domingo, 28 de diciembre de 2014

La importancia de Jesús en la vida de Ibn Arabi

Umbrales: Nº 4, diciembre 2014


La importancia de Jesús en la vida de Ibn Arabi

por Jaume Flaquer,  jesuita. Doctorado en Estudios Islámicos por el EPHE (Sorbona de París) con una tesis sobre el místico sufí Ibn Arabi. Colabora con Migra Studium.

Jesús, a pesar de ser la figura de referencia del cristianismo, no es patrimonio exclusivo de los cristianos. Si cualquier maestro espiritual es un don para toda la humanidad como revelador de una perspectiva única de Dios, Jesús mantiene unos estrechos lazos con el judaísmo y con el islam; como judío, por un lado, y como profeta del islam, por otro.

El místico andaluz Ibn Arabi (1165-1240 d. C.) se sintió toda la vida bajo la protección amorosa de Jesús sin considerar a este profeta como ajeno a su propia religión. Por el contrario, Jesús es para él un enviado que recibe de Dios la misión de confirmar en la fe en el Dios Único del pueblo de Israel, aportando una nueva legislación para la nueva comunidad. Esta revelación lo constituye «exteriormente» (o exotéricamente) como cristiano. Sin embargo, teniendo en cuenta que el Muhammad Primordial (la haqiqa muhammadiyya) es la fuente de todas las revelaciones según el pensamiento sufí, Jesús es «interiormente» (o esotéricamente) un seguidor de Muhammad. Es por ello que Ibn Arabi rechaza cualquier interpretación que le “cristianice” cuando afirma haber recibido la herencia espiritual de Jesús. Por eso dice: «Hay algunos a los que, en el momento de la muerte, se les aparece el Enviado del que son herederos [...] y dicen "Jesús" o "Mesías", tal como Dios lo ha llamado [en el Corán], que es el caso más frecuente. Los que están presentes oyen a este santo pronunciar este nombre y se equivocan pensando que se ha convertido en cristiano en el momento de la muerte, abandonando el islam» (Fut. II, 296)1.

El sufí crístico ('Isawa, literalmente 'jesuánico') hereda de Jesús lo que de este profeta está recogido en la revelación de Muhammad y, por tanto, sigue siendo plenamente musulmán. Algunos sufíes mueren habiendo heredado de Jesús, otros de Moisés o de algún otro profeta. Una minoría alcanza la plenitud sintética de Muhammad y hereda la sabiduría de todos los profetas, Muhammad incluido. Se sitúan en la posición del Absoluto divino desde la que pueden disfrutar de todas las revelaciones de Dios. Ibn Arabi se considera la plenitud de este último tipo de santos.

La relación de Ibn Arabi con Jesús es comparable a la huella que deja en toda persona el recuerdo del primer gran amor de juventud. El descubrimiento de nuevos caminos hace de esa persona alguien irrepetible, aunque luego pueda haber otros amores. Ibn Arabi parece expresar estos sentimientos cuando afirma que Jesús fue su primer maestro, a pesar de haber recibido después la sabiduría de los otros profetas:

Cuando (los profetas) están presentes
y mis hermanos (sufíes) están de pie para servirlos,
yo siento nostalgia por el Mesías
porque me convertí entre sus manos
y me ayudó a matar al (falso) mesías. 
(Fut. III, 49)

La imagen que describe el poema es la de un encuentro de todos los profetas, donde cada uno es servido por el sufí heredero de su sabiduría. La relación profeta-discípulo no es sólo la de maestro-servidor. El primero «vive» también en constante preocupación por el discípulo. Las palabras de afecto de Ibn Arabi son cautivadoras: «Jesús fue mi primer maestro, aquel con quien retorné a Dios; Él tiene para mí un inmenso cuidado y no me olvida en ningún momento. Espero ver el tiempo de su (segundo) descenso, si Dios quiere» (Fut. III, 341).

 

"Según el sufí, Jesús es «exteriormente» cristiano e «interiormente» un seguidor de Muhammad"

Ibn Arabi vivió la mitad de su vida en al Ándalus pero, tras recibir unas profundas «Revelaciones en la Meca», acabó instalándose en Damasco, donde pasó sus últimos años de vida. No es una mera hipótesis pensar que Ibn Arabi escoge Damasco como lugar de residencia definitivo porque quiere esperar el descenso de Jesús precisamente allí donde la tradición musulmana le ha situado: el minarete blanco de la Gran Mezquita Omeya.

La relación personal entre Ibn Arabi y Jesús es tan cercana que en una visión mística oye que Muhammad dice a Jesús señalando a Ibn Arabi: «Este es tu semejante, tu hijo y tu amigo» (Fut. I, 3). Es semejante porque los dos comparten, según la propia confesión del maestro sufí, la función de cerrar el ciclo de la santidad: Ibn Arabi es el último de los santos sintetizadores de toda la sabiduría de Muhammad y Jesús, el último de los santos antes el fin del mundo. Es hijo en el sentido de engendramiento espiritual, y es amigo por la relación personal entre los dos.

Ibn Arabi va aún más lejos en su confesión: «Él ha orado por mí para que yo persista en la Religión, en este mundo y en el otro, y me ha llamado "estimado" [Habib]. Me ha ordenado practicar la ascesis y el desprendimiento» (Fut. II, 49). La relación no es, pues, simplemente definida como amistad sino como una verdadera relación amorosa de identificación. Una parte de la maestría de Jesús sobre Ibn Arabi consiste en vivir una vida de desprendimiento y desapego respecto a las cosas de este mundo. Este místico no fue propiamente un asceta ni vivió en la pobreza material, pero sí vivió una desposesión tal, que se sintió siempre un instrumento en las manos de Dios, como el cuerpo muerto en manos de quien lo lava y lo prepara para la sepultura. El ser humano necesita esencialmente a Dios, necesita que el Creador esté constantemente sosteniéndolo en la existencia para que no se disuelva en la nada. Esto, que Ibn Arabi desarrolla filosóficamente a través de la teoría de la recreación y aniquilamiento de toda la creación en cada instante, lo vive como la experiencia vital de necesidad radical de Dios.

Después de tener a Jesús como maestro espiritual viviente y no sólo como figura modélica del pasado, Ibn Arabi establece relaciones personales como discípulo de cada uno de los otros profetas, según su confesión. Finalmente recibió el don de la totalidad muhammadiana, pero sin atribuirse nunca el grado de la profecía. Muchos juristas lo han situado fuera de la comunión de la umma debido a estas afirmaciones. No pocos, sin embargo, han defendido su ortodoxia. Lo que está fuera de duda es que él se sintió en el corazón de la comunidad islámica, que no sintió demasiada estima por los cristianos históricos de su tiempo, que todas las referencias de su inmensa obra las toma de la tradición islámica, y que el Corán es su Libro de inspiración fundamental.


1 Traducción propia de la edición árabe del Futuh al-Makiyya (ed. Bulaq, 1329 h. / 1911 d. C.). Es la obra más importante del autor andaluz.


Publicado en Dialogal número 38 (verano 2011).

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sábado, 20 de diciembre de 2014

RAMÒN CARRILLO

UN DÍA COMO HOY DE 1956 MUERE RAMÒN CARRILLO EN BELÉN DO PARANÁ (BRASIL). 

 


Prestigioso médico neurólogo comprometido desde sus orígenes con el peronismo, primer ministro de Salud Pública de la Nación, creó un revolucionario y eficiente sistema de salud pública lamentablemente destruido por los gobiernos posteriores y que jamás pudo reconstruirse. Fue autor de una valiosa y perdurable obra titulada Teoría del hospital
Había nacido en Santiago del Estero.

CARTA DE CARRILLO A SU AMIGO SEGUNDO PONZIO GODOY DONDE RELATA SUS PENURIAS EN EL EXILIO POCOS DÍAS ANTES DE MORIR

“Mi querido Ponzio:
Yo no sé cuánto tiempo más voy a vivir, posiblemente poco, salvo un milagro. También puedo quedar inutilizado y sólo vivir algo más. Ahora estoy con todas mis facultades mentales claras y lúcidas y quiero nombrarte el albacea de mi
buen nombre y honor. Quiero que no dudes de mi honradez, pues puedes poner las manos en el fuego por mí. He vivido galgueando y si examinas mi declaración de bienes y mi presentación a la Comisión Investigadora, encontrarás la clave de muchas cosas. Vos mismo intuiste con certeza lo que pasaba en mí y me ofreciste unos pesos. Por pudor siempre oculté mis angustias económicas, pero nunca recurrí a ningún procedimiento ilícito, que estaba a mi alcance y no lo hice por congénita configuración moral y mental.
Eran cosas que mi espíritu no podía superar. Ahora vivo en la mayor pobreza, mayor de la que nadie puede imaginar, y sobrevivo gracias a la caridad de un
amigo. Por orgullo no puedo exhibir mi miseria a nadie, ni a mi familia, pero sí a un hermano como vos, que quizás (conociéndome) puedas comprenderme.
No tengo la certeza de que algún día alcance a defenderme solo, pero en todo caso si yo desaparezco, queda mi obra y queda la verdad sobre mi gigantesco esfuerzo donde dejé mi vida.
Esta obra debe ser reconocida y yo no puedo pasar a la historia como un malversador y ladrón de nafta. Mis ex colaboradores conocen la verdad y la severidad con que manejé las cosas dentro de un tremendo mundo de angustias e infamias.
Ellos pueden ayudarte.
Mi capacidad de trabajo está muy reducida; vivo como médico rural en una aldea. Ahora de nuevo me quedé sin puesto, pues la Compañía donde actuaba levantó campamento.
A mí, poco a poco, se me han cerrado las puertas y no pasa un día que no reciba un golpe. Poco a poco mi organismo ha comenzado a desintegrarse definitivamente. He aceptado todo con la resignación que me es característica. No tengo odios y he juzgado y tratado a los hombres siempre por su lado bueno, buscando el rincón que en cada uno de nosotros alberga el soplo divino.
El tiempo y solo el implacable tiempo, dirá si tuve razón o no al escribirte esta carta, ya que en el horizonte de mis afectos, no veo a nadie más capaz que vos de tomar esta tarea cuando llegue el momento, que llegará, cuando las pasiones encuentren su justo nivel.
Belém do Pará, 6 de septiembre de 1956.
Ramón”

 

sábado, 22 de noviembre de 2014

MÉDICOS EN EL ISLAM.

viernes, 21 de noviembre de 2014

MÉDICOS EN EL ISLAM.

CURIOSIDADES:

 

 

MINIATURA DE UN CODICE DEL SIGLO XIV

 

En el año 958, Sancho I de León fue depuesto por nobles rebeldes, que esgrimieron como excusa para su actuación el hecho de que el monarca no podíacumplir con dignidad las funciones regias debido a su extrema gordura. Su abuela, la reina Toda de Navarra, buscó ayuda en la corte califal de Córdoba: pidió a Abderramán III cura para la obesidad mórbida de su nieto y apoyo militar para que pudiera recuperar el trono. En la capital andalusí, el médico Hasday ibn Shaprut, judío jiennense, sometió a un estricto régimen al monarca leonés y logró rebajar su peso. De este modo el soberano pudo cabalgar como era debido, y el auxilio de tropas cordobesas le permitió recuperar la corona perdida.

 

 

La anécdota ilustra el amplio y justificado reconocimiento de que gozaban los médicos de países islámicos en la Edad Media. Ibn Shaprut no era el único facultativo que sobresalía en la corte de Abderramán; en ella destacaba, por ejemplo, la sabiduría del cirujano Abul-Qasim al-Zahrawi, a quien los cristianos conocieron como Abulcasis. La excelente formación de todos estos personajes y la amplitud de los conocimientos que tenían a su disposición, y que compartían con sabios del norte de África o de los confines de Irán, se explica por la construcción de una vasta comunidad científica merced al empleo de un mismo idioma, el árabe, en los inmensos territorios unidos por la fulgurante expansión del Islam.

 

 

Antes de que el mensaje de Mahoma se extendiera más allá de la península Arábiga, los árabes ya contaban con una primera cultura médica, llamada «islámica o profética» por ser su protagonista Mahoma, el Profeta. Arcaica y piadosa, abunda en exhortaciones genéricas. Dice, por ejemplo: «Haced uso de tratamientos médicos, pues Dios no ha creado enfermedad ninguna sin disponer un remedio para ella, con la excepción de una sola enfermedad, la vejez». Muchos de sus recursos, como el uso de la miel, del aceite de oliva o de la succión con ventosas (hijama), forman parte de prácticas curativas o profilácticas –preventivas– que se remontan a la Arabia antigua y poseen rasgos babilónicos, de modo que sus raíces se extienden hasta el III milenio a.C. Todavía hoy se recurre a ellas en muchos países islámicos.

 

 

En un campo paralelo se sitúa la «interpretación de los sueños» (tabir al-anam), a los que el mismo Profeta concedía gran importancia. Ya en el siglo VIII, Ibn Sirin compuso la primera gran obra árabe en esta materia, que tenía como fuente principal la Onirocrítica del autor griego Artemidoro de Éfeso, escrita ocho siglos antes. Sin duda, la extremada atención de los árabes por la vida psicológica nace ahí. Por otra parte, el socorro a la sanación espiritual es más común de lo que se piensa. Son muchas las medicinas paracientíficas y astrológicas: en los tratados de medicina aflora a veces todo un mundo de rituales, repleto de sellos y talismanes. El Islam no lo rechaza en bloque, y la magia «blanca» es lícita dentro de ciertas normas.

 

 

Pero los límites de la medicina árabe se ampliaron infinitamente después de que, en el año 622, Mahoma proclamara su mensaje a las tribus árabes. Los califas, sus sucesores, extendieron sus dominios desde la India hasta el sur de Francia en apenas dos siglos. Las élites del Islam pronto comprendieron la importancia de adoptar los rasgos más brillantes de la cultura grecorromana, preservada en Egipto y el Oriente Próximo, y quisieron para sí todos los saberes y tecnologías que llamaban «ciencias de los antiguos», entre las que se contaba la medicina.

 

Con la expansión del Islam cayeron bajo dominio musulmán las ciudades donde se cultivaba la ciencia griega que había irradiado desde el foco de Alejandría: Edesa y Nisibis, en la Siria bizantina, y Gundishapur, en la Persia sasánida. A esta última ciudad se habían dirigido los médicos griegos después de que, en el año 529, el emperador Justiniano cerrase la academia de Atenas. Y también se instalaron allí médicos cristianos de credo nestoriano, a quien los bizantinos habían expulsado de Edesa porque su fe era contraria a la ortodoxia religiosa.  

 

 

La ciencia griega preservada en esos territorios se convirtió en la base para el desarrollo de la medicina árabe, gracias a la labor de médicos políglotas que, entre los siglos IX y X, ejercieron como maestros y traductores. Entre ellos figuran Yuhanna ibn Masawaih, conocido en Occidente como Ioannis Mesuae, nacido en  el seno de una cultivada familia de Gundishapur, y su discípulo Hunayn ibn Ishaq, llamado Iohannitius en latín, responsable de unas cincuenta traducciones de gran calidad. Ambos eran cristianos nestorianos, comunidad de habla siríaca cuya lengua era muy parecida al árabe, lo que facilitaba la traducción de textos griegos. Esta labor gozó de un amplio mecenazgo, que tuvo su máximo exponente en la fundación de la famosa Casa de la Ciencia o Bayt al-Hikma en Bagdad por el califa al-Mamún; el soberano puso a Ibn Ishaq al frente de los traductores. Con la traducción de obras en griego, persa y sánscrito, la medicina árabe se convirtió en la más informada y diversa del planeta en los albores del siglo X.  Sabios paganos, cristianos, judíos, hindúes y muchos otros adoptaron el árabe como lengua científica. Es decir, médicos de distintas creencias trabajaron juntos, discutiendo y estudiando en árabe, como hoy se hace en inglés. Por esta razón hablamos aquí de «medicina árabe»: no nos referimos a una etnia «árabe», sino a una comunidad intelectual que compartió el idioma del Corán, convertido en lengua común de ciencia y cultura.

 

 

Este fenómeno también fructificó en al-Andalus, la España musulmana, durante el siglo X. Allí fue traducido un clásico, la Materia médica de Dioscórides, para el califa Abderramán III, en cuya corte figuró, como ya hemos dicho, Abulcasis, cirujano eminente cuyo Libro de la disposición (que bebía de la obra de un médico bizantino, Pablo de Egina) gozó de extraordinario prestigio. Córdoba, la capital de al-Andalus, rivalizaba con los nuevos centros de enseñanza islámicos del Mediterráneo: Cairuán, en Túnez; Fez, en Marruecos, y El Cairo, en Egipto. Conocemos más de un centenar de obras médicas árabes anteriores al año Mil; la transmisión del pasado era una realidad, y una ciencia propia empezaba a ver la luz.

 

 

Gracias al prestigio del saber y a cierta libertad intelectual, durante el período de esplendor del califato abbasí de Bagdad –entre los siglos X y XI– la compilación de grandes obras sistemáticas fue el distintivo de sabios de talla universal, que ejercían la medicina junto a la filosofía, las ciencias y las tareas políticas.  

 

 

De entre todos ellos brillaron tres. Uno es al-Razi (Rhazes para los latinos), iraní polifacético y experto farmacólogo, que vivió en la corte, dirigió el gran hospital de Bagdad y escribió casi doscientas obras. El segundo es al-Majusi, cuya compilación, el Libro total sobre el arte de la medicina, es una obra maestra por su equilibrio entre teoría y práctica. Sin embargo, este texto quedó oscurecido por la obra del tercer gran nombre de la época: Ibn Sina, al que conocemos como Avicena.

Este extraordinario filósofo ya era médico a los dieciocho años. En aquel entonces, la curación de un emir llevaba a dirigir un ministerio, como fue su caso. Escribió extensamente sobre todas las ciencias, y su Canon (o «norma») de medicina es una de las obras más célebres de la medicina de todos los tiempos. Su éxito se debe a su fuerza teórica y su esfuerzo de racionalización; para Avicena, sistemático y claro, la lógica es la base del diagnóstico.

 

 

En Occidente, la ciencia árabe brilló en la obra de dos famosos filósofos y médicos cordobeses del siglo XII: Averroes, ibn Rushd, cuya Kulliyat o Totalidad se convirtió en el Colliget de los latinos; y el judío Maimónides, Musa ibn Maimón, que llegó a ser médico personal del campeón musulmán de las cruzadas: Saladino, sultán de Egipto. Su caso no es único: la medicina judía brilló al implicarse con la dominación islámica; de hecho, el árabe fue la lengua de cultura judía durante toda la Edad Media.

 

a base teórica de la medicina árabe no difiere esencialmente de la griega y romana. En su base se encuentra la medicina humoral, atribuida a Hipócrates –que vivió en el siglo IV a.C.–, la cual divide en cuatro los fluidos humanos básicos: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra; la salud y la enfermedad dependen del equilibrio entre ellos. Así, quienes sufren exceso de bilis negra son personas tristes, diciéndose que tienen «humor negro», pues eso es lo que significa «melancólico» en griego. De igual modo, los temperamentos «sanguíneos», «flemáticos» y «coléricos» padecen algún desequilibrio de los otros humores. La salud se obtiene restableciendo el balance entre ellos con dietas y purgas; de ahí la importancia que en la medicina árabe tienen la higiene y la dieta.

 

 

Pese al predominio de esta medicina «teórica» se desarrollaron terapias y observaciones anatómicas nuevas. En especial, destaca la oftalmología. La utilización de una jeringuilla hueca para succionar las «cataratas» constituye una notable innovación debida a Ammar ibn Alí , en el siglo X, quien desarrolló, además, un método para diagnosticar las cataratas operables basado en la reacción de la pupila ante la luz. Con todo, el mayor especialista en cirugía fue el andalusí Abulcasis, que empleó un instrumental variadísimo: tenazas, pinzas, trépanos, bisturíes, sondas, cauterios, lancetas o espéculos, cuyos dibujos ilustran su Libro de la disposición. Durante el siglo XVI, los cirujanos de Occidente seguían estudiando esta auténtica enciclopedia del saber médico, que otorga tanta importancia a las técnicas para combatir el dolor (con frío o con esponjas soporíferas) como a las suturas y los vendajes.

Mención aparte merecen los cirujanos prácticos o médicos empíricos, expertos en el tratamiento de inflamaciones y tumores, así como en la extracción de flechas y curación de heridas, fracturas y luxaciones. Por su parte, la farmacología y la toxicología evolucionaron con la alquimia, a la cual debemos los alambiques, el amoníaco y el alcohol, entre otras aportaciones.

 

Un trazo distintivo de la cultura islámica fue la construcción de centros de estudio, las madrasas, y de hospitales públicos, los bimaristanes, mantenidos por medio de donaciones, aunque no deben ser vistos como una novedad respecto del mundo cristiano o budista. Cada gran ciudad rivalizó para albergar ambas instituciones, entre las cuales hubo un tránsito constante de profesores y libros. Los hospitales permitían a los más pobres beneficiarse del saber de médicos tan notables como al-Razi, director del hospital de Bagdad. El bimaristán más conocido es el que el sultán al-Qalaun edificó en El Cairo, en 1285:  podía atender a ocho mil enfermos en cuatro pabellones destinados a diferentes patologías y dispuestos alrededor de un patio climatizado con fuentes. Algunos de estos establecimientos siguen funcionando, como el bimaristán fundado por Nur al-Din en Damasco, en 1154. También había hospitales que acogían a enfermos mentales, algo desconocido en Occidente. En el siglo XII, el viajero judío Benjamín de Tudela describió el de Bagdad: «En él detienen a todos los dementes que se encuentran en la ciudad durante el verano, que han perdido la razón por el calor excesivo, sujetando a cado uno de ellos con cadenas de hierro; todo el tiempo que permanecen allí son alimentados por la casa real y cuando recobran la razón los despiden y cada cual vuelve a su casa y a su hogar. [...] Cada mes los interrogan los oficiales del rey para observar si algunos han recobrado la razón».

 

 

Aunque la medicina árabe brilla por sí sola, en el Occidente cristiano sólo se supo de unos cuarenta textos sobre un millar de escritos médicos censados. Los últimos autores conocidos fueron los andalusíes Ibn Zuhr (Avenzoar), que mejoró la traqueotomía y descubrió la causa de la sarna y la pericarditis, y Averroes. Pero del gran botanista Ibn al-Baytar y del epidemiólogo Ibn al-Jatib (que dejó testimonio de la peste negra) ya nada se supo, aunque también eran andalusíes y vivían en la frontera misma de la Cristiandad. De ahí que sea exagerado pensar, como se había creído, que la medicina islámica se estancó después del siglo XIII;  aún desconocemos muchísimos escritos tardíos.

 

 

 

FUENTE- Víctor Pallejà de Bustinza. Instituto de Estudios Medievales.

 

sábado, 25 de octubre de 2014

EL 56% DE LOS ARGENTINOS TIENE ANTEPASADO INDÍGENA

EL 56% DE LOS ARGENTINOS TIENE ANTEPASADO INDÍGENA

 

 

  Posted on 06/10/2014  ciseiargentina

La noticia es antigua, pero es interesante recordarlo:

LO REVELA EL MAPA GENETICO DE ARGENTINA, UN ESTUDIO DE EXPERTOS DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES (UBA).

Lo determinaron mediante análisis genéticos. El resto de la población es de origen mayoritariamente europeo. Entre las personas que poseen huellas aborígenes en su ADN, sólo el 10% es indígena puro.

Sin saberlo y tallado en el ADN, los argentinos portan un mensaje de sus antepasados. Y en el 56% de los casos el que lo legó dejó escrito simplemente un solo dato: su origen amerindio. De la población actual, el 44% desciende sobre todo de ancestros europeos, pero el resto —la mayoría— tiene un linaje parcial o totalmente indígena. Así lo determinó un estudio realizado por el Servicio de Huellas Digitales Genéticas de la Universidad de Buenos Aires, a partir del análisis de casos en 11 provincias. “Lo que queda al descubierto es que no somos tan europeos como creemos ser”, dice Daniel Corach, director del Servicio, profesor en la cátedra de Genética y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA e investigador del Conicet. En una segunda etapa —junto a Andrea Sala, investigadora del Conicet, y Miguel Marino, becario de esa institución— analizaron comunidades aborígenes puras.

A partir de 1992, y tomando muestras de ADN al azar de un total de 12 mil personas, los científicos pudieron ir tirando del hilo de la madeja de los genes para reconstruir la historia de la población que vive en nuestro país. Querían saber cuánto había aportado la población originaria en la formación de la actual Argentina. Ahora, con el estudio terminado, parece que fue mucho.

El análisis implicó leer los códigos inscriptos en el ADN mitocondrial, que aportan todas las madres, y en el Cromosoma Y, que sólo tienen los hombres y que les legan los padres. Y, que al no combinarse durante la unión para crear un nuevo ser, permanecen inalterables en las distintas generaciones.

Infografía del estudio

Los investigadores argentinos, a cargo del estudio, sabían dónde buscar en ese rompecabezas de códigos genéticos. El método aplicado no es nuevo. Se usa desde mediados de los años 90 y se reduce a una célula. En realidad a su núcleo y a las mitocondrias, dos sitios donde se encuentran moléculas de ADN. Porque, finalmente, todo se centra en esa sigla que designa a una molécula compuesta por dos cadenas de unidades químicas (Adenina, Timina, Guanina y Citocina). De dónde ellas se ubiquen depende el mensaje. Habría que pensarlo como un abecedario de cuatro letras que forman palabras. El mensaje da cuenta del organismo.

En esa larga hilera de combinaciones que forman al Cromosoma Y, hay un marcador conocido con siglas y números: DYS199. En ese lugar, en el caso de los amerindios, aparece una característica típica —y científicamente comprobada— que portan todos los miembros de esa comunidad y que se verificó en gran parte de los hombres argentinos. Pero esa característica genética, explican los científicos, no necesariamente se manifiesta con algún rasgo físico visible. “De ahí que se haya podido sostener tanto tiempo la creencia de que la mayoría de la población argentina es de origen europeo”, dice Corach.

Después el equipo buscó en un área determinada de las mitocondrias, también en una región que se mantiene inalterable y que se identifica como HVR I. El resultado fue el esperado: la mayoría de la muestra tenía ascendente materno no amerindio. Es decir, había mayoritariamente madres europeas (53,3%).

La combinación de ambos datos dio que hubo cruzamiento y que en el 56% de los casos había un legado indígena en algún lugar del ADN. De este segmento de la población, sólo el 10% era amerindio puro, sin ningún componente europeo.

La sorpresa para Corach se explica así: “Se cree que las dos grandes matanzas de población aborigen terminaron con 30.000 personas. Se supone que había más población. Seguramente lo que sucedió es que ellos tuvieron descendencia que está presente todavía. Creo que se sobreestima el componente europeo”.

El científico sostiene que “la muestra del estudio es representativa porque incluye a la población urbana pero no sólo de la Capital Federal”, explica. “Si analizamos a la población de Barrio Norte nos dará un alto porcentaje de origen europeo”.

El método partió de un avance científico: desde hace unos años se sabe que parte de la historia queda registrada en el material genético que acarrean los humanos. Y tal novedad permite reconstruir el famoso “de dónde venimos” de la humanidad.

En un comienzo sólo pudo hacerse con el material aportado por las mujeres, que está en las mitocondrias. De ahí la polémica revelación de que las madres de todos los hombres era la “Eva mitocondrial”, una mujer africana. A mitad de los años noventa, se pudo analizar el componente masculino, inscripto en el Cromosoma Y.

Ahora, Corach y compañía quieren averiguar cómo se movió esta población. Mientras tanto el mito fundacional está cuestionado. ¿Habrá que borrar esa parte de las guías de viaje y enciclopedias que dicen que más del 85% de la población argentina es de origen europeo.

Silvina Heguy

Fuente: http://cronicasinmal.blogspot.com.ar/2011/05/el-56-de-los-argentinos-tiene.html?spref=fb

 

domingo, 5 de octubre de 2014

Federico Verdet: «Los moriscos que fueron expulsados eran los descendientes de la población autóctona»

Federico Verdet: «Los moriscos que fueron expulsados eran los descendientes de la población autóctona»

El historiador Federico Verdet. tc.c

m. a. pallás
Chiva
Coincidiendo con la Feria del Libro de Chiva, acaba de ver la luz el último trabajo del historiador, profesor y colaborador de
 tucomarca.com, Federico Verdet. Los mudéjares y moriscos en La Hoya de Buñol-Chiva es el título del último premio Otoño Villa de Chiva 2009 de ensayo, cuyos secretos el propio autor nos desvela en esta entrevista.
— ¿Por qué eligió esta temática para concurrir a los premios Otoño de Chiva?
— Bueno, justo en 2009 se cumplía el cuarto centenario de la expulsión de los moriscos, y es un motivo lo suficientemente importante como para elegirlo. A
veces el tema no es algo que dependa de la voluntad, sino también de la documentación. Yo me encontraba haciendo un libro sobre la historia de Macastre y los mudéjares y los moriscos era un capítulo, por lo que encontré una documentación muy importante sobre los moriscos en el siglo XVI y eso me animó a hacer este tema. Aunque abandoné otros que estaban más avanzados, como el de la escuela laica y la escuela racionalista.
— ¿Quienes son los mudéjares y los moriscos de los que usted habla en su libro?
— Los moriscos eran los pobladores de esta zona. Lo que está claro es que a partir del siglo VIII, cuando se produce la invasión musulmana de la Hispania visigoda, la población autóctona, en su mayor parte, se islamizó. Y por lo tanto los moriscos que fueron expulsados de la península en 1609 eran los descendientes de la población autóctona.
— ¿Se puede decir que eran los verdaderos pobladores de estas tierras? ¿Los de toda la vida?
— Sí, sí no hay una ruptura a nivel etnográfico, sino que la mayoría de los pobladores eran lo que se llamó muladíes, es decir, la población autóctona convertida al Islam.
— Una población autóctona que centurias antes fue romanizada y, posteriormente, se mezcló con los visigodos, ¿no?
— Exactamente, el origen de la población hispano-romana por un lado está formada por legionarios que se casan con mujeres hispanas; y posteriormente ocurre lo mismo: hay una fusión entre la población de origen hispano-romano y la población de origen visigótico. Después vuelve a ocurrir: hay una fusión entre la población de origen visigótico y la población llegada de otras partes como de Marruecos, Arabia, Siria o Irak.
— Un historiador de la talla de Federico Verdet, ¿qué opinión tiene de lo que ha quedado en el inconsciente colectivo: que aquellas personas eran algo ajeno a nosotros?
— Bueno, en la sociedad española sí que hay conciencia de que la Inquisición fue algo negativo; que fue una muestra de la intolerancia y del fanatismo religioso. Pero no existe esa misma conciencia respecto al problema de los moriscos. Los moriscos no llegaron nunca; estaban aquí. Simplemente se expulsó a la población autóctona. Pero es que en el peor de los casos, aún asumiendo la interpretación mítica del origen de los reinos hispánicos, de aquí en doscientos años a nosotros nos podrían expulsar los musulmanes porque nosotros conquistamos un territorio que fue un día musulmán: Al Andalus.
— ¿En qué capítulos se divide su libro?
— En el libro hay dos partes claramente definidas: una es la época mudéjar y otra la época morisca. La ruptura se produce a partir de 1520 cuando obligatoriamente se bautiza a la población mudéjar, por lo tanto está estructurado cronológicamente.
— ¿Qué aspectos se abordan?
— Se tocan aspectos muy variados, desde el poblamiento musulmán con las alquerías que había en esta zona y cómo se estructuraban en torno a castillos, también se habla de las relaciones de esta zona con el sultanato granadino o con el norte de África. Además se analiza la economía de los musulmanes, de los mudéjares y la población; al igual que la relación entre las aljamas mudéjares y los señores feudales. Y por último se analizan las costumbres o las prácticas religiosas. Es una etapa especialmente atractiva. Además, en el libro yo recojo la tesis de que en el periodo mudéjar se produce una convivencia, a pesar de la marginación de los mudéjares. Ya que la ruptura sólo se produce a partir de 1520, cuando  se niega el derecho a su religión a los musulmanes y son obligados a convertirse al cristianismo. A
partir de ahí la convivencia se rompe; persiste la lengua y la religión y al final esto es lo que hace imposible la convivencia.
— ¿Se puede reducir la expulsión a una mera cuestión económica, para quedarse con los bienes de los expulsados?
— Yo creo que no. La justificación última es la presunta connivencia entre los moriscos y el imperio turco y otros enemigos de la monarquía hispánica como Francia. Esto es lo que justifica su expulsión, aunque yo creo que la razón fundamental fue la intolerancia religiosa. Ya que a nivel económico el patriarca era consciente del desastre económico que suponía la expulsión; algo que no fue un negocio para nadie, porque los señores tuvieron que aceptar condiciones más favorables para los repobladores que vinieron a ocupar el lugar de los moriscos.
— ¿Se pueden generalizar las claves de esta comarca al resto?
— Bueno esta comarca tiene una peculiaridad, y es que con la excepción de Siete Aguas, que tenía una población cristiana, o de Cheste donde la población cristiana roza el cincuenta por ciento; o la población de Chiva donde hay una minoría de un diez por ciento; la inmensa mayoría de la población en la comarca es musulmana. Es el caso de Buñol, Yátova, Macastre, Alborache o Godelleta.
— ¿Las diferencias eran sólo religiosas?
— Sí, porque étnicamente no hay ninguna diferencia. De hecho hay una pequeña contradicción, ya que en los intentos de asimilar a la población musulmana se les obliga a que vistan a la manera cristiana. Pero llega un momento en que es imposible distinguir un morisco de un cristiano a simple vista, por lo que se empieza a plantear la posibilidad de que lleven distintivos. La raza es la misma. Quizás a nivel de lengua sí que había diferencia, porque la población musulmana mantiene el árabe como lengua. Eso no quiere decir que algunos no dominaran el castellano o el valenciano.
— ¿Cómo cree que vivieron sus convecinos la expulsión de los moriscos en la comarca?
— Bueno, en algunos lugares de España los moriscos estaban más integrados que aquí, por lo que no había motivo de fricción con sus vecinos. De modo que en otras zonas cuando los expulsaron sus convecinos lo lamentaron e hicieron lo posible por ayudarles. Aquí las comunidades estaban más separadas, aunque ocurrió como ahora, siempre hay gente que enciende la antorcha del fanatismo. Pero no habían verdaderos motivos para que existiese una animadversión contra ellos por parte de sus vecinos.
— ¿Hay alguna parte del libro que le gustaría resaltar?
— Sí, el último capítulo: Los moriscos y la Inquisición creo que es la parte más lograda. Primero porque la aportación documental inédita es la más importante, y segundo porque el propio tema es muy llamativo: la relación de los moriscos con la Inquisición.
— Su ensayo ha sido premiado en los Otoño del año pasado, publicado este ejercicio. Entre las bases está la limitación a cien páginas de su trabajo, ¿un gran ejercicio de síntesis, no?
— Realmente son pocas páginas para un libro de ensayo, pero debo decir que yo estoy muy agradecido a Chiva. Aunque son varios los pueblos de la comarca que me han publicado libros, el que más lo ha hecho ha sido Chiva, y la verdad es que afectivamente cada vez me siento más unido a Chiva, aunque yo sea nacido en Macastre; pero lo son mis hijas, lo es mi mujer y yo no puedo expresar con palabras el agradecimiento que siento hacia el pueblo de Chiva.
— Usted nació en Macastre;  se educó en Buñol, donde también fue profesor; vive en Chiva y trabaja en Cheste. ¿Es usted el historiador más intermunicipal de nuestra comarca?
— Sí, bueno me siento muy ligado a todos estos pueblos.
— ¿En qué trabaja ahora?
— Sobre las escuelas laicas y racionalistas, en recuperar la labor desarrollada por estos maestros librepensadores y masones que estuvieron trabajando y cambiando la mentalidad de esta comarca, para mí es una exigencia ética, después de la tabla rasa que hizo el franquismo.
— ¿Compensa tanto trabajo?
— Sí es un gran disfrute intelectual.

(Fuente: http://tucomarca.wordpress.com/2010/05/06/federico-verdet-%C2%ABlos-moriscos-que-fueron-expulsados-eran-los-descendientes-de-la-poblacion-autoctona%C2%BB/)

domingo, 31 de agosto de 2014

¿Quién recluta, quién paga, quién adiestra y quién arma a los yihadistas del EIIL?

¿Quién recluta, quién paga, quién adiestra y quién arma a los yihadistas del EIIL?

Publicado: 31 ago 2014 | 18:42 GMT

Nagham Salman

experta en Oriente Próximo

 

TODO SOBRE ESTE BLOG

Si Al Qaeda fue una gran obra de ingeniería de los servicios secretos estadounidenses  y saudíes hace más de treinta años,  el EIIL no es más que la última fase de esta nebulosa mutante, que se disgrega y se vuelve a concentrar en el espacio y el tiempo en función de las circunstancias geopolíticas del momento y de los designios de los servicios de inteligencia que mueven sus hilos. 

Analizando la historia reciente, las que fueron bautizadas como 'primaveras árabes' han resultado ser una nueva injerencia que requería una previa desestabilización de todo Oriente Medio y del norte de África. El 4 de febrero de 2011 se organizó en El Cairo una reunión para iniciar la 'primavera árabe' en Libia y Siria. John McCain habría presidido la reunión, tras la cual se produjo la entrada masiva de yihadistas Internacionales en Libia desde Túnez y Egipto durante los bombardeos franceses, que provocaron la caída de Gaddafi en pocas semanas, y  un caos absoluto que todavía perdura. 

 



El conflicto sirio se inicia en las mismas fechas, cuando se produce la llamada masiva a la Guerra Santa contra el régimen infiel de Bashar al Assad. Esta llamada será coordinada por los servicios secretos saudíes y cataríes, y miles de radicales provenientes de todo el Mundo Musulmán y Europa, pagados con petrodólares saudíes y cataríes, acudirían al sur de Turquía y al norte de Jordania en pocas semanas, donde fueron adiestrados por los servicios secretos de varios países, en una operación en que el Mossad israelí podría haber tenido un rol preponderante junto a la CIA y el M16, antes de ser pertrechados de armamento y logística europeos y ser introducidos en territorio sirio con la misión de luchar contra el ejército regular sirio y asesinar masivamente a civiles alauitas cristianos y sunnitas moderados. 


La mano que mece la cuna


En mayo de 2013 el senador John McCain entró en el norte de Siria desde Turquía, a la zona controlada por una mezcla de radicales y el denominado 'Ejército Libre Sirio', y se reunió en Idleb con líderes de la llamada 'oposición armada'. 

 
 

Mccain con los rebeldes sirios


 

¿Quién es realmente Abu Bakr el Baghdadi?

En la foto del encuentro aparecen el general Salem Idriss, jefe del Ejército Sirio Libre en aquella época, pero también está presente Ibrahim al-Badri, que algunas fuentes acreditadas, como Voltaire e Infowars, han identificado como un sionista llamado Elliot Shimon y entrenado por el Mossad israelí. 

Este siniestro personaje, bajo el nombre de guerra de Abu Bakr Al-Bagdadi, acababa de crear el Estado Islámico en Irak y el Levante (EIIL), siendo todavía miembro del estado mayor del 'moderado' Ejército Sirio Libre. Bajo ese nombre reclamó la autoría del ataque contra las cárceles de Taj y Abu Graib, en Irak, que hizo posible la fuga de entre 500 y 1000 yihadistas que se unieron a su organización, y que estuvo coordinado con otras sospechosas operaciones casi simultaneas en otros 8 países diferentes. Los yihadistas liberados en cada una de ellas también se unieron a organizaciones armadas que operaban en Siria. Aquello resultaba tan extraño que la Interpol emitió una nota solicitando la cooperación de sus 190 países miembros. 

 




Tras el fracaso de la estrategia en Siria, donde el Ejército Sirio Libre, el Frente al-Nusra, y el EIIL no han conseguido derrocar al régimen de Damasco, se ha optado por reforzar a la última con la creación de un auténtico Estado Islámico que controla parte de Siria e Irak , que agitando la bandera de Al-Qaeda dicen querer imponer el islam en todo el mundo y anuncian la expulsión de la región de todos los infieles. Y lo llevan a la práctica cometiendo todo tipo de Crímenes contra la Humanidad, como violaciones, torturas, decapitaciones y crucifixiones.


Nuevo genocidio en Gaza y milicias del EIIL en los Altos del Golán


La matanza de palestinos en Gaza durante las últimas semanas ha coincidido con la llegada de milicias del EIIL a los Altos del Golán, controlados por Israel, pero no para defender a los 'terroristas palestinos', como la lógica haría suponer, sino para atacar a los sirios desde el sur, habiendo ya asesinado a cientos de drusos.
 
El representante sirio ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), Bashar al-Yafari, aseguró a través de una entrevista que Israel y el Estado Islámico de Irak y del Levante son aliados, y que el régimen de Israel permite el libre flujo de armas y de miembros del EIIL a través de los territorios ocupados Altos de Golán, para su posterior entrada en Siria. 

El diplomático sirio aseguró que el EIIL tiene una alianza no declarada con el régimen de Tel Aviv y actúa conforme a un acuerdo secreto, según el cual los israelíes ayudan al EIIL a infiltrarse desde Jordania, donde tienen sus campos de entrenamiento, en la línea de separación en los Altos de Golán. 


Un desenlace imprevisible


Si la geopolítica de Oriente Medio siempre estuvo cargada de contradicciones, y la explosión de las 'primaveras árabes' la sumió en una situación de caos, ahora ha sido llevada a un extremo casi esquizofrénico con la creación del Estado Islámico. 

Se prevé un otoño caliente en toda la región y, como siempre, la población civil será la víctima de este macabro juego de tronos. 

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Texto completo en: http://actualidad.rt.com/expertos/nagham_salman/view/138854-reclutar-pagar-adiestrar-yihadistas

miércoles, 13 de agosto de 2014

"El Islam estaba en América desde el siglo XI por lo menos"

Los Antepasados

(Lindas leyendas para conocer)

martes, 12 de mayo de 2009

"El Islam estaba en América desde el siglo XI por lo menos" - Isabel Álvarez de Toledo



Luisa Isabel Álvarez de Toledo“El Islam estaba en América desde el siglo XI por lo menos”, señala la Duquesa de Medina Sidonia en la presentación de su libro “África versus América” que tuvo lugar en el Club Internacional de Prensa de Madrid el pasado 28 de noviembre. La introducción se llevó a cabo por el presidente de honor del club, Tito Drago, quien denunció la manera en que hasta el momento se ha tratado el mito colombino. Para la Duquesa, "lo de Colón no fue mas que la continuidad de un movimiento que se inició con Alfonso X el Sabio para conseguir el control de las minas de oro americanas, en competencia con Portugal y las demás naciones, y sobre todo con los musulmanes, que se encontraban bajo la autoridad del Sherife de Marruecos y que ya estaban allí con anterioridad a la llegada de Colón”. Luisa Isabel Alvárez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia, investiga allí donde la historia oficialmente aceptada hace aguas. Su libro África versus América, la fuerza del paradigma es el resultado de varios años de trabajo exhaustivo: localización de manuscritos, interpretación de textos y análisis comparativo de datos que la propia historia oficial no suele tener en cuenta, cuando no los oculta.

Nieta de Don Antonio Maura, polemista incansable y disidente liberal, Luisa Isabel ha vivido inmersa, durante más de treinta años, en el campo de la investigación histórica. Su discurso, sólido y sugerente, nos va ayudando a descubrir, poco a poco, que la alteración de los textos históricos por razones políticas y religiosas ha sido práctica común y que la historia que aprendimos tiene más de esas extrapolaciones que de narración cierta. Nos vamos dando cuenta, a medida que nos internamos en el texto, que aquella Historia de España que aprendimos en la escuela y en la universidad fue más fruto del consenso y de los intereses de una clase étnico-confesional que de la voluntad de conocer un pasado que pudiésemos reconocer como más o menos nuestro.

África versus América, la fuerza del paradigma es, ante todo, un libro de historia, negada por los intereses de unos estados que se formaron a expensas de la realidad social, política y religiosa de los pueblos de la Península Ibérica. A la luz de este libro, vemos como el mantenimiento de una falsedad histórica ha servido a los intereses de un poder que se fundamentó en “la depredación de las culturas que encontraba a su paso”.

La existencia de reinos en la otra orilla atlántica en los lugares de “allen mar”, como aparecen nombrados en la documentación analizada provoca un giro copernicano en la visión tradicional de las relaciones entre Europa y América propiciada por los historiadores afectos a los sucesivos imperios y consensos.

P: ¿Cuál fue la razón por la que decidió escribir este libro?

La idea de escribir el libro partió de una duda, como sucede con la mayoría de los trabajos de investigación. Pude comprobar que en 1463 Enrique IV hablaba de que se habían descubierto ciertas tierras y pesquerías desde el Cabo de Aguer en Agadir hasta el Cabo de Bojador, ambos situados al sur de Marruecos. Sin embargo, no es posible que aquellos territorios, que eran conocidos desde antiguo, pudieran ser los descubiertos. Esto se complicó al enumerar las riquezas que estas “nuevas tierras” contenían: “quintos de moros”, arriendo de pastos y “lo que en los dichos ríos y pesquerías se pescare”. Hace cinco mil años que por aquellos parajes no corre nada más que unos modestos arroyos invernales.

Así pues, esas tierras tenían que estar por fuerza en otra parte, así que empecé a consultar documentos y me encontré con que el río era navegado por barcos de cien toneladas, con lo cual era aún más imposible que esas tierras se encontraran en el territorio africano que hoy situamos entre el Cabo de Aguer y el de Bojador. Después me encuentro la referencia a Mazagán, lugar que se sitúa a doce leguas de la desembocadura. Y me voy al Atlas de todos los días y me encuentro a Mazagán a doce leguas de la desembocadura del Amazonas. Y me digo. Aquí está el río Aguer. Luego voy encontrando más cosas y así continúe con la investigación. Es obvio que se produjo una confusión entre los continentes africano y americano.

En su libro Vd. cita y reproduce gran cantidad de documentos procedentes de archivos oficiales y privados. Me gustaría que citara uno o dos documentos que hayan sido especialmente reveladores en este trabajo.

Puedo citar especialmente la carta y sobrecarta de Enrique IV, al que he hecho referencia antes y aquéllos que le siguen (Vienen reproducidos en la página 417 y siguientes del libro). También desearía mencionar los documentos del Archivo de Simancas, que están firmados por Isabel La Católica y que están fechados el 30 de abril de 1492, la misma fecha en la que se supone que fueron firmadas las Capitulaciones de Santa Fe. (Uno de ellos está reproducido en el libro en la página 466 y siguientes).

P: ¿Y qué conclusiones pueden desprenderse de toda esta documentación?

La conclusión se va viendo a través de la investigación que está reflejada en el libro. Citaré una anécdota simple. El múrice es una concha de la que se extrae la materia prima de la púrpura. El múrice puede encontrarse en Provenza y varias regiones del Mediterráneo, pero no el que produce precisamente el color púrpura. Los múrices que dan el púrpura están en el Caribe, en el Pacífico y en el Golfo de Panamá. Sin embargo, el múrice que da el púrpura aparece en un documento de aquella época. Luego está el caucho, planta que como es sabido es de origen americano. El caucho aparece en otro documento de 1491. Hay más ejemplos de esto.

Yo no afirmo ni niego nada. Llego a unas conclusiones evidentemente. En las ciencias experimentales, y sin duda, la historia lo es, cuando se encuentra una evidencia respaldada con pruebas se puede criticar o no, pero si es, es. La historia maneja unas pruebas propias como son los documentos, y éstos permiten llegar a conclusiones ciertas.

P: ¿Y respecto a la presencia musulmana en América?

El Islam estaba en América desde el siglo XI, por lo menos. En el documento que se encuentra en Simancas, fechado con anterioridad al “descubrimiento”, la Reina Católica manda crear una armada para ir a partes de África y Guinea a traerle oro, esclavos y manegueta, o sea pimienta. El pimiento, nadie ha discutido, y Fernández de Oviedo, gobernador de Castilla de Oro a principios del siglo XVI, confirma, haciendo incluso un dibujo de la planta, que es una planta americana. Fernández de Oviedo dice también que los nativos llamaban al cacique queví, en árabe quiere decir “grande” y rezaban en “mezquitas”. Los cronistas de Tierra Firme usan el término xeque en lugar de “cacique”. Por otro lado, en las reales instrucciones del 14 de febrero de 1502 el propio Colón se hace eco de la petición para llevar a una o dos personas que supieran árabe, en el que iba a ser su cuarto viaje.

También está documentado que Juan Castellanos, en Venezuela, peleó contra, citamos textualmente, “seguidores de la secta de Mahoma”. A ello hay que añadir que Carlos V prohibió en una provisión de 1540 que se hicieran cautivos a los musulmanes naturales, que hubieran dado vasallaje a las coronas de Castilla o Portugal, reservando la esclavitud a los que hiciesen proselitismo, desobedeciesen o fueran vasallos del Sherife (de Marruecos).

En Colombia existe una población, Cartago, que no ha perdido su nombre. Cartago era, como es sabido, una ciudad situada en el actual Túnez que fue islamizada en el siglo VII. Además, en su entorno aparecen topónimos que difícilmente pudo imaginar un castellano descubridor en el siglo XVI: Antioquía, Palmira, Armenia y Susa. Hay muchas otras pruebas que demuestran la existencia de una presencia de los musulmanes en América antes de Colón. No cabe duda de que el Islam estaba allí. El propio rey de Portugal admite en su conquista el poder del Sherife de Marruecos en América.

P: ¿Por qué se ha negado esta realidad? ¿Por la negativa a reconocer la influencia islámica?

Probablemente, y además por la negativa a aceptar que en la Edad Media los españoles no estaban tan vinculados al catolicismo como se quiere hacer creer. Si cogemos los documentos de la Edad Media vemos que esto no era así. Había muchos conversos forzosos, que eran en realidad musulmanes o judíos ocultos. En 1465, Enrique IV, que acababa de tener una pequeña guerra, dicta una sentencia que supuso por primera vez una modificación del fuero ordenando que musulmanes y judíos fueran recluidos en guettos, llevasen señales en sus ropas, abandonasen sus oficios, y que se hiciese inquisición contra los conversos que no viviesen como cristianos. El resultado fue que las Cortes usaron por última vez el derecho de autoconvocarse. Se reunieron en Ávila y en julio destronan a Enrique y ponen en su lugar a su hermano, Alfonso XII, rey que por cierto ha sido borrado de la Historia.

P: ¿Qué dificultades ha tenido para llevar a cabo esta investigación?

En un primer momento ninguna. Trabajé en los archivos de Simancas, en el
de Indias y en de Toledo. Tuve que esperar bastante por algunas partidas, pero al final llegaron. Otros tres o cuatro documentos del Archivo de Simancas no mellegaron, pero no importa. Me pude arreglar sin ellos. Pude comprobar que algunos documentos que se daban por perdidos están catalogados. Otros documentos, que eran iguales, tenían el mismo número, concretamente uno que hacía referencia a Colón. Curiosamente, en él hay una anotación “Ojo, cuidado” escrita en él. Pude también conseguir algunos documentos a través de otros investigadores. En este momento si pido algún documento a Simancas u otro archivo nacional no me lo facilitan, e incluso me ponen pegas para la entrada. He recibido después algunas amenazas, pero eso no me ha impedido seguir adelante.

Luego vinieron las dificultades para la publicación. Si la editorial de la Junta Islámica no me hubiese publicado el libro, éste probablemente no hubiera visto la luz. Posteriormente, ha habido intentos de tergiversar lo que digo en este libro, rumores que ponen en mi boca cosas que no he dicho, notas de prensa difamatorias. A ellos les preguntaría por qué no continúan esta investigación y si quieren refutarme, que encuentren documentos que prueben lo contrario. Así podríamos contribuir al esclarecimiento de la verdad y al levantamiento de ese edificio de la ciencia histórica.

P: ¿Resulta raro que un libro de estas características no despertara el interés de las editoriales?

La censura en las editoriales españolas es brutal. Yo he tenido que retirar un libro de Martínez Roca, después de haberse anunciado ya una fecha para su publicación, porque me habían cortado medio libro.

P: Y en lo que respecta a su propio archivo, uno de los mejores de España, ¿ha tenido problemas?

En lo que se refiere a mi archivo, me lo han querido quitar, me lo han querido estropear ; el Estado quiere comprármelo para meterlo en Toledo, donde como es sabido sólo se pueden pedir los documentos que están catalogados a través de fotocopia, lo cual impide encontrar los documentos que se quieran ocultar.

P: ¿Cómo es posible que toda esta documentación que existe en los archivos españoles, y que se salvó de la destrucción, no haya sido difundida públicamente o servido para elaborar otras investigaciones en todo este tiempo? ¿Cree Vd. que existe interés en mantener una serie de mitos históricos tales como el Descubrimiento o la Reconquista con fines políticos?

Bueno, esta documentación ha sido revisada por alguien como muestra la anotación “Ojo cuidado” en un documento, que he reproducido íntegro en el libro. Podía haber reproducido el otro documento idéntico pero quise que la gente supiera este hecho. En realidad no he descubierto nada. Todo estaba allí. Simplemente he tirado de la manta. Sin embargo, queda mucho por investigar. Yo no he utilizado más que aproximadamente un 50% de la documentación que me ha llegado, pero existe más en Inglaterra, en Portugal, en los países nórdicos, en Italia. Hay todavía mucho que hacer para poner la historia en su sitio. Así entenderemos mucho mejor nuestro pasado y, por extensión, nuestro presente, que buena falta nos hace. La historia de España oficial que se ha enseñado durante siglos es una pura falacia. Está hoy documentado que los Reyes Católicos corrigieron las crónicas que existían sobre los reyes anteriores y a uno de los que se “cargan” es a Navarrete. Felipe II hizo lo propio. Y creo que esto ha llegado hasta hoy. Precisamente ahora acaban de publicar un libro, del que sí ha hablado toda la prensa, rehabilitando a Alfonso VI de la sospecha del asesinato de su hermano Sancho, cuando lo más normal en aquella época era que los hermanos se matasen entre sí para evitar el tener que repartirse el reino unos contros. Ese intento de “rehabilitar” a Alfonso VI es una cosa de locos, pero habría que preguntarles a ellos por qué les ha entrado esa locura.

Carlos V hizo lo mismo también en 1536 con los mapas. Había una razón para eso. En aquél momento estaba teniendo lugar la Reforma Protestante y se había perdido una gran parte del miedo que existía hacia la Iglesia Católica. Entonces al no respetar los estados los compromisos patrocinados por la Iglesia, que había dividido los dominios de América entre las coronas española y portuguesa, el único argumento que les queda a éstas para quedarse con el oro americano es la fuerza moral que les otorgaba el descubrimiento, y por eso era preciso borrar cualquier huella que existiera anteriormente que contradijera esa versión.

P: Resulta de todos modos escandaloso que esta política de ocultamiento de la verdad histórica oficial continúe existiendo todavía hoy. Por ejemplo, en EEUU son desclasificados incluso documentos que afectan a la historia muy reciente.

EEUU el país de Washington, Jefferson etc, ha sido otra cosa. No se puede comparar. Le pondré un ejemplo. A mí, como presidenta del archivo de Medina Sidonia, se me trajo un escrito para que lo firmase. En ese escrito se decía que me comprometía a no exhibir ningún documento que fuese contra la reputación, buen nombre o fama de las personas. Se me pusieron los ojos como bolas y pregunté. “¿Esto se referirá a los 50 años pasados, verdad?. Sobre esto en el archivo de Medina Sidonia no hay nada”. Se me respondió: “No, se refiere a cualquier cosa que atente contra el buen nombre de España, de los reyes y tal”. Yo contesté: “¿Incluyendo a Mauregato?”. Éste era alguien que había matado a todos sus hermanos como era la costumbre en esa época. Me negué a firmar. Y ésta es una de las causas de los problemas que ha tenido la Fundación de Medina Sidonia.

P:¿Quién le presentó ese documento?

La Junta de Andalucía, más concretamente la encargada de Archivos y Bibliotecas. Me he quedado con una copia del documento que me presentó para firmar. Ese documento está firmado en todos los archivos nacionales por todos los directores.

Fuente. Webislam 24.01.01


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"África versus América" - Luisa Álvarez de Toledo (Libro)

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