesoros. La mesa de Salomón fue depositada primero en el templo de Júpiter capitolio y luego en el palacio de los césares. Los godos, a su vez, saquearon Roma en el 410 y se llevaron las sagradas reliquias judías a Carcasona. En el siglo siguiente, Teodorico el Grande, rey de los godos de Italia y garante de la regencia de Amalarico, salvó a Carcasona del ataque de los francos y decidió guardar el tesoro en la ciudad de Rávena, que ofrecía mayor seguridad. Cuando los godos recuperaron el control de la región, Amalarico, ya rey, reclamó su devolución. Se ignora si fue obedecido.
Este relato que nos hace el historiador Procopio constituye la última noticia que se tiene del tesoro del templo de Jerusalem. No lo encontraron los francos en Narbona, ni los árabes al conquistar Carcasona, ya que un botín de tal valor simbólico se habría reflejado en sus crónicas, que incluyen cuidadosos recuentos de las piezas obtenidas.
En Carcasona se desecó en 1803 un pozo en el que se sospechaba que dormía el tesoro godo. La búsqueda fue infructuosa, pero volvió a intentarse años más tarde, con el mismo resultado.
Pero, regresando de nuevo al siglo IX, veremos que los musulmanes llevaban 140 años en la península, tenían desde hacía un siglo la capital del reino en Córdoba, la más importante y refinada ciudad de Occidente por entonces, con un millón de habitantes, y es evidente que no habían forzado la conversión masiva de indefensos cristianos, ni siquiera hacían proselitismo de su fe ni alardes de su culto. ¿Qué fe seguían entonces los andaluces? Lo más probable es que se tratara del arrianismo tradicional, en discreta evolución hacia el islamismo, que la mayoría de la población acabaría abrazando, igual que adoptó paulatinamente la lengua árabe en sustitución del latín. No hubo imposición, sino lenta seducción. Y no se trataba de una fe extranjera. Asín Palacios y otros arabistas mantienen que el islamismo es una suma de creencias o sincretismo, que tiene en su base lo arriano y lo judaico. Se comprende el respeto de los musulmanes hacia las <>, con las que comparten lo esencial: el sometimiento a un solo Dios con el que pueden comunicarse directamente y desde cualquier lugar.
Incluso los investigadores que respaldan la teoría de la invasión juzgan extraño que un puñado de árabes pudiera influir tan profunda e inmediatamente en 20 millones de hispanos. El historiador Olagüe sintetiza su perplejidad en tono irónico: <>
Se ha querido transmitir la idea de que España era poco menos que un erial artístico e intelectual hasta que la fecundó el Islam. Sin embargo, el historiador Bonilla San Martín apunta que <>. De hecho, los estudiosos mantienen que el arte arábigo fue una prolongación del íbero y del visigótico.
El árabe no empieza a generalizarse por escrito en España hasta la segunda mitad del siglo IX. Es entonces cuando florecen las ciencias, la filosofía y la poesía. La rica lengua árabe es el instrumento; el genio lo aportan aquellos que vivían ya en Al-Andalus y los que llegaron como invitados, tanto del mundo islámico como del cristiano, sin distinción de etnias. No obstante, innovaciones arquitectónicas como el arco de herradura no son una aportación arábiga; éste existía en Oriente y puede verse en varias construcciones de España y Francia anteriores al Islam. Tampoco parece obra suya la mezquita de Córdoba, ni nació mezquita. Este templo, bosque de columnas, es incompatible con el culto musulmán y con el cristiano, ya que ambos exigen espacios diáfanos para seguir al oficiante.
En suma, demasiadas incógnitas a la hora de analizar un periodo que fue trascendental para la posterior evolución de la sociedad española y que la historiografía oficial ha catalogado, de forma excesivamente parcial y simplista, como una invasión y una conquista.
El emir de los ojos azules
Se cuenta que Abd al-Rahmán, primer emir de Al-Andalus, que unificó el país bajo su mandato y fijó su capital en Córdoba, en cuya mezquita se hizo entronizar en el año 755, era el único superviviente de la destacadísima familia Omeya, exterminada por los abasíes. Las crónicas musulmanas lo llaman El Emigrado, extraño apodo cuando todos los árabes de España eran igualmente emigrados. No se sabe cómo llegó aquel joven a la península ni cómo adquirió su elevada condición, que defendió con las armas los 30 últimos años de su vida. Aunque era de puro origen semita, la descripción que de él se hace corresponde a un germano: alto, de piel blanca, pelirrojo y de ojos azules, características físicas que heredarían sus descendientes. Ibn Hazam de Córdoba habla de ello en su obraEl Collar de la paloma , escrita hacia el año 1030: <>.
El padre de Ibn Hazam, visir del califa Omeya Hisam II, destronado por Almanzor, defendió siempre el derecho divino de los Omeyas al trono. Ese y otros aspectos ofrecen un curioso paralelismo con la estirpe de los merovingios, también tenida por sagrada. Los merovingios pertenecían a la tribu de los sicambros, aunque ellos se consideraban descendient4s de Troya. Su último rey, Dagoberto II, fue asesinado en el año 679. El autor directo o instigador fue su mayordomo, Pipino de Heristal, que procuró exterminar a los descendientes de su rey. Pero se dice que, hubo un superviviente, el príncipe Sigisberto IV, nacido en el año 676. El nombre de Dagoberto II fue excluido de la historia de Francia para encubrir otra fechoría: la iglesia había logrado la conversión del poderoso rey merovingio Clodoveo en el año 496 a cambio de un pacto que lo ataba a él y a su estirpe a perpetuidad. El pacto fue vergonzosamente traicionado al reconocer la Iglesia a la dinastía nacida de los crímenes de aquel mayordomo, cuyo descendiente más famoso fue el emperador Carlomagno .
De Sigisbetrto IV nada se sabe. Puede que aún viviera cuando Abd al-Rahman guerreaba en Al-Andalus, que incluía parte del sur de Francia. Diversos historiadores afirman que Abd al-Rahman no descendía de los Omeyas, Esta ascendencia habría sido un invención posterior para legitimar la dinastía en España. ¿De quién descendía entonces El Emigrado y de donde llegó en realidad? La ficción genealógica tiene dos causas que a veces coinciden: ocultar la verdadera identidad o ennoblecerse. En aquella época se alteraban los apellidos o se amañaban escudos. Cualquier engaño valía con tal de parecer hidalgo, hijo de godo. O todo lo contrario, porque en la España islámica la manía genealógica era tomar apellidos que enraizaran con el Profeta o sus familiares, como prueba de pureza étnica y religiosa. Emilio García Gómez sugiere que el poeta Ibn Hazam era un cristiano convertido al Islam. Traductores de Ibn Arabi, considerado por los musulmanes como el maestro de maestros, sospechan que le inventaron a posteriori apellidos nobles para encubrir que no era árabe. Hay quien dice que en vida se llamaba Jalil ha-Arabi: Amigo de los Árabes. En Al-Andalus, con el cambio de cultura y de idioma, la confusión, intencionada o no, resultaba inevitable. Así, podemos encontrar autores hebreos citados en las crónicas latinas con nombres cristianos y nombres cristianos arabizados en las crónicas musulmanas.
La reconquista otro mito
<>. Con esta frase zanjaOrtega y Gassetla cuestión en suEspaña invertebrada. Tampoco duró seis siglos el intento.Menéndez Pidalescribe enRealismo de la epopeya española, que este ideal de la reconquista aún no había cuajado en el siglo XIII en la mente de los caudillos norteños. <>, concluye nuestro erudito historiador.
Mas información
·La revolución islámica en Occidente . Ignacio Olagüe. Publicaciones de la Fundación j. March – Editorial Guadarrama. Madrid 1985.
·El enigma de la Mesa de Salomón . Juan Eslava Galán. Editorial Osuna, Granada 1998.
Fuente: Web Islam

Dolors Bramon, historiadora de la Universidad de Barcelona, señala que la llegada de los musulmanes a España en el siglo VIII no fue una conquista
Andalusíes - 11/11/2007 EFE
La historiadora de la Universidad de Barcelona Dolors Bramon considera que el proceso de islamización del siglo VIII ’nunca fue una conquista ’, puesto que la población autóctona, que era una inmensa mayoría, ’se animó y se unió a aquella cultura entonces superior’.
En una entrevista concedida a Efe , Bramon, que ha participado recientemente en unas jornadas sobre ’El Islam y el hecho nacional en Cataluña’, sostiene que ’cuando llegan los árabes en el siglo VIII la proporción es tan desigual, que sin contar con la colaboración de la población que vivía en el territorio no habría podido triunfar el Islam’.
Para la historiadora, ’no hubo ni conquista, ni después reconquista, sino que vino una gente con una cultura entonces superior y la gente de aquí se animó y se sumó, no sólo desde un punto de vista cultural, sino también religioso ’.
La "gloriosa" caballería árabe invade España
"El Mito Necesario"
"La Revolución Islámica en Occidente " Ignacio Olagüe
Luis Alberto Conget Betore, Webislam, 12/06/2006
La invasión de España por tropas árabes que cruzaron el estrecho de Gibraltar al mando de Taric en el año 711, sometiendo a sangre y fuego a la indefensa población hispánica en tan sólo tres años, es una gran mentira, un gran “mito necesario ” que interesó fomentar tanto a musulmanes como a cristianos trinitarios, muchos años después de esta fecha, para legitimar su posición de poder, en el caso de los primeros y la invasión de los deseados territorios enemigos, en el caso de los segundos. Al menos, eso es lo que intenta demostrar el investigador español Ignacio Olagüe en su obra “La Revolución Islámica en Occidente”. Obra escrita antes de 1966 que tuvo muchos problemas para ser editada y que fue prohibida durante décadas en España.
Para intentar demostrar los hechos, Olagüe utiliza muchos argumentos que van confluyendo, como en un discurrir inevitable, hasta dar luz a la historia y desbaratar, aparentemente, la leyenda. Los argumentos empleados son muy variados y dan una gran sensación de equilibrio histórico a la investigación: el cambio climático, las hambrunas, las diferentes formas de entender el cristianismo en el mundo preislámico, el concepto de idea-fuerza, la religión como factor de poder en manos de los reyes y de los obispos de turno, la falta de conciencia de que el Islam era una religión nueva, sino más bien una variante del cristianismo unitario, la descomposición social del momento, las manifestaciones artísticas, etc.
A mi juicio, y creo que muchos, musulmanes o no, comparten mi opinión, nunca ha sido bien valorado este periodo histórico, no sólo como una parte esencial de nuestra historia, sino como una de las más brillantes. Especialmente desde el punto de vista cultural, que no es poco. Pienso que nunca hubo, ni antes ni después, tantas luces como las habidas en aquella época del Islam hispánico que sacó a nuestro país de la oscuridad y los miedos de la edad media, mientras el resto de Europa permanecía sumergida en ellos durante siglos hasta el renacimiento.
En realidad, cuando Ignacio Olagüe comenzó su investigación, tampoco creía que lo que iba a estudiar era un momento especialmente diferente de lo que se afirmaba, y aún hoy se afirma, en los estudios de la historia más académica. No pensaba en absoluto realizar una investigación tan crítica de aquel fundamental, apasionante y extenso capítulo de la historia de España, si no fuera porque hizo algún pequeño “ descubrimiento ” que le llevó a pensar que si tenía que ser consecuente con lo que había destapado, esto le obligaría, como poco, a replantearse hechos fundamentales que podrían cambiar la visión tradicional de este periodo y especialmente de sus primeros siglos.
En una visita a la Mezquita de Córdoba, Olagüe cae en la cuenta de que ya en el siglo XIX arqueólogos españoles que restauraban iglesias perdidas descubrieron que una iglesia de Baños de Cerrato en Venta de Baños que había sido dedicada a san Juan Bautista y que fue construida por Recesvinto en 661, mucho antes de la pretendida invasión árabe de 711 “... poseía soberbios arcos de herradura. Pronto se los encontró por toda la península, algunos tan bellos como los cordobeses y ... no eran musulmanes. Se los ha hallado hasta en Francia, a orillas del Loira, que de acuerdo con la tradición jamás alcanzaron los árabes. En fin, se averiguaba en nuestros días que habían existido arcos de herradura en fechas anteriores a nuestra evolución desde aquellos tiempos remotos hasta su magna florescencia bajo los califas cordobeses.
Uno de los mitos de la historia occidental se venía abajo. El arco de herradura, cuyas curvas inverosímiles habían permitido las más extraordinarias extravagancias, no había sido traído de Oriente por los árabes invasores ...”
El libro comienza avisándonos de una “sospecha ”, un indicio que inevitablemente genera una pregunta, un “por qué” y este es el que se produce cuando el investigador advierte que existe un silencio documental de doscientos años en lo que hace referencia a la teórica invasión. Cuando este silencio desaparece, no lo hace de la mano de unas crónicas fiables sino de relatos fabulosos bereberes de los siglos X y XI y los árabes posteriores en el lado musulmán; del lado cristiano es en el Siglo IX cuando aparecen relatos “maravillosos”. No es hasta siglo y medio después de la pretendida invasión, en el momento en que los cristianos trinitarios comienzan a tener conciencia de que la general conversión al Islam de los españoles unitarios representa una amenaza para sus intereses, cuando aparecen estas crónicas fabulosas que vienen como anillo al dedo para crear el “mito necesario”. En el otro lado sucede algo parecido, sólo que es a partir de la invasión Almorávide cuando se revisan estos relatos y se calcan de las fábulas épicas de la también supuesta conquista de Egipto por las “gloriosas” tropas árabes, para coincidir en la necesidad de la leyenda. En este caso el objetivo era fundamentar la legitimación del emirato o del califato en el que su más alto dignatario tenía que descender “imperiosamente” del Profeta a través de una línea muy directa, la dinastía Omeya, aprovechando para ello la leyenda que cuenta la llegada a Hispania del único miembro de los Omeyas que se libró del asesinato por parte de la nueva dinastía reinante, los Abbasies.
“Época fecunda para el novelador y el poeta, pero que es una laguna en los anales de la península », escribía Dozy en sus Recherches; pues, «desde el reinado de Vamba hasta el de Alfonso III de León, ni los cristianos del Norte, ni los árabes y mozárabes del Mediodía escribieron nada que conozcamos»” (Saavedra).
“Durante diez siglos , nos dice Louis Bréhier, historiador renombrado del Imperio Bizantino, de Procopio (siglo V) a Phrantzes (siglo XV) con la ayuda de una serie de crónicas, de historias políticas, de biografías, de memorias conservadas en numerosos y excelentes códices, nada ignoramos de la historia de Bizancio. Cada siglo ha producido una crónica y un historiador. Sólo existe un vacío desde el fin del siglo VII hasta el principio del IX, período de las invasiones árabes y de las luchas iconoclastas. Se han perdido las crónicas de esta época, pero nos dan obras posteriores la substancia de los acontecimientos”.
"La batalla de Covadonga es un puro mito", señala Gibson.
Aquellos musulmanes eran tan españoles como los cristianos, llevaban aquí casi mil años.
Andalusíes - 23/12/2006, Redacción Webislam

Ian Gibson
En una entrevista concedida el pasado 17 de diciembre a Rafael Sarralde, del periódico asturiano La Nueva España , el conocido historiador y autor británico Ian Gibson ha señalado que en España continúan existiendo desgraciadamente mitos sobre la esencia de España y que las nuevas investigaciones historiográficas discrepan radicalmente con estos mitos oficiales que se han enseñado en las escuelas y universidades durante mucho tiempo. Entre estos mitos Gibson cita la Batalla de Covadonga: "No hablo de mitos. No es mi tema de investigación. Y Covadonga, como Santiago, es puro mito. Aunque no soy historiador profesional, tengo mis ideas y abogo por la España mestiza, como Américo Castro. La España auténtica es la de la mezcla de culturas, genes y religiones”, señala Gibson.
Con respecto a Al Andalus , Gibson señala que “los españoles tuvieron una civilización única en el mundo y han pasado por encima de ella. Me parece alucinante que teniendo un idioma con 4.000 palabras árabes en su léxico no se enseñen ni los rudimentos más básicos del árabe en la escuela. ¿Por qué? ... Cuando alguien dice que los musulmanes no eran españoles y que había que echarlos de la Península estás oyendo el punto de vista de un dogmático porque aquellos musulmanes eran tan españoles como los cristianos. Llevaban aquí casi mil años”.
Entre las causas de esta negación del pasado, Gibson cita la actitud de algunos sectores ultraconservadores de la Iglesia Católica: “Existe una negación profunda del pasado. Aquí hemos tenido una Iglesia rancia y dogmática. Cañizares y Rouco son muy fachas. Yo aprecio más el talante y el discurso de Ricardo Blázquez. ¿Por qué la Iglesia no puede ser más afable y menos agresiva? ”.
Fuente: Webislam
González Ferrín niega la invasión islámica del año 711 en "Historia general de Al Ándalus"
"Hubo una España de una sola cultura con tres religiones", afirma el arabista
Santiago Belausteguigoitia - Fuente: Webislam, 21/11/2006

Emilio González Ferrín
Emilio González Ferrín niega que hubiera invasión islámica en 711 en su libro Historia general de Al Ándalus , que ha publicado recientemente Almuzara: "No hubo invasión islámica en la península Ibérica. En el año 711 no estaban codificados ni el Corán ni ninguna tradición islámica", afirma González Ferrín, que dirige el Departamento de Filologías Integradas en la Universidad de Sevilla. "A la lengua árabe le faltaban 100 años para ser una lengua internacional. Quien quiera que entrase en la península Ibérica ni era musulmán ni hablaba árabe", resume el autor.
González Ferrín abordó la escritura de este libro de más de 600 páginas porque "era una cuestión de justicia. ¡Hay tanta morralla sobre la interpretación de lo árabe! Desde la especialidad había que hacer una obra divulgativa ", comenta el autor, que ha sido profesor invitado en las universidades de El Cairo, Ammán y Damasco.
"Desde 711 hasta 756 son años de guerra civil. Hubo una cantonalización de la península. El norte va por un lado; Levante, por otro; Portugal, por otro. España sufre una hambruna y una guerra civil generalizada a la que se incorporan tropas del norte de África que no son árabes ni bereberes, sino púnicos, visigodos, vándalos y bizantinos ", relata el autor. "En esta guerra civil, grosso modo, los contendientes son los partidarios de (los reyes visigodos) Witiza y Rodrigo. Los hijos de Witiza mantienen el control en las ciudades", explica González Ferrín.
El libro niega la invasión islámica y niega también la Reconquista. "Ya decía Ortega y Gasset que una Reconquista que dura 800 años es demasiado larga para llamarla Reconquista. La historia no avanza a telonazos. Si no hubo una conquista, ¿dónde queda Al-Ándalus? Al-Ándalus es un primer renacimiento europeo, es un producto genuinamente europeo. En el siglo XIII, Averroes es prohibido en la Sorbona, en París, no en El Cairo, donde no se le leía. Todos los que llamamos judíos andalusíes escribían en árabe ", añade González Ferrín.
"Al-Ándalus se filtra y esa filtración produce elementos esenciales para el Renacimiento español. El erasmismo español es una filtración de Al-Ándalus. El erasmismo aboga por una menor formalidad litúrgica y más contenidos ", comenta.
Complejo
"Hay una lectura contemporánea. Es que tenemos un complejo de ser españoles. La negación de Al-Ándalus es un componente más de nuestro complejo de ser españoles ", señala el arabista. "A partir del año 1000, con el ’Libro del Apocalipsis’ del Beato de Liébana y el descubrimiento de los supuestos restos de Santiago, se empieza a generar una ideologización de la religión. La península se parte en dos con un espejo: hacia Oriente, la peregrinación a La Meca; y hacia Occidente, la peregrinación a Santiago. Se convierte la religión en ideología", dice González Ferrín.
"El libro sigue a Américo Castro en el sentido de que tenemos que habitar nuestra historia. No se entiende Al-Ándalus sin Valencia, Zaragoza y Toledo. Al-Ándalus es un primer renacimiento europeo, pero como está escrito en árabe, los europeos no lo reconocen como tal ", añade.
González Ferrín elogia la fertilidad del debate entre los historiadores Sánchez Albornoz y Américo Castro . " Juan Goytisolo dijo que los españoles somos europeos en más por el hecho de llevar a Al-Ándalus en nuestras venas. La matización que hago a Américo Castro es que no hubo una España de tres culturas, sino que hubo una España de una sola cultura con tres religiones. Y esa cultura andalusí fue la cima de Europa ", dice el autor.
"Al-Ándalus viene del griego ’Atlantis’. Platón situó aquí la Atlántida. Lo mismo que Sefarad viene del ’Jardín de las Hespérides’. Al-Ándalus y Sefarad son los paraísos perdidos de la cultura grecolatina, no de mitos beduinos o árabes. El islam en el Medievo hereda a Roma. No la sustituye, sino que la hereda ", concluye González Ferrín.
Fuente: Webislam
La invasión que nunca existió
proyectopv.org - Fuente: RTV Continente (Chile) - 09/04/2005
Algunos historiadores cuestionan de forma creciente la versión tradicional católica según la cual el Islam se implantó violentamente en la península, después de una invasión árabe, en el año 711. Estos historiadores argumentan que el Islam ni se impuso ni era ajeno a los hispanos, que lo abrazaron libre y mayoritariamente . En realidad, la tesis de la imposición fue una "conspiración" promovida por la Iglesia con objeto de encubrir su derrota ante los cristianos unitarios, seguidores del arrianismo que predicó Prisciliano.
¿Ocurrió la historia tal y como nos la han contado? ¿Es posible que, en el siglo VIII de nuestra era, un ejército musulmán cruzara el estrecho de Gibraltar, derrotara a las tropas visigodas y avanzara victorioso hasta el punto de llegar a someter a casi todo el territorio peninsular? ¿Un puñado de bereberes pudo someter a 20 millones de hispanos durante varios siglos? En contra de esta hipótesis tenemos el hecho de que los documentos de la época no contienen referencias a aquella terrible invasión que, de ser cierta, habría supuesto para los peninsulares todos los males imaginables . Las primeras noticias no aparecen hasta las crónicas latinas y musulmanas del siglo IX, a seis generaciones (ciento cincuenta años) de los hechos que se relatan, cuando el Islam estaba ya firmemente arraigado en la península.
Algunos investigadores, tras que los cristianos omitían consignar cualquier aspecto de lo que estaba sucediendo en su suelo, concluyen que el mito ha pervivido, contra toda lógica, porque a los católicos les ha interesado mantenerlo, porque encubría ante su propio pueblo lo que en realidad fue su fracaso social y religioso .
"Inicio de la invasión árabe de España. Fuentes documentales", Selección de los textos y notas por Wenceslao Segura González, Al Qantir. Monografías y Documentos sobre la Historia de Tarifa, Editora Tarifeña, 142 páginas, nº 10, año 2010
Se celebran actos en conmemoración del desembarco musulmán en España
En la ciudad de Tarifa continúan organizándose los actos en recuerdo del XIII centenario del desembarco de Tarif ibn Mallik
Wenceslao Segura González - Fuente: Envío público WI - 07/08/2010
Una conferencia con el título de "Tarif ibn Mallik: su vida y su obra" ha sido el último acto organizado en Tarifa en conmemoración del desembarco musulmán que tuvo lugar precisamente por esta población del sur de Andalucía.
La conferencia fue pronunciada por el especialista en Historia Medieval Wenceslao Segura , que hizo un detallado repaso a la vida del que comandó la primera incursión musulmana a la Península en el ya lejano mes de julio del año 710.
El conferenciante dio a conocer al numeroso público asistente el nacimento de Tarif en la tribu de los zanata, su posterior adscrición al ejército formado por Tariq ibn Ziyad, el desembarco en la costa tarifeña con cuatro barcos y quinientos soldados y la colaboración que después prestó a Tariq en el transcurso de la conquista de España.
No quedaron aquí las palabras del historiador Wenceslao Segura, sino que aprovechando al máximo las antiguas crónicas árabes, expuso que Tarif permaneció durante algunos años en un asentamiento beréber al oeste de Tarifa y que volvió años más tarde al Magreb, donde ocupó el poder real de la tribu de los zanata.
Terminó la conferencia dando a conocer cómo Tarif se unió a la sublevación que los beréberes protagonizaron contra los árabes en el año 740 y como a resultas de su derrota se dirigió con su ejército al oeste de Marruecos donde creó un reino que fue conocido como de los bereguatas.
El reino fundado por Tarif, quien, como hemos dicho, fue el primer musulmán en desembarcar en España, perduró durante tres siglos, siendo durante todo este tiempo regido por descendientes directos del conquistador de Tarifa, hasta que con el advenimiento de los almohades a mitad del siglo XII despareció el reino de los bereguatas donde se había instaurado una nueva religión mezcla del islam y de judaismo.
Los actos conmemorativos del XIII centenario de la primera incursión árabe a España han sido organizados por el Proyecto Tarifa 2010 .
Otras dos actividades de Tarifa 2010
Espíritu de la conmemoración, presentación del libro "Inicio de la invasión árabe de España. Fuentes documentales", detalles de la conquista musulmana e importancia que tuvo la comarca del Campo de Gibraltar’, palabras de Wenceslao Segura (director del Proyecto Tarifa 2010), Tarifa, 23-09-2010.
"La incursión de Tarif ibn Mallik en 710. Preludio de una invasión", José Beneroso Santos, - conferencia -, Tarifa, 23-09-2010.
Fuente: webislam y Tarifa 2010

imagen Invasión visigoda
La llegada del Islam a la Península Ibérica
María Jesús López, Felipe Samper y Charif Dandachli, web islam, 29/12/2001
El Corán fue revelado a principios del siglo VII. d.C. en las ciudades de Meka y Medina, en el occidente de Arabia central. Debemos subrayar que la revelación coránica se expresó en "lengua árabe", según se repite varias veces en su texto mismo, y se dirigió primero a los árabes, que se consideran siempre en consecuencia como el pueblo elegido. Lo que cuenta a este respecto, sin discutir acerca de la vocación universal que el Islam tuviera o no desde el origen, es que los árabes, a partir de la muerte de Muhammad, se sintieron encargados de transmitir su mensaje a los no-árabes, y que esta misión les dio para siempre un sentimiento de superioridad.
(...)
La expansión del Islam
Antes de comenzar a hablar de las conquistas consideramos importante citar la opinión de algunos autores sobre este tema. Entre ellos podemos diferenciar a los historiadores del s. XIX y de principios del XX, los cuales son partidarios de la historia oficial considerando que hubo una conquista.
Por el contrario los autores contemporáneos no creen que hubo una invasión. Sea lo uno o lo otro, los factores que influyeron en la Islamización y arabización de las zonas "invadidas por las armas " o por "movimientos migratorios", o "expansión religiosa", cambian (los factores), según uno u otro autor aunque no alteran el resultado.
Ignacio Olagüe, autor de "La revolución islámica en Occidente " es contrario a la creencia unánime de que la expansión del Islam se había realizado por medio de invasiones a mano armada. No se puede admitir en nuestros días tan simplista argumentación. Considera que se hicieron a través de movimientos migratorios ocasionados por las duras condiciones climatológicas de la zona, por lo que se vieron obligados a expandirse hacia otras zonas cada vez más lejanas en busca de mejores condiciones de vida.
(...)
Expansión a la Península Ibérica
Para los habitantes de España, la conquista árabe, entre los años 711 y 716, fue fulminante como un rayo. En cambio, para los árabes, la invasión de España representó simplemente una fase más del largo proceso de expansión.
Para comprender las causas de la supuesta "conquista árabe " hay que comprender la rivalidad que existía en la península entre cristianos unitarios y cristianos trinitarios y situarse en el periodo visigodo que precede la llegada de los musulmanes.
(...)
Esplendor de al-Andalus y mito reconquista
mito1
(28 de setiembre de 2010)
Documentos adjuntos
"Historiadora señala que llegada de los musulmanes a España en el siglo VIII no fue una conquista", Web Islam, 11-11-2007 (PDF-
"El Mito Necesario" - "La Revolución Islámica en Occidente" Ignacio Olagüe -, Luis Alberto Conget Betore, Webislam, 12-06-2006 (PDF-207.6 KB)
"La invasión que nunca existió", proyectopv.org, RTV Continente (Chile), 09-04-2005 (PDF-
"La incursión de Tarif ibn Mallik en 710. Preludio de una invasión", José Beneroso Santos, - conferencia -, Tarifa, 23-09-2010 (PDF-85 KB)
"Inicio de la invasión árabe de España. Fuentes documentales", Selección de los textos y notas por Wenceslao Segura González, Al Qantir. Monografías y Documentos sobre la Historia de Tarifa, Editora Tarifeña, 142 páginas, nº 10, año 2010 (PDF-1 MB)
’Espíritu de la conmemoración, presentación del libro "Inicio de la invasión árabe de España. Fuentes documentales", detalles de la conquista musulmana e importancia que tuvo la comarca del Campo de Gibraltar’, palabras de Wenceslao Segura (director del Proyecto Tarifa 2010), Tarifa, 23-09-2010 (PDF-
"Tarif Ibn Mallik", - conferencia -, Wenceslao Segura González, Proyecto Tarifa 2010, 30-07-2010 (PDF-
Tarifa 2010: XIII centenario de la primera incursión árabe a España (Tarifa, julio 710) - Programa de actividades, conferencias, Al Qantir nº 1 a 10 - Tarifa musulmana: Divulgación (La historia de la invasión por Al Maqqari, La pesca del atún en Tarifa en el siglo XI, El nombre de Andalucía proviene de Tarifa) - Prensa - Sobre Wenceslao Segura González (PDF-
"La llegada del Islam a la Península Ibérica", María Jesús López, Felipe Samper y Charif Dandachli, web islam, 29-12-2001 (PDF-126 KB)
"Los posibles orígenes de la Mezquita Mayor de Córdoba", Fernando Sánchez Mármol, 18-06-2002 & "Anales de la Córdoba musulmana" I-VI, Antonio Arjona Castro, 2002-2003, webislam

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