domingo, 4 de noviembre de 2018

Los bombardeos químicos con los que España quiso civilizar el Rif

Los bombardeos químicos con los que España quiso civilizar el Rif


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Bombardero de Havilland listo para entrar en acción (1921)
España bombardeo el Rif con armas químicas desde 1921 hasta 1927. Se trata de un armamento que estaba prohibido en el tratado de Versalles y por el Protocolo de Ginebra  firmado tras la primera Guerra Mundial. Este hecho nunca ha sido reconocido oficialmente y España siempre ha contado con el silencio y la complicidad de Marruecos, que entre 1956 y 1959 utilizó Napalm contra la población rifeña.
La guerra del Rif fue de una gran crueldad y supuso la ante sala de lo que serían más tarde las guerras en el mundo, basadas en la destrucción total del enemigo.
Diversas asociaciones y agrupaciones rifeñas exigen todavía a España reconocer la autoría de estos ataques y la reparación del daño causado por los elevados casos de cáncer que siguen azotando la zona del Rif en comparación con el resto de Marruecos. Tanto para los familiares de las víctimas, como el resto de la población se trata de una deuda histórica y moral. Recuperar la historia del Rif que ha quedado en el olvido.
La venganza de Alfonso XIII
Con la expulsión de los españoles del Rif el 15 de julio del 1921 tras la batalla de Annual, que costó la vida a cerca de 13.000 soldados (españoles e indígenas) los rifeños proclamaron la Yemauría Rifia (República del Rif). Hecho que supuso la expulsión de una potencia europea a manos de una guerrilla “tribal”. Alfonso XIII con sed de venganza y de resarcirse de la cruel y humillante victoria ante los cabileños ordenó el bombardeo con armas químicas. Los aviones españoles gasearon los poblados con fosgeno, cloropicrina, difosgeno e hiperita (gas mostaza). España se convertía así en una de las primeras potencias en utilizar armas químicas contra población civil.
Alfonso XIII con sed de venganza y de resarcirse de la humillante victoria ante los cabileños ordenó el bombardeo en 1925 con armas químicas.
La guerra del Rif se encuadra entre los años 1921 y 1927, sin embargo en un conflicto bélico que se remonta años atrás. En 1906 la Conferencia de Algeciras supuso un reparto de Marruecos establecido por Francia e Inglaterra, a España no le quedó más que aceptar los designios de estas dos potencias ya que de alguna forma su presencia como potencia colonizadora mejoraba la imagen exterior y permitía explotar el sentimiento patriótico tras la pérdida unos años atrás de la últimas colonias en Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Además, la presencia española permitía proteger los intereses económicos en la zona ocupada, el Rif era una zona con unos recursos minerales de mayor calidad que los de la península.
En este contexto en 1909 se inicia la conocida como la Guerra de Melilla que supuso una derrota española en Abarrán y Monte Arruit, y que culminaría en 1921 con Annual. Los españoles habían colonizado la zona oriental de Marruecos y los rifeños no aceptaban que una potencia extranjera usurpara su independencia.
La población rifeña, dirigida por el carismático líder Mohammed Abd El Krim El Jattabi, decidió combatir a la potencia ocupante, al contrario que sultán de Marruecos Moulay Yúsuf que aceptó el protectorado y subió al poder tras abdicar su hermano Abd al-Hafid en 1912. El protectorado que repartía Marruecos como si de un pastel se tratara quedó consumado en 1912 con el tratado de Fez y otorgaba el montañoso terreno del Rif a España, mientras que Francia se apoderaba del resto del país.
En el año 1924 España se convirtió en la primera potencia en rociar con gas mostaza sobre población civil, violando el Protocolo de Ginebra que prohibía el uso de gases asfixiantes tóxicos o similares durante la guerra.
Sería durante la guerra del Rif, cuando tendría lugar una de las épocas más negras de la historia de España, un hecho sin precedentes que ha quedado en el olvido con el paso de los años. El Ejército Español utilizó agentes químicos ante una desesperada acción de acabar con los rifeños.
En el año 1924 España se convirtió en la primera potencia en rociar con gas mostaza sobre población civil, violando el Protocolo de Ginebra que prohibía el uso de gases asfixiantes tóxicos o similares durante la guerra. El gas utilizado se producía en el complejo militar de los Cerros de la Malasoña, al suroeste de Madrid. Una planta construida en 1923 por Alfonso XIII para la elaboración de de estas sustancias, la fábrica fue creada con el apoyo de la inteligencia alemana y francesa.
El Ejército colonial español bombardeó de manera sistemática los poblados del Rif para acabar con la lucha independentista de Abdelkrim. Un crimen contra la humanidad que fue denunciado por prestigiosos historiadores de todo el mundo como así lo recoge el alemán Sebastian Balfour en su libro Dedly Embrace (Abrazo mortal).
Balfour, que estudió abundante documentación española, francesa y británica, sostiene que se lanzaron estas bombas de forma masiva entre 1924 y 1925 en los souks (mercados) y los poblados. La estrategia empleada por los militares coloniales españoles consistía en escoger las zonas más pobladas del Rif y convertirlas en el objetivo de las bombas tóxicas. Explica Balfour que fue posible bombardear a las tropas enemigas porque “los españoles habían retrocedido prácticamente hasta Ceuta y Melilla” tras la batalla de Annual.
Balfour: “Se aludió por parte de España a que no era lo mismo utilizar armas químicas sobre pueblos civilizados que sobre pueblos incivilizados como lo era el Rif”
Annual desencadenó un sentimiento de odio y venganza azuzado por la prensa española. Según Balfour “para justificarse ante el tratado de versalles que impedía la utilización de estas armas, se aludió por parte de España a que no era lo mismo utilizar armas químicas sobre pueblos civilizados que sobre pueblos incivilizados como lo era el Rif”. Para este historiador “el objetivo era la población civil porque los guerrilleros eran difícil de alcanzar, era una guerrilla móvil”.
La periodista e historiadora María Rosa de Madariaga defiende que la primera vez que se usaron los gases tóxicos fue durante la batalla de Tizzi Azza el 5 de junio de 1923. Unos bombardeos que según la historiadora durarían hasta 1927, pues el parte de fin de la guerra dado por el Teniente general José Sanjurjo el 10 de julio de 1927 exponía que pocos días antes se seguía bombardeando con gases tóxicos.
El historiador español Juan Pando reconoció el uso de gas mostaza a partir del año 1923. Una postura que comparte Carlos Lázaro Ávila que sostienen que España utilizó gases tóxicos durante la guerra del Rif, mientras que Francia lo hizo en 1925 en los alrededores de Fez.
Pedro Tonda Bueno, aviador militar español, dejó escrito en su autobiografía La vida y yo diversas referencias al lanzamiento de gases tóxicos que produjeron envenenamiento de los manantiales rifeños. Mientras que Ignacio Hidalgo de Cisneros, en su obra biográfica Cambio de rumbo se muestra protagonista de bombardeos con gases tóxicos al reconocer ser el primer piloto que arrojó 100 kilogramos de bombas de gas mostaza desde su Farman F60 Goliath, en el verano de 1924.
En un telegrama enviado por Dámaso Berenguer, el entonces Alto Comisario del protectorado español (figura de máximo poder en el Marruecos colonial), con fecha del 12 de agosto de 1921 y dirigido al entonces ministro de la Guerra español, Luis Marichalar y Monreal, Berenguer expone:
Siempre fui refractario al empleo de gases asfixiantes contra estos indígenas, pero después de lo que han hecho, y de su traidora y falaz conducta, he de emplearlos con verdadera fruición.
En otro telegrama del comandante General firmado durante la dictadura de Miguel Primo de Rivera a fecha de 22 de marzo de 1925, propone:
En el zoco el arba de tauirirt de Beni Urriagel, se reúnen los miércoles gran cantidad de enemigos confiados en que nunca se ha bombardeado dicho zoco, ruego a vuestra excelencia me autorice a utilizar 100 bombas C5 (hiperita de 20kg) en el bombardeo que ordenaré para el primer miércoles bueno y con el cual seguramente se conseguirá hacer mucho daño al enemigo.
 En el año 2005 la Asociación para la Defensa de las Víctimas de la Guerra del Rif emitió un informe en el que explicaba que todavía se seguían sintiendo los efectos de las armas químicas utilizadas, estableciendo una relación con el elevado número de casos de cáncer que se dan en la región del Rif. Algo que no se ha podido demostrar por la falta de estudios.
En el año 2007, Esquerra Republicana de Catalunya expuso una proposición no de ley al Congreso de los Diputados, para que el estado español reconociese el uso de armas químicas contra la población del Rif. Un proyecto que fue rechazado con el voto en contra del PP y del PSOE.
Arrhas: veneno
Ochenta años después un periodista rifeño Tariq El Idrissi y el madrileño Javier Rada, rescataron en “Arrhas” los testimonios de los últimos supervivientes de aquellos ataques. Tariq en una entrevista a TVE explicó que “en su época los rifeños no eran conscientes del hecho sin precedentes que había supuesto este ataque, sin embargo, hoy día somos conscientes que quisieron exterminarnos”.
Se ha demostrado científicamente que la hiperita es una sustancia cancerígena y que causa irritación en la piel, quemaduras, ceguera, e inhalado en grandes cantidades provoca la muerte. Así lo explican en el documental los supervivientes entrevistados por Tariq.
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Mohammed Salah Faragi gaseado con gas mostaza explica: “se pegaba a la piel, era de un color amarillo y negro, parecido al azufre”.
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Laarbi Mohamed Chouaib “el manco” comenta que les Bombardearon desde el Peñon de Alhucema “nos rociaron con veneno en 1925”.
509347.jpgMohmmed “Santiago” recuerda cómo sus hermanas quedaron ciegas “tosían y tosían hasta que murieron, mi madre corrió la misma suerte”. Explica que también fueron contaminadas las aguas y las fuentes de donde había caído el armamento “quemaban la piel al entrar en contacto con el agua, corroía la piel. Mi hermano bebió de la fuente y murió al instante. Desde entonces la  tierra es infértil. El líquido tenía un olor fuerte y era amarillo”.
Elevado número de casos de cáncer
Entre los testimonios recogidos en el documental, Balfour comenta que la incidencia de cáncer en las zonas bombardeadas es mayor que el resto de lugares, “se ha establecido científicamente que el gas mostaza afecta genéticamente al genoma en ratas y conejos,  y que se transmite de generación en generación, no obstante, no se ha demostrado en los humanos”, añade.
Abdesslam Boutayeb del Foro Hispano Marroquí por la Memoria Común y el Porvenir denuncia que la mayoría de los casos de cáncer en Marruecos se encuentran en la zona del Rif. Explica Boutayeb que: “España cometió dos crímenes de estado, por un lado la coloniación, por el otro, la guerra química”.
Said Aichir de la Asociación Memoria del Rif denuncia que no es casual que “tengamos datos sobre que el 80% de los casos de cáncer que hay en el hospital oncológico de Rabat procedan del Rif”.
Según Madariaga no hubo un seguimiento de los afectados mantenido en el tiempo, por ello es peligroso establecer esa relación causa efecto. “Sin embargo”, añade Madariaga, “es evidente que España tiene una responsabilidad y que debe realizar un reconocimiento de que esto se llevó a cabo”, opina.
España marcaría un precedente histórico por el que nunca ha rendido cuentas, el pueblo rifeño lejos de recibir apoyo por parte de Marruecos sería de nuevo objetivo de armas prohibidas, sucedió durante las revueltas rifeñas en 1958, cuando el ejército marroquí utilizó napalm contra la población rifeña. España y Marruecos nunca han reconocido estos crímenes de guerra.
 Fuente: https://ymouled.wordpress.com/

sábado, 3 de noviembre de 2018

Al Farabi, el segundo maestro después de Aristóteles

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En la denominada tradición filosófica árabe-islámica al-Fārābī es, sin duda, uno de los pensadores centrales.




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Por: Annur TV@annurtv annurcontenidos@gmail.com


Hay quienes, como Muhsin Mahdi, le han atribuido la fundación de la filosofía política islámica; otros, como Nicholas Rescher, han destacado sus talentos para la lógica. Lo cierto es que el pensamiento de dos grandes figuras como lo son Avicena y Averroes están notoriamente marcadas por la filosofía del “segundo maestro” —Aristóteles era el primero—, tal como se le conoció entre los árabes.
Vida y obras

Abu Nasr Muhammad ibn Muhammad ibn Ūzalāgh ibn Tarkhān, mejor conocido como al-Fārābī, fue nativo de Fārāb, Transoxiana. Sus orígenes podrían ser turcos. Nació aproximadamente entre los años 870 y 873 y murió en Damasco en el año 950. Además de ser un lógico de primer orden, comentó buena parte del corpus aristotélico y estudió algunos diálogos de Platón. Avicena lo menciona en repetidas ocasiones y recomienda sus escritos como grandes obras filosóficas.

Reconstruir con precisión los datos biográficos de al-Fārābī no es una labor sencilla. Se cuenta con muy poca información a este respecto y, si se revisa cautelosamente lo que existe, se encontrarán datos discrepantes. A pesar de lo anterior, pueden establecerse algunas referencias que sí coinciden. De acuerdo con Ibn Abī Usaybi‛ah y con Ibn Khillikān, al-Fārābī fue alumno del lógico Yuḥanna Ibn Ḥaylān y del gramático y traductor Abū Bishr Matta. Ambos biógrafos mencionan un viaje a Alepo, sitio en el que al-Fārābī conoció a Sayf al-Dawlah, un asceta quien le transmitió sus conocimientos musicales. Gracias a estas enseñanzas al-Fārābī escribirá su Tratado sobre la música, una composición sobre la Melodía y otro titulado Transición a la Melodía.

No es posible establecer la cronología exacta de los escritos de al-Fārābī. Varios de ellos se conocen y se conservan. Al-Fārābī comentó los Analíticos Primeros, los Analíticos Posteriores, los Tópicos, la Isagogē, las Refutaciones Sofísticas y un trabajo conocido como las Condiciones de la Certeza. Redactó, además, varios escritos propedéuticos diseñados para comprender y enseñar lógica. Éstos incluyen el comentario a la Introducción a las Categorías y, además, el Tratado introductorio a la lógica, Las cinco secciones de la lógica, Los términos utilizados en lógica y El libro de las letras.

En lo que respecta a los trabajos sobre Física y Cosmología, al-Fārābī escribió un comentario a la Física, otro a Sobre el cielo y el mundo, Meteorológicos, Sobre el movimiento perpetuo y La esencia del alma. Se suma un tratado de alquimia y astrología que se conoce con el título Sobre la validez e invalidez de las inferencias astrológicas. En lo que respecta a los trabajos metafísicos y metodológicos, se conocen los siguientes: Tratado de Metafísica, La armonía entre las opiniones de Platón y Aristóteles, El nombre filosofía, La filosofía y su génesis y el Catálogo de las ciencias.

También dedicó varios escritos a la ética y la política. Algunos han considerado que al-Fārābī es el iniciador de la filosofía política islámica. Los tratados relacionados con ese tema son La ciudad Ideal u Opiniones de los habitantes de la ciudad virtuosa, Epitome a las Leyes de Platón, Sobre Política, El camino de la felicidad y un comentario perdido a la Ética Nicomáquea de Aristóteles. Se suman el libro Sobre religión y los Artículos de Ciencia Política.
2. El orden de los saberes filosóficos

En una de sus obras capitales, el Catálogo de las ciencias, al-Fārābī enumera las ciencias y se dedica a estudiar el objeto de cada una y las partes que las componen. La obra está dividida en cinco artículos: primero, sobre la ciencia del lenguaje y sus partes; segundo, sobre la ciencia de la lógica y sus partes; tercero, sobre la ciencia de las matemáticas, que comprende: la aritmética, la geometría, la óptica, la astronomía, la matemática, la música, la ciencia de los pesos y la ciencia de ingeniería; cuarto, sobre la física y sus partes, y la metafísica con las suyas; y quinto, sobre la política, el derecho y la teología (kalām).

Explica al-Fārābī que la utilidad de su Catálogo es que con él podrá todo interesado en las ciencias «comparar entre sí las ciencias, para saber cuál de ellas es la más excelente, cuál es la más útil, cuál es la más sólida, cuál es la más fidedigna, cuál es la más firme, y cuál es la más endeble y problemática» [al-Fārābī 1953: prefacio, 4]. En su ordenación puede verse cuáles son las ciencias más necesarias y también cuál es la más noble de todas. La clasificación farabiana de las ciencias, una de las más influyentes en el medioevo latino, es bastante completa e incluye, primero, una serie de ciencias que podrían ser instrumentales al entendimiento (Ciencias del lenguaje, Lógica y las partes teóricas de la Matemática); en segundo lugar, agrupa una serie de saberes que describen el mundo físico (las partes prácticas de la Matemática y la Física misma); en tercer lugar, la ciencia más elevada: la Metafísica, dedicada al estudio de las realidades que existen sin materia, en especial, Dios. Por último, aparecen tres saberes que, aunque tienen una parte teórica, son también prácticos: la política, el derecho y la teología.
3. La Lógica

Al-Fārābī comentó casi todo el Órganon aristotélico. En el capítulo segundo del Catálogo de las ciencias se encuentra la explicación más concisa de lo que entiende por lógica. Explica que el arte de la lógica enseña los cánones necesarios para rectificar el entendimiento, guiarlo directamente en el camino del acierto y darle la seguridad de la verdad en todos los conocimientos racionales en que cabe que yerre. La lógica nos enseña, además, las reglas que permiten el razonamiento verdadero y nos previene del error y del sofisma.

La lógica es, entonces, sumamente necesaria ya que, según al-Fārābī, «es preciso que conozcamos de antemano todas las cosas que nos pueden conducir a error o a equívoco, a fin de precavernos contra ellas en nuestro camino. Sólo entonces podremos estar seguros (respecto de la materia que queríamos investigar) de que hemos tropezado con la verdad y de que no nos hemos equivocado. Y así, cuando nos ocurrieren dudas respecto de una cosa que hayamos averiguado y nos asalte la sospecha de que en su averiguación hemos descuidado algo esencial, inmediatamente podremos someter nuestra averiguación a crítica, y si en ella hubo efectivamente algún error, nos daremos cuenta de él y corregiremos con facilidad el mal paso que hubiéramos dado» [al-Fārābī 1953: II, 16].

La lógica consta de ocho partes que se encuentran en cada uno de los libros que integran los tratados de lógica de Aristóteles. De este modo, al-Fārābī explica que, en primer lugar, las Categorías es un tratado que se ocupa de las relaciones entre las ideas y las palabras. En segundo lugar, el libro Sobre la interpretación trata sobre las elocuciones simples. En tercer lugar, en los Analíticos Primeros, conocido en árabe como el Libro del silogismo se explican las clases de silogismo y cómo se utilizan en las cinco artes lógicas o argumentativas que existen. Estos tres tratados son preparatorios para comprender, precisamente, las cinco artes lógicas que se exponen en los otros cinco libros: Analíticos Posteriores o Libro de la demostración se encarga de explicar el silogismo demostrativo, Tópicos o Libro de los lugares dialécticos se hace cargo del silogismo dialéctico, Refutaciones Sofísticas trata de los silogismos que intentan falsear la verdad, la Retórica de los silogismos utilizados para persuadir y, finalmente, la Poética somete a examen las elocuciones poéticas para que resulten lo más bellas posibles.
4. Cosmología, Metafísica y Psicología

En la obra que lleva por título La ciudad ideal, al-Fārābī presenta una serie de consideraciones vinculadas a la Física y culmina con la exposición del Ser primero. Para al-Fārābī, éste es eterno y perfecto: una amalgama del Uno neoplatónico, el intelecto aristotélico que se piensa a sí mismo y el Dios islámico. Se trata de un Ser que es uno, simple, eterno, incausado y causa de todo lo existente. Como es simple, no puede haber en Él pluralidad ni devenir ni imperfección. Estas características son propias del mundo pero no del Uno. Bajo este supuesto al-Fārābī configura su cosmología. Se trata de un cosmos estructurado jerárquicamente. En primer lugar está el Uno; después, las inteligencias de las esferas celestes; luego, el intelecto agente al que le siguen las almas, las formas y, por último, la materia. Los cuerpos materiales también se explican jerárquicamente: las esferas celestes, el animal racional, el irracional, el vegetal, el mineral y los cuatro elementos.

Parte importante y por demás compleja, es el modo en que al-Fārābī describe cómo es que el Uno da lugar a todo lo demás. Todo apunta a que al-Fārābī postula, en la más pura tradición neoplatónica, un modelo emanacionista que, obviamente, estará gradado, es decir, se presenta, como se ha mencionado, de lo superior a lo inferior. El Uno, Ser primero, es lo único necesario en todo el universo. Cuando se piensa a sí mismo, da lugar a algo distinto de sí, es decir, a un intelecto que concibe lo uno y lo múltiple. Este primer intelecto se conoce como distinto del Uno y, por lo tanto, da lugar a la multiplicidad. Del primer intelecto emana un segundo intelecto que al pensarse a sí mismo da lugar a la primera esfera celeste que estará ya dotada de un cuerpo (materia) y de una forma (su alma). Este proceso se repite hasta que se llega al décimo intelecto o intelecto agente que será el que dé origen a la Tierra y, por consiguiente, al mundo sensible y al sublunar. Al-Fārābī concibe el modelo aristotélico-ptolemáico según el cual existen una serie de esferas concéntricas alrededor de la Tierra.

Hasta esta parte del modelo se pueden detectar tres seres que están separados de los cuerpos (el Uno, las inteligencias separadas o de las formas celestes, el intelecto agente). También se mencionan tres que no son cuerpos, pero aparecen unidos a un cuerpo (el alma, la forma, la materia). Ya se mencionaba líneas arriba que los cuerpos materiales que integran el mundo sensible también se explican jerárquicamente: las esferas celestes, el animal racional, el irracional, el vegetal, el mineral y los cuatro elementos. El animal racional, es decir, el ser humano, es el único ser capaz de conocer la verdad y, con ello, alcanzar la felicidad. Para elaborar la descripción del ser humano como ser vivo, al-Fārābī retomó en varias de sus obras los planteamientos de Aristóteles en su tratado Acerca del alma. Al-Fārābī entendió, entonces, al animal racional como un ser corpóreo, poseedor de un alma que le permite desarrollar una serie de funciones y operaciones orgánicas (nutrición, sensación, locomoción) pero, además, como un ser cuya característica esencial es que posee un intelecto.

En este último aspecto, al-Fārābī fue uno de los filósofos más prolíficos de la tradición árabe-islámica. Uno de sus principales escritos a este respecto, Sobre el intelecto, influyó sobremanera a un sinnúmero de pensadores islámicos y cristianos. Al-Fārābī asumió aristotélicamente que el alma posee una serie de facultades (vegetativa, sensitiva, apetitiva, imaginativa, rememorativa e intelectiva) que se actualizan —a excepción de la intelectiva— a través de los órganos corpóreos. La facultad intelectiva es la que hace posible el conocimiento racional. La comprensión del intelecto es un asunto complejo y controversial en toda la tradición aristotélica. La explicación de al-Fārābī no es menos difícil que la que encontramos, por ejemplo, en Alejandro de Afrodisias. Según al-Fārābī, ha de distinguirse, en primer lugar, entre el intelecto pasivo y el activo. El intelecto pasivo o material recibe las impresiones de los entes materiales. Este primer intelecto es potencial y conoce las cosas materiales (también potenciales) para actualizarlas al conocerlas. Cuando esto sucede, pasa de ser intelecto pasivo a ser intelecto en acto. No obstante, no hay nada en el intelecto pasivo que pueda dar paso a esa actualización. Por ello, es necesario recurrir a algo externo que eleve el intelecto pasivo a activo; esta transformación es la función de una entidad que es esencialmente intelecto y está separada de la materia. Se trata del intelecto agente. Éste ilumina al intelecto pasivo y le permite separar el aspecto material del conocimiento para que pueda actualizarse.

Ahora bien, además del intelecto pasivo y el intelecto en acto, al-Fārābī habla de un tercer intelecto, a saber, el intelecto adquirido. Una vez que el intelecto pasivo ha sido actualizado, aparece el intelecto adquirido. Éste es el que permite que el intelecto se conozca como tal y como poseedor de las formas inteligibles. El procedimiento es el siguiente: las cosas sensibles son cognoscibles a través del intelecto pasivo gracias a la intervención del intelecto agente. Cuando las cosas sensibles han sido actualizadas, entonces se habla del intelecto en acto, pero cuando éstas son ya formas inteligibles, entonces se habla del intelecto adquirido. El intelecto pasivo, el activo y el adquirido son grados distintos de la facultad racional. Sin embargo, el intelecto agente sí está separado y es absolutamente inmaterial e impasible. Precisamente porque está separado y está siempre en acto, es el intelecto agente el que procura y posibilita todo el proceso cognoscitivo.
5. La filosofía práctica

En el Libro de la Política, al-Fārābī retoma el planteamiento cosmológico que se acaba de exponer en el apartado anterior, y enuncia los seis principios que componen el universo: la Causa Primera, las causas segundas, el intelecto agente, el alma, la forma y la materia. La Causa Primera es Dios —causa próxima de la existencia, de las causas segundas y del intelecto agente. Las causas segundas son la causa de la existencia de los cuerpos celestes. El papel del intelecto agente es indispensable para comprender la continuidad entre cosmología y filosofía práctica: «La función propia del intelecto agente es ocuparse del animal racional y procurar que alcance el más elevado grado de perfección que le cabe lograr al hombre: la felicidad suprema» [al-Fārābī 1992: 7].

La felicidad es el tema capital de la filosofía práctica farabiana. En este tópico se concentran la filosofía, la ciencia política y la religión como saberes sumamente relacionados. Para al-Fārābī estos tres saberes presentan planteamientos teóricos y prácticos. Esto quiere decir que el filósofo político no se conforma con conocer la esencia de la felicidad. Está obligado a conocer las opiniones y acciones que pueden darse en torno a ella. En este sentido, como sucede en la filosofía política de Platón, la labor del gobernante es múltiple: legisla; establece los parámetros que orientan la vida de los ciudadanos; los persuade sobre las acciones virtuosas que conducen a la felicidad; y, además, es un filósofo especulativo que, por ende, conoce los primeros principios. En este sentido, la filosofía farabiana integra la teoría y la práctica [al-Fārābī 1992: 53].

La obligación principal del gobernante es, por consiguiente, la conducción hacia la felicidad. Ello supone que debe conocer a la perfección el bien y el mal, lo útil, lo conveniente y cualquier otra cosa que sea un medio para alcanzar la felicidad. Su interés primordial es la acción humana vista a través de los primeros principios.

La comprensión farabiana de la felicidad se expone, principalmente, en El camino de la felicidad, un libro de ética filosófica inspirado en la Ética Nicomáquea de Aristóteles. Frente a la ética religiosa del Corán, al-Fārābī se encontró en la Nicomáquea con una comprensión exclusivamente racional de la felicidad y la posibilidad de alcanzarla dentro de la sociedad. Ambas vías —la religiosa y la filosófica— son válidas. Al-Fārābī acepta, como Aristóteles, que la ética es una parte de la política [al-Fārābī 2002: §222, 68]. En El camino de la felicidad insiste además, en una idea que aparece en varias de sus obras políticas: el mejor régimen político debe garantizar a los ciudadanos la excelencia o virtud humana; éste es el camino hacia la felicidad. En el islam la felicidad se define como la dicha del Paraíso; no obstante, en la ética filosófica la felicidad está vinculada a la Política y, por ende, se define a partir del ejercicio de las virtudes morales e intelectuales dentro de la sociedad.

La propuesta de al-Fārābī es semejante a la aristotélica: sólo la filosofía puede acercarnos a la felicidad porque es la disciplina que nos permite comprender el vínculo entre lo especulativo y lo práctico. Aunque la filosofía es eminentemente especulativa, un filósofo no puede desentenderse de la vida práctica; por tanto, la Ciencia Política toma un papel primordial.

La felicidad es el objeto primario de la Ciencia Política. Se ocupa de las acciones, los modos de vivir y las cualidades morales, los hábitos y las costumbres, y del conocimiento de todas aquellas cosas que permitan alcanzar la felicidad mediante la asociación política. Al igual que Aristóteles, al-Fārābī considera que no puede alcanzarse la felicidad al margen de la vida social. Para ser una ciudad excelente, cada habitante deberá colaborar en aquello que contribuya a conseguir la felicidad verdadera, haciendo uso de su libertad y su voluntad.
6. Filosofía, política y religión

Se mencionaba líneas arriba que el artículo quinto del Catálogo de las ciencias versa sobre la Ciencia Política, el Derecho y la Teología. Los tres saberes se subordinan a la filosofía. La Ciencia Política se ocupa de las acciones y costumbres necesarias para ejercer el gobierno virtuoso y alcanzar la felicidad. El Derecho o jurisprudencia es un saber auxiliar para el gobernante. El jurista se encarga de completar las leyes y aportar los criterios de acción en situaciones en las que la ley del fundador de la religión no es suficiente. La teología o kalām se encarga de defender los dogmas de la religión. Aunque menciona al-Fārābī la importancia de estos saberes, en realidad la filosofía es superior. La subordinación de la religión a la filosofía, obviamente inusual en el entorno islámico, ha ocasionado que muchos vean en al-Fārābī a un racionalista. En obras como el Libro de la Religión, hay pasajes en donde dicha subordinación es indiscutible: «La religión virtuosa se asemeja a la filosofía. Pues así como la filosofía es teórica y práctica —siendo la teórica y reflexiva aquella que, cuando es conocida por el hombre, no puede ponerla en práctica y siendo la práctica aquella que, cuando es conocida por el hombre, puede ponerla en práctica—, así también es la religión. En la religión, la parte práctica es aquella cuyos universales están en la filosofía práctica; es decir, en la religión la parte práctica está constituida por aquellos universales que han sido determinados por medio de unas reglas que los delimitan, y lo que ha sido delimitado por reglas es más particular que lo que no está sujeto por reglas, como, por ejemplo, nuestra expresión: “el hombre escribiente”, que es más particular que esta otra: “el hombre”. Por tanto, todas las leyes religiosas virtuosas caen bajo los universales de la filosofía práctica. Y las demostraciones de las opiniones teóricas que hay en la religión pertenecen a la filosofía teórica, pero en la religión son aceptadas sin demostración» [al-Fārābī 1992: 78].

Aunque al-Fārābī defendió la superioridad de la filosofía respecto de la religión, no restó importancia a la última y, por el contrario, se preocupó por establecer posibilidades argumentativas capaces de dar crédito a la revelación religiosa. La filosofía demuestra los primeros principios desde la razón; la religión muestra los primeros principios con un discurso distinto en el cual se recurre a símbolos y metáforas. El filósofo legislador es conocedor de la Ciencia Política y también de la religión y, en cada caso, busca el discurso procedente para que los ciudadanos se acerquen a la verdad que, como se ha insistido, es una sola. El discurso simbólico de la religión está destinado al vulgo y los hombres comunes y corrientes. El saber demostrativo está reservado para los filósofos. La diferencia que al-Fārābī establece entre filosofía y religión es controvertida y algunos estudiosos han visto en ella las raíces del averroísmo latino.
7. Bibliografía

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domingo, 28 de octubre de 2018

Avicena: El polímata musulmán medieval


Avicena: El polímata musulmán medieval


(Abu'Ali al-Husayn ibn'abd Allah ibn Sina; Bujara, actual Irán, 980 - Hamadan, id., 1037) Médico y filósofo persa es considerado, junto a Averroes, la más destacada figura de la filosofía árabe medieval.



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Por: Annur TV@annurtv annurcontenidos@gmail.com


Los trabajos de ibn Sina (Avicena es una latinización de su nombre) abarcaron todos los campos del saber científico y artístico de su tiempo, e influyeron en el pensamiento escolástico de la Europa medieval, especialmente en los franciscanos.

Aún conservando fidelidad al Islam, contribuyó en gran medida a difundir entre los árabes -y, a través de ellos, en los países de Europa-, la herencia filosófica y científica del mundo helénico, ante todo la doctrina de Aristóteles. Avicena hizo mucho para consolidar el pensamiento racional y propagar los conocimientos de las ciencias naturales y de la matemática. En su doctrina filosófica, conserva las tendencias materialistas e idealistas de Aristóteles, retrocediendo, en algunas cuestiones, del aristotelismo hacia el neoplatonismo. Avicena desarrolló por sí mismo la lógica, la física y la metafísica de Aristóteles. Reconocía el carácter eterno de la materia, a la que veía como causa de la diversidad de las cosas singulares, se manifestó contra las supersticiones astrológicas y de otro tipo. Su obra principal, "Dònish-Nameh"("Libro del saber"), contiene una exposición sucinta de sus concepciones lógicas y físicas.


Avicena, genio universal

AI-Shaq al-Rais, “el primero de los sabios”: así se llamaba en Oriente a Abu Ah al-Hosain Ibn Sina, conocido en Occidente con el nombre de Avicena. Figura entre los personajes más extraordinarios de la historia de la civilización, caracterizándose por ser un:
Filósofo de sabiduría enciclopédica
Científico
Investigador
Teórico eminente de la medicina
Conocedor de la práctica clínica
Poeta
Músico
Gran visir (primer ministro)
Prisionero cargado de cadenas
Viajero infatigable que recorrió vastas regiones de Asia central y de Persia
Autor de una obra monumental que abarca casi todas las esferas del conocimiento de su época.

Este gran pensador fue también un hombre cuya rectitud y nobleza de carácter han dado origen a muchas leyendas que se han conservado hasta hoy.
Síntesis biográfica

Nace en el año 370 de la Hégira, hace ahora exactamente mil años según el calendario cristiano.

Hijo de Abdallah, funcionario de Balja (en la parte septentrional del Afganistán actual), y de Sitora, hija de un campesino humilde de la pequeña población de Afshana, cerca de Bujara, Avicena fue un ser excepcional desde su infancia.

A los diez años había terminado ya los estudios escolares y podía recitar de memoria todo el Corán. A los dieciséis sus conocimientos de medicina eran tan completos que se le encomendó cuidar de la salud del propio emir de Bujara, cuya curación abrió al joven facultativo las puertas de la célebre biblioteca del emir, conocida con el nombre de “Santuario de la sabiduría”. “Hacia los dieciocho o diecinueve años --contaría más tarde Avicena a su discípulo y biógrafo Yuzyani— estaba ya tan familiarizado con toda la ciencia filosófica, la lógica, la física, las matemáticas, la geometría, la aritmética, la astronomía, la música, la medicina y muchas otras disciplinas que no encontraba a nadie que pudiera igualarme.” Y no se trata de una exageración de su parte, su memoria y la amplitud y la profundidad de sus conocimientos eran en realidad asombrosas.

Cuando se quemó la biblioteca de Bujara, la gente se consolaba diciendo “El Santuario de la Sabiduría no ha perecido: se ha trasladado al cerebro de Al-Shaij al-Rais”.

Si se considera la relativa brevedad de la vida de Avicena (57 años) puede decirse que se trata de un caso de creación titánica.

El sabio escribía o dictaba sus obras en cualquier lugar o circunstancia de día y de noche, en prisión y durante sus viajes, incluso a caballo. Según los cálculos del erudito iraní Said Nafissi, Avicena escribió (o se le atribuyen) 456 libros en árabe y 23 en persa.
Situación política en su nacimiento

Vino al mundo el gran sabio y filósofo en una región del Asia central que entonces formaba parte integrante del Imperio abasida. Este inmenso Estado, fundado en la fe islámica y que se extendía desde los confines del actual Afganistán en el este hasta España en el oeste, comenzaba entonces a desintegrarse políticamente. Varios soberanos, celosos de la independencia de sus respectivos reinos, lograron reducir la influencia en ellos del califa de Bagdad a una simple autoridad simbólica. Pero este desmembramiento, en vez de generar la decadencia cultural, iba a enriquecer la civilización islámica con los aportes culturales y científicos de cada uno de esos nuevos Estados, cuyos soberanos se disputaban la presencia en su territorio de sabios y pensadores.

Tan brillante civilización se propagó pronto por Occidente, siendo uno de los fermentos del Renacimiento europeo. Avicena es una las más eminentes figuras de esa epopeya cultural. Su influencia alcanzó a todo el Islam y, penetrando en Europa a través de la España musulmana o al-Andalus, se mantuvo viva durante varios siglos. Por eso puede considerarse al gran pensador y sabio islámico, situado en una encrucijada de civilizaciones y de épocas diferentes, como un genio de toda la humanidad.

Aportes científicos



En los catálogos de las bibliotecas de diversos países del mundo figuran 160 títulos que han llegado hasta nosotros. En un grabado medieval se representa a Avicena con una corona de laurel, sentado en un trono de pie, a ambos lados aparecen Galeno e Hipócrates lvéase p. 8).

Así el autor anónimo del grabado parece indicar que, si los dos últimos son los padres de la medicina, Avicena es el príncipe indiscutible de esa ciencia, Y tal representación simbólica se justifica plenamente ya que en la Edad Media el nombre de Avicena era prácticamente sinónimo de medicina.

Su obra monumental Canon de la medicina es una síntesis extraordinaria de los conocimientos médicos de su tiempo. Se trata de una auténtica enciclopedia en la que se consignan los descubrimientos de los más eminentes médicos griegos, indios, persas y árabes. La amplitud de criterio del autor, el rigor lógico y la frescura de su pensamiento, la concisión y la claridad extremas de su estillo, su manera original de abordar los grandes problemas tradicionales de la medicina y de exponer y resolver los problemas nuevos que se planteaban en esa esfera, hacen del Canon una obra incomparable.

Tras la invención de la imprenta con tipos móviles, la obra de Avicena rivalizaba con la Biblia en número de ediciones, llegando a ocupar el segundo lugar. Y ello se explica porque en ella Avicena no solamente hace una síntesis magistral de las realizaciones de sus predecesores sino que además enriquece considerablemente la medicina con sus propios descubrimientos y observaciones, por ejemplo:
Fue el primero en describir correctamente la anatomía del ojo humano, explicó con precisión el sistema de los ventrículos y de las válvulas del corzón describió la viruela y el sarampión, enfermedades que no conocian los médicos de la Grecia antigua, hizo un análisis de la diabetes que no difiere prácticamente del que hiciera, ocho siglos más tarde, el especialista inglés Thomas Willis.
Concibió la hipótesis de que en el agua y en la atmósfera existían organismos minúsculos que transmitían ciertas enfermedades infecciosas, hipótesis que fue confirmada en el siglo XVIII por las observaciones de laboratorio del científico holandés Antoriie van Leeuwenhoek (1632-17231.

Las obras de Avicena orientaron el pensamiento occidental en la dirección que iba a dar origen a la ciencia contemporánea.

En efecto, si la Grecia antigua había hecho la síntesis de los valores culturales acumulados hasta entonces, inclusive los de Oriente, y si la cultura del Imperio romano había asimilado elementos del helenismo y de la ciencia de los pueblos orientales, a comienzos de la Edad Media es Avicena quien inicia con su obra un nuevo movimiento cultural que, enriquecido por las fuentes vitalizadoras del pasado, va a pasar de Oriente a Occidente.

Tras haber ganado España, esa corriente llega al sur de Francia desde donde contribuye, en cierta medida, al desarrollo del pensamiento racionalista europeo. Ese proceso alcanza su apogeo en la época de las Cruzadas enriquecida por el aporte de la civilización árabe, la cultura greco-latina vuelve a difundirse por Europa.

El pensamiento de Avicena constituye así uno de los hitos fundamentales en el desarrollo y expansión de una civilización humana única. La concepción científica — racionalista y analítica — de Avicena influye considerablemente en el desarrollo del pensamiento europeo. Como filósofo, arroja nueva luz sobre la lógica de Aristóteles, modificando sensiblemente la problemática del silogismo aristotélico al incluir en ella no solamente los silogismos basados en juicios categóricos sino también los que se fundan en juicios hipotéticos y convencionales.

Aunque las reflexiones de Avicena sobre la inducción, la analogía, la intuición y muchos otros conceptos son de gran interés, importa sobre todo señalar el lugar preeminente que asignaba a la lógica, a la que consideraba como “la piedra de toque de la ciencia”. Para Avicena, es mediante la lógica como “lo desconocido se vuelve inteligible gracias a lo conocido” más aun, “un saber que no ha si- do pesado en la balanza (de la razón( no es incontestable y, por ende, no es un saber auténtico”.

Ya en el siglo XIII el filósofo inglés Rogelio Bacon (1214-1294), uno de los precursores de la ciencia experimental, puso de relieve el aporte de Avicena al desarrollo de la lógica, testimonio particularmente importante puesto que en Avicena la lógica fue siempre inseparable de la experimentación y de la observación. El sabio musulmán fue el primero en exponer una serie de ideas originales que anunciaban futuros descubrimientos, como por ejemplo: el principio de la inercia, que iba a ser enunciado por el físico y astrónomo italiano Galileo (1564-1642) la teoría de la evolución, que iba a desarrollar el naturalista inglés Charles Darwin (1809- 1882), entre otros.

Se sabe, además, que el 24 de mayo de 1032 Avicena observó, sin ayuda de aparato alguno, y describió un fenómeno raro el paso de Venus delante del Sol. Durante mucho tiempo se ha venido creyendo que ese fenómeno fue observado por primera vez, en 1639, por el astrónomo inglés Jeremiah Horroks (1617-1641).

Este error cronológico de seiscientos años exige una seria rectificación de la historia de las ciencias y de la técnica.

Si Avicena fue tan frecuentemente “el primero” es porque dedicó toda su vida y su actividad — ya se trate de medicina o de filosofía, de poesia o de música, de pedagogía o de sociología a un solo objetivo hacer que los hombres sean mejores y más felices.

Tal era para él la finalidad de la filosofía. Y considerando indispensable que haya “entre los hombres normas establecidas de justicia y de derecho”, formuló pensamientos que hacen presentir la idea del “contrato social” desarrollada en el siglo XVIII por Juan Jacobo Rousseau (1712- 17781.

No es pues por casualidad que la segunda obra enciclopédica de Avicena lleva el título de Kitab a/-Shifa (Libro de la curación). Porque si el Canon estaba destinado a la curación del cuerpo, en a/-Shifa se trata de la curación del alma, a fin de que los hombres sean moralmente fuertes y nobles. Las ideas humanistas de Avicena, que encontraba en el hombre una aspiración innata a la belleza y la armonía y veía en el amor el elemento motor de la sociedad, están expuestas en su ‘Tratado del amor” y en sus relatos filosóficos Hayy ibn Yaqzan (El vivo, hijo del despierto), Sa/aman y Absal y At-Tayr (El pájaro). Estas obras han ejercido una influencia enriquecedora en el desarrollo de la literatura de los pueblos de Oriente e incluso en la del Renacimiento europeo.

Algunos estudiosos consideran que, por ejemplo, Dante (1265-1321) recibió a través de las obras de San Alberto Magno una gran influencia de la filosofía greco- árabe, en particular de Averroes (Ibn Rushd), que había adoptado ciertas ideas de Avicena, dándole a conocer en Europa. El propio Dante nombra precisamente a Avicena entre las personas que figuran en la Divina Comedia. Omar Khayyam (muerto hacia 1123), astrónomo y matemático persa, consideraba a Avicena como su maestro, no solaménte en materia de filosofía y de ciencias exactas sino también de poesía. Avicena quien creó ese género nuevo de la poesía persa, el rubayyata de cuatro versos y de inspiración filosófica.

Algunos de sus poemas se han conservado hasta hoy y sorprenden aun por la perfección de su forma y por la profundidad de su inspiración. Se cuenta además que, poco antes de su muerte, Omar Khayyam leía con la mayor atención la parte relativa a la metafísica del “Libro de la curación”.
Muerte

Cuando supo que iba a morir, devolvió la libertad a sus servidores y distribuyó todos sus bienes entre los pobres.

Y fue en el desierto, cerca de la ciudad irania de Hamadán, donde murió el 18 de junio de 1037 (el Ramadán del año 428 de la Hégira).
Leyenda

Según una leyenda, que subsiste todavía hoy, Avicena quiso vencer a la muerte y alcanzar la inmortalidad. Preparó para ello cuarenta productos diferentes que su discípulo debía administrarle, en un orden preciso, en el momento mismo del paso de la vida a la muerte. El discípulo comenzó a cumplir con ardor su tarea y advirtió asombrado que, a medida que inyectaba los medicamentos prescritos en el cuerpo inerte de su maestro, éste perdía su rigidez y rejuvenecía a ojos vistas, el rostro recobraba sus colores, la respiración recomenzaba. Faltaba por administrarle la última ampolla, la que iba a asegurar la resurrección del maestro. No pudiendo dominar su alegría, el discípulo, impaciente y febril, tomó la ampolla, pero le temblaban las manos la dejó caer al suelo y el líquido misterioso se derramó en la arena... Sin embargo, Avicena logró la inmortalidad en la memoria de los hombres.
Vida de un filósofo errante

El material principal para la biografía de Avicena (Ibn Sina) es un librito escrito por su más fiel discípulo, Abu Obaid Yuzyani, quien se encargó cuidadosamente de recoger todos los manuscritos del maestro. La segunda parte de ese librito fue redactada por Yuzyani, pero la primera se la dictó Avicena mismo. En este esbozo autobiográfico, donde el gran sabio habla de su familia, su juventud y sus estudios, aparecen claramente la sorprendente precocidad y la potencia intelectual de quien era muy consciente de su genio.
Mi padre era originario de Bali. Bajo el reinado de Nuh ibn Mansur el Samánida (977-9971 se trasladó de BaIj a Bujara allí trabajó en la administración y llegó a ser prefecto de Jarmaitan, centro de un distrito de la región de Bujara, la antigua metrópoli. En los alrededores de Jarmaitan se encuentra un distrito llamado Afshana. Allí se instaló tras haber contraído matrimonio con mi madre. Allí nacimos yo y, luego, mi hermano. Más tarde nos mudamos todos a Bujara, donde comencé el estudio del Corán y de las bellas letras. A la edad de diez años había termina-do el Corán y una gran parte de las bellas letras, a tal punto que sorprendía a todos. Mi padre era de aquellos que habían respondido favorablemente a la propaganda ismailita de los egipcios y figuraba entre los adeptos de esa secta, habiendo aceptado sus nociones sobre el alma y la razn. Lo mismo había hecho mi hermano. A menudo discutían esos principios, yo les escuchaba, comprendía lo que decían y ellos trataban de ganarme a su rito. También,a veces, se ponían a hablar de filosofía, de geometría y de cálculo indio. Tiempo después, mi padre decidió enviarme a un comerciante en hortalizas que conocía ese cálculo, para que aprendiera de él. En eso, Abu-Abdallah Natili, que presumía de filósofo, vino a Bujara. Mi padre le dio albergue con la esperanza de que me enseñara algo. Antes de su llegada yo estudiaba asiduamente jurisprudencia con lsmail Zahid, y era uno de sus mejores alumnos. Estaba familiarizado con los diversos métodos de interrogación y de objeción que se dirigen al interlocutor, según los procedimientos utilizados por las personas del oficio. Luego, bajo la dirección de Natili, emprendí la lectura del Isagogo (de Porfirio]. Cuando me hubo expuesto la definición de género (“género es la categoría a la que pertenecen muchas cosas cuya especie es diferente”), me puse a analizar esta definición de modo tal que mi maestro jamás había escuchado nada parecido, se sorprendió mucho y disuadió a mi padre de que me destinara a cosa alguna que no fuera la ciencia. Cada problema que mi maestro me planteaba, yo lograba resolverlo mejor que él. Así aprendí de él las partes elementales de la lógica, ciencia cuyas sutilezas se le escapaban. Luego, espontáneamente, me puse a leer libros y a estudiar los comentarios, de suerte que llegué a ser maestro en lógica. Bajo la dirección de Natili leí también la Geometría de Euclides, desde el comienzo hasta la quinta o sexta figura ; en cuanto al resto del libro, llegué a resolver por mí mismo todas las dificultades. Pasé entonces al Almagesto (de Ptolomeo) ; cuando hube terminado los preliminares y había llegado a las figuras geométricas, Natili me dijo “Léelo tú mismo y resuelve los problemas; después me expondrás lo que has leído para que yo distinga en beneficio tuyo lo verdadero de lo falso”. (El pobre hombre no estaba a la altura del libro). Así, pues, me puse a dilucidar el libro por mi cuenta y luego expuse a mi maestro los problemas. IQué de cuestiones difíciles no había logrado resolver Natili hasta entonces y ahora comprendía gracias a mí! Después Natili me dejó, yéndose a Gorgandj. En cuanto a mi, me dediqué a leer y estudiar los Fuzuz-aI’hikam ide al-Farabi] y otros comentarios sobre física y metafísica; y de día en día las puertas de la ciencia se abrían ante mí. Me dediqué luego a la medicina y me puse a leer las obras que se habían escrito sobre esta ciencia. Como la medicina no es una de las ciencias difíciles, pronto mostré mi superioridad en esta materia, a tal punto que médicos muy capaces la estudiaron bajo mi dirección ; además, en cuanto a la práctica, atendía a los enfermos así se abrieron ante mí, de manera indescriptible, las puertas del tratamiento basado en la experiencia. Al mismo tiempo, sostenía discusiones y controversias sobre jurisprudencia. Tenía por entonces dieciséis años. Durante año y medio me dediqué al estudio cada vez con mayor ahinco. Recomencé el de la lógica y el de todas las partes de la filosofía. En todo ese tiempo no dormí una sola noche entera y durante todo el día no me ocupaba de otra cosa que de dominar las ciencias. Adquirí grandes conocimientos. Para cada problema que analizaba establecía sólidamente las bases del silogismo correspondiente y las disponía en relación con el conocimiento adquirido ; luego examinaba lo que podía resultar de las premisas y observaba sus condiciones hasta el momento en que la verdadera solución del problema resultaba indiscutible. Cada vez que me encontraba en apuros frente a un problema o que me sentía incapaz de establecer el término medio de un silogismo, iba a la mezquita, oraba, suplicaba al Creador del Universo que me revelara lo que me parecía hermético y que me facilitara lo que era difícil. Luego, por la noche, volvía a casa, colocaba la lámpara frente a mí, me ponía de nuevo a leer y escribir. Cada vez que el sueño me vencía o que me sentía fatigado, bebía mesuradamente una copa de vino, esperando recobrar mi energía ; después seguía leyendo y, cuando cedía un poco al sueño, veía en sueños precisamente la misma cuestión, de modo que la solución de muchos problemas se me presentó mientras dormía. Y no obré de otra manera hasta que fue sólida la base de mi conocimiento de las ciencias y las dominaba en la medida de nuestras facultades humanas. Todo cuanto aprendí en esa época no ha sido reemplazado por lo que he aprendido más recientemente hasta hoy día. Así llegué a ser maestro en lógica, física y matemáticas. Volví entonces al estudio de la ciencia divina. Leí el libro titulado Metafísica de Aristóteles. Pero no comprendía nada ; las intenciones del autor eran obscuras para mí pese a que releí cuarenta veces el libro de cabo a cabo, hasta saberlo de memoria, no comprendía ni su sentido ni su finalidad desesperaba de comprenderlo por mis propios medios y me dije “Este libro es incomprensible”. Finalmente, pasaba yo un día por el bazar de los libreros. Un comerciarte tenía un libro cuyo precio voceaba, y me lo mostró ; en mi desánimo, lo rechacé, convencido de que ningún provecho había en esa ciencia. El vendedor insistía, diciéndome “Compra este libro es barato, lo vendo por el precio de tres dirham porque su propietario está necesitado”. Se lo compré era el libro Comentarios sob,e la metafísica de Abu-Nasr-al-Farabi. Volví a mi morada y me apresuré a leerlo. En el acto se me revelaron los propósitos que perseguía el autor de aquel otro libro, puesto que lo sabía de me- moría. Regocijado por tal acontecimiento, desde el día siguiente dí generosa limosna a los pobres, en acción de gracias. Por ese tiempo el emir Nuh ibn Mansur, que reinaba en Bujara, adolecía de una grave enfermedad que los médicos no lograban curar. Yo gozaba entre ellos de reputación por la amplitud de mis estudios. Hablaron de mí ante el príncipe y le pidieron que me con- vocara. Me presenté, me uní a los demás médicos para curarle y me distinguí a su servicio. Un día le pedí autorización para entrar en su biblioteca, examinar los libros y leer las obras de medicina. El accedió a mi pedido. Penetré entonces en un palacio formado por muchas cámaras, dispuestas frente a frente, cada una de las cuales contenía cofres llenos de libros —en una cámara, las obras de literatura y de poesía en otra, las de jurisprudencia y cada una de las restantes estaba destinada igualmente a los libros de una misma ciencia. Leí el catálogo de los libros de los Antiguos y pedí todos aquellos que necesitaba. Entre esos libros encontré algunos que muchas personas no conocían ni siquiera de nombre, que yo no había visto hasta entonces y que no he vuelto a ver. Leí pues esas obras, saqué partido de ellas y pude conocer la importancia de cada autor en cada ciencia. Llegado a la edad de dieciocho años, había terminado ya el estudio de todas esas disciplinas. Por entonces, mis conocimientos se debían principalmente a mi memoria, mientras que hoy día mi espíritu es más maduro salvo esto, mi saber es el mismo y nada ha cambiado. Vivía en la vecindad un hombre a quien llamaban Abu’l-Hasan-al-Aruzi, quien me pidió que compusiera para él una enciclopedia científica. Cumpliendo su deseo redacté el Madmu (Compendio) que firmé con su nombre y en el que traté de todas las ciencias con excepción de las matemáticas tenía yo entonces veintiún años. Había otro vecino, originario de Juarezm, llamado AbuBakr al-Baraqui : no tenía igual en jurisprudencia, exégesis del Corán y ascetismo y mostraba una marcada inclinación por las ciencias especulativas. Me pidió que comentara para él sus obras científicas compuse entonces mi libro titulado AI-hasil wa’lmahsu/(El sentido y la esencia), de casi veinte fascículos y para él también redacté un libro sobre la moral que titulé Al-birr wasm (El Bien y el Mal) —dos libros que sólo se podían encontrar en su casa y que él no prestaba a nadie para copiarlos. En esto murió mi padre, cambió mi situación y tuve que entrar al servicio del príncipe. Obligado por la necesidad dejé Bu- jara para trasladarme a Gorgandsh. AbulHosain as-Sohaili, apasionado por las ciencias, era visir del sha de Juarezm, Ah ibn Mamun. Me presenté al príncipe : yo llevaba entonces el atuendo propio de los jurisconsultos : un chal (tailasan) y un pliegue del turbante bajo el mentón. Se me asignó un salario mensual que correspondía a mis talentos. Algún tiempo después, obligado nuevamente por la necesidad, emigré de Juarezm gané los confines del Jorasán, pasando por Nisa, Baverd, Tus, Chaqan, Samangan, Yuryan, Gorgan, todo ello con la intención de presentarme ante el emir Qabus ibn Vaschmgir. Pero aconteció que, mientras tanto, fue detenido y encarcelado en una fortaleza, donde murió. Entonces me fui a Dihistán y caí gravemente enfermo luego volví a Gorgan. Allí, Abu-Obaid Yuzyani trabó amistad conmigo. Sobre mi propia situación compuse un poema (casida) al que pertenecen estos versos Cuando creció no hubo ciudad a mi medida; cuando aumentó mi precio, no tuve quien me comprara.

sábado, 20 de octubre de 2018

Aportes del Islam a la humanidad en farmacología y ciencias naturales.

Por: Annur TV@annurtv annurcontenidos@gmail.com

Aportes del Islam a la humanidad en farmacología y ciencias naturales.


En los hospitales islámicos, donde se aplicaban varios tipos de jarabes, pastas y drogas medicinales, se enseñaba cuáles eran los medicamentos sintéticos, así como a conocer los medicamentos orgánicos que eran de suma importancia.




Farmacología y las ciencias naturales

Por el Profesor Abdul Husein Zarrinkub



En los hospitales islámicos, donde se aplicaban varios tipos de jarabes, pastas y drogas medicinales, se enseñaba cuáles eran los medicamentos sintéticos, así como a conocer los medicamentos orgánicos que eran de suma importancia. Por eso, como se muestra en el libro Saidana —o Saidala— de Al-Biruni[1], Muyiz de Ibn Tilmiz[2] y algunas otras referencias, era común en los hospitales tener personas que se llamaban Saidalani —quienes conocían los medicamentos, sus efectos y también cómo hacerlos—.

En relación a los medicamentos sintéticos, Hunayn Ibn Ishaq había traducido el libro de Galeno al idioma siriaco y Habish luego del siriaco al árabe. Los musulmanes llamaban a estos libros, “Aqrabazin” —de la raíz de la pronunciación griega Craphidin que significa una breve tesis, y muchos de ellos eran habitualmente usados— de origen siriaco o griego, como Aqrabazin de Sabur Ibn Sahl, Aqrabazin de Razi y Aqrabazin de Ibn Tilmiz. Otra obra fue Aqrabazin de un médico llamado Masuye Al-Marandi, el cual fue traducido al latín por un médico judío, y se volvió una referencia para los médicos europeos durante varios siglos y se dice que la misma traducción posteriormente fue la base de la farmacopea europea.[3] Así, tanto en la farmacología como en la medicina, los musulmanes tuvieron la posibilidad de agregar algo a las ciencias de los antiguos. Además, la variedad de territorios islámicos y su amplia extensión desde las fronteras de China a Andalucía, los familiarizó más que a los griegos con diferentes series de medicamentos orgánicos. Aunque la base de la farmacología islámica es griega, la influencia iraní, también es considerable. El nombre de algunos medicamentos, muestra todavía hoy en día la influencia de la doctrina médica de Gondishapur. Posteriormente, durante varios siglos, los cientos de nombres de medicamentos orgánicos, que eran desconocidos para los europeos, ingresaron en la farmacología islámica. Ibn Bitar Maleqi, quien hizo muchas giras investigativas buscando varias plantas medicinales en Andalucía, Norte de África, Egipto, Siria y Asia Menor, nombró mil quinientas especies de medicamentos orgánicos en su libro Al-Yami fil Adwiatil Mufrada, donde quizás más de doscientas variedades eran nuevas y especiales, descubiertas por botánicos musulmanes. El libro de Abu Hanifa Dinevari, el cual fue tomado de Dioscórides, tampoco estuvo exento de información nueva.

El estudio de Dioscórides, familiarizó a los farmaceutas musulmanes con la naturaleza y la investigación científica de las plantas. Ibn Bitar, durante muchos viajes realizó estudios acerca de las diferentes variedades de plantas. Ibn Abi Asibea relata que en compañía de su maestro, Ibn as-Suri, viajó a todas las zonas en los alrededores de Damasco y reconoció muchas plantas nuevas. Él dice que en estas giras portaban las obras de Dioscórides, Galoneo, Ghafiqi y otros sabios. Ibn as-Suri, primero pronunciaba los nombres griegos de las plantas, como fueron escritas por Dioscórides, luego expresaba las opiniones del autor sobre las plantas, sus características y cualidades. Hacía exactamente el mismo trabajo, narrado en los libros de Galeno y otros autores más recientes, y mostraba las contradicciones y errores de ellos. Esto que relata Ibn Abi Asibea, fue un ejemplo de los giros científicos que hacían los botánicos islámicos, donde a veces llevaban consigo a pintores para dibujar a las plantas.

Los médicos musulmanes de España mostraban especial interés en esa carrera. Ghafiqi, quien escribió su libro acerca de los medicamentos orgánicos en el siglo XII, durante muchos años hizo varios estudios y búsquedas en Andalucía y África. Especialmente en el norte de África, descubrió nuevas plantas que nombró a las mismas con nombres indígenas. Mufradat de Ibn Bitar era tan abarcador y exacto que desde la época de Dioscórides hasta el Renacimiento, quizás no existió un libro que lo igualara. De esta manera, en España, los estudios de los musulmanes se realizaron no solo en los libros, sino también en la naturaleza misma, así como no solo para la medicina sino para otras disciplinas como la agricultura e incluso para la industria. Verdaderamente fue allá donde se planteó por primera vez el estudio de las flores regionales y se hicieron viajes de investigación para el desarrollo de la botánica.[4]

Estas investigaciones también tuvieron su influencia en la agricultura. En la ciencia de la agricultura el libro Falahat An-Nabatiya de Ibn Wahshia no tuvo tanta importancia, pero el libro Al-Falaha de Ibn Awam, es un tratado extenso, detallado, científico y de alto valor profesional. Ibn Awam, que vivió en el siglo VI de hégira lunar en Ashbiliya —Sevilla— de Andalucía, tenía un interés especial por los asuntos de la agricultura. Este investigador habló de los diferentes tipos de barros, abonos, injertos y aguas, así como la manera de plantar árboles, de hacer cortes y traslados, cómo regarlos y otros asuntos relacionados; además del método en la preparación de conservas de frutas y la cría de ganado. En este libro, Ibn Awam plasma los resultados de experimentos, los cuales son interesantes con relación a las posibilidades de su época y quizás extrañas. Por ejemplo indica la circulación de la savia en la planta en sus órganos y aclara las diferencias de género (sexo) entre las plantas. También tiene una teoría de la fertilización artificial de las plantas y la existencia de la simpatía o la antipatía entre ellas. Además de la ciencia de la agricultura, en la cual los musulmanes fueron de sus precursores, es considerable la influencia que tuvieron en la familiarización de los europeos con algunas especies de árboles y plantas.[5] Los nombres de estos árboles y plantas en las lenguas europeas, todavía indican sus orígenes orientales. La flor “Tulipán” que se trasladó de Constantinopla a Europa en 1590, conservó su nombre turco como “Tulipe”. Y el melocotón, “Peche” y “Pfersisch” tiene aún su nombre antiguo persa, “Pesica” o “Pérsica”, así como el café que fue llevado a Europea por los otomanos, su forma de consumo se atribuye a Abul-Hasan Shazli, que aparentemente lo recomendó a sus discípulos como una receta para mantenerse despierto por las noches.

Se debe recordar que los musulmanes mientras hacían investigaciones en las plantas y las cualidades de la naturaleza, postularon innovadoras e interesantes teorías sobre la cosmovisión. En la llamada “Historia Natural”, las obras de Al-Yahiz,[6] Demiri y Qazwini, recuerdan las obras de Aristóteles y Plinio el Viejo. Al-Biruni y Avicena, también han mostrado su interés en estos asuntos, como lo demuestra la exactitud y la experiencia de ellos en sus libros, Ash-Shifa, Azar al-Baqiiah, Ma lil Hind, Al-Yamahir entre otros. En las tesis de Ijwan as-Safa,[7] existen dichos sobre los grados de la existencia, así como la cuestión de la influencia del medio ambiente en la creación de los seres vivos, la necesidad de la coincidencia de lo existente con el medio ambiente, y que en el orden de la existencia de los existentes en la Tierra, el ente inanimado tiene prioridad a la planta y la planta al animal.[8] También Al-Mas’udi,[9] el famoso historiador y viajero, Al-Biruni y Avicena, cada uno a su manera, creían que muchas partes del planeta tierra, donde hoy en día se encuentra mar, en algún momento fueron terrenos secos en la antigüedad. Al-Biruni dice que algunas costas de hoy —como la costa de Arabia Saudita y el valle de la India— en la antigüedad yacían en la profundidad del mar. El efecto de los medios naturales en la posición de la tierra tiene importancia ante Avicena y el dulce cuento que narra Qazwini en su libro Azar al-Bilad, es una prueba de esa observación. Friedrich Rückert, poeta alemán, lo adaptó en una agradable poesía. Es importante la atención que ponen Ijwan as-Safa y Al-Biruni en los fósiles de las criaturas marinas, por lo que de esta forma se demuestra cómo los musulmanes unos siglos antes del Renacimiento habían tratado este tema.[10] Sin duda, si las obras de Al-Biruni, —como las de Avicena— hubiesen llegado a Europa en la Edad Media, los europeos mucho antes habrían liderado el conocimiento experimental y el cálculo en algunos temas de la naturaleza.

Fuente: islamoriente.com

jueves, 18 de octubre de 2018

La olvidada historia de la mujer que lideró el 17 de octubre en Berisso


La olvidada historia de la mujer que lideró el 17 de octubre en Berisso

María Bernabitti fue la obrera de Swift que movilizó a una ciudad para lograr la libertad de Perón en 1945. Su nombre quedó olvidado en la historia, que siempre recordó a Cipriano Reyes. Era mujer en un mundo de hombres. Su hija Dora Roldán, cuenta su vida y su lucha

Por Eduardo Anguita17 de octubre de 2018
Por Daniel Cecchini17 de octubre de 2018


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Natalia María Bernabitti de Roldán, tenía 37 años y -aunque su historia haya quedado opacada por la sombra de Cipriano Reyes– fue la mujer que “hizo” el 17 de octubre de 1945 en Berisso


María tenía prohibida la entrada al frigorífico. La habían echado después de la huelga y no la querían ver ni cerca. Sin embargo, aquella mañana del 17 de octubre estaba dispuesta a entrar, como después decían los peronistas: caiga quien caiga y cueste lo que cueste.


El coronel Juan Domingo Perón llevaba cinco días detenido, primero en la isla Martín García y después en el Hospital Militar. Cipriano Reyes, jefe del Partido Laborista y referente de Perón estaba "guardado" en el campo de un amigo en Magdalena, para evitar que lo detuvieran.


La mayoría de los delegados de los frigoríficos Swift y Armour de Berisso habían sido capturados en varias redadas por la policía en los últimos días y los tenían incomunicados en una dependencia de la Prefectura, en el puerto.


María había zafado por ser mujer. Aunque esa mujer fuera la mano derecha de Cipriano Reyes y Perón confiara en ella al punto de delegarle personalmente más de una tarea. María había quedado sin trabajo por ser una de las obreras más combativas del Swift.



Esa mañana del 17 de octubre, sin saber que la fecha sería un parteaguas de la historia argentina, ella tenía apenas el apoyo de algunos hombres y varias mujeres bravas como ella. María tenía miedo, pero se había convencido de que la única manera de liberar a Perón era yendo en masa a Buenos Aires. Tenía miedo de que lo mataran.


-Lo tienen en el Hospital Militar y ahí le ponen una inyección y listo – decía María, inquieta, belicosa.


Los obreros de los frigoríficos la conocían y confiaban en ella. Por eso tenía que ir y hablarles, convencerlos de que salieran. Pero ni siquiera podía entrar. Entonces se le ocurrió una idea.


-Vos, Vicente, agarrá a cuatro o cinco hombres y hacés el que te peleás en la puerta del Swift. Agárrense a las piñas – le dijo a su marido.

María Bernabitti en su casa de Berisso


La maniobra de distracción dio resultado. Los dos vigilantes de la puerta abandonaron el puesto para ver qué pasaba y María se mandó para adentro.


-¡Lo van a matar a Perón, ¿qué están esperando?! – iba diciendo, sección por sección -. ¡Tenemos que ir a Buenos Aires!


-Pero, ¿y los delegados? – preguntó uno de los obreros.


-Los delegados están todos en cana, ¡vamos, vamos! – le gritó María.


Unos minutos después, una marea de obreros empezó a salir del frigorífico. Al frente de todos iba la mujer a la que todos -incluido el mismísimo Perón – llamaban simplemente María.


Su nombre completo era Natalia María Bernabitti de Roldán, tenía 37 años y -aunque su historia haya quedado opacada por la sombra de Cipriano Reyes– fue la mujer que "hizo" el 17 de octubre de 1945 en Berisso.


Hambre en el campo y en la ciudad


En su casa del Barrio Obrero de Berisso, Dora Roldán revive la historia para Infobae. Es una mujer baja pero enérgica, amante de la música, y una activa militante social, peronista de cabeza y de corazón. Es la hija de María y en 1945 tenía 14 años. Sus recuerdos son vívidos y su testimonio es de primera mano porque por entonces -como no tenía con quién dejarla – su madre la llevaba a todas partes.

María Bernabitti y su hija Dora Roldán


Cuenta que la familia –María, Vicente y sus tres hijos– llegó a Berisso en 1933, cuando ella tenía apenas dos años. Venían del campo, donde iban de estancia en estancia trabajando en las cosechas.


-Mi papá cosechaba y mi mamá, con otras mujeres, preparaba la comida para todos. Íbamos donde hubiera trabajo. Por eso mis hermanos y yo nacimos los tres en pueblos distintos – dice.


Su madre le contaba que habían decidido dejar el campo e ir a trabajar a los frigoríficos después de ver morir a un chico de hambre en una estancia cerca de Vedia sin que nadie pudiera ayudarlo. María pensaba que trabajando con la carne las cosas iban a mejorar, pero la realidad que encontraron con Vicente en Berisso fue muy diferente a la que habían tejido en sus ilusiones.


-Los frigoríficos en esa época sacrificaban mucho a la gente. A los rusos que habían venido escapando de la guerra los ponían en fila y agarraban a los más altos, los más grandotes, para trabajar. A los otros los sacaban con una manguera con agua, a los manguerazos, para que se fueran. A los grandotes les podían sacar más el jugo. A los hombres los podían meter en las cámaras frigoríficas. Les daban un cuarto de alcohol fino y los metían, con unas ropitas blancas, así nomás. Y muchos salían derecho al cementerio. Todo eso lo vio mi mamá, pero claro, lo vio una vez que estaba en una fábrica – cuenta.

Dora recuerda cada detalle de lo vivido junto a su madre en esa histórica jornada del 17 de octubre de 1945


Los obreros –hombres y mujeres- trabajaban con contratos por tres meses y después los despedían. Vicente trabajaba en la playa, donde mataban a los animales que llegaban en trenes y en camiones. Tenía que arrastrar medias reses hasta la sección donde se hacía la carne picada.


Los obreros estaban identificados por números y se anotaba en un cartel cuántos kilos había cargado cada hombre. Si no alcanzaban un piso, los suspendían. María trabajaba en la picada, despostando las medias reses. Los hombres ganaban 7 centavos por hora; las mujeres, menos. Apenas si les alcanzaba para sobrevivir y dormir bajo un mal techo. Carne no comían, salvo cuando María o Vicente podían robar un churrasco del frigorífico, a riesgo de perder el trabajo.


-Entonces vivíamos en un conventillo con mis hermanos mayores, en la calle Nueva York, acá en Berisso. Una pieza grande de madera, enfrente una cocinita chiquitita y en la punta una pileta grande donde había que hacer cola para lavar. El baño era a la turca, había que hacer cola también para ir. La dueña del conventillo nos tenía volando. Me acuerdo de que una vez toqué una planta, y la mujer me pegó con una varita en la mano y mi mamá la vio. Mi mamá, que era brava, la encaró y le dio flor de revolcada, parecían dos perros bulldog. Le pegó una paliza bárbara a la turca – recuerda Dora.

Las obreras en Swift durante la década del 40


Cuando el trabajo se cortaba los echaban del conventillo porque no podían pagar y tenían que buscarse otro techo. Para comer se las rebuscaban como podían. Cosechaban fruta de los árboles de la costa y Vicente pescaba anguilas que –dice Dora– tienen el mismo gusto que la merluza, y se metía en el río para pescar sábalos, que cocinaba con ajo y perejil, envueltos en un papel.


Dora y sus hermanos crecieron haciendo esa vida y nada parecía que pudiera cambiarla.


-Pero entonces se produjo el golpe del GOU y conocimos a Perón. Mis primeros zapatos los tuve en 1943, nunca había tenido otra cosa que un par de zapatillas – dice.


Perón fue, precisamente, quien lideró el Grupo de Oficiales Unidos (GOU) que estuvo detrás del golpe del 4 de junio de 1943 que destituyó al catamarqueño Ramón Castillo y terminó con la llamada Década Infame. El coronel Perón, en poco tiempo era secretario de Trabajo y Previsión Social, luego sumaría los cargos de ministro de Guerra y de vicepresidente de la Nación.


Perón, Cipriano y María


Para entonces, mientras Vicente trabajaba en la playa del Armour, donde ya era delegado de la sección, María seguía trozando carne en la Picada del Frigorífico Swift, donde se distinguía por su carácter combativo.

María junto a Cipriano Reyes


Fue Cipriano Reyes -líder del Partido Laborista, plataforma de despegue político de peró – quien le propuso que fuera delegada gremial y María aceptó sin dudar, apoyada por sus compañeras.


-Perón venía al Sindicato de la Carne a dar instrucciones y hablaba con la gente y les decía que tenía derechos, un lugar en la Tierra, que eran alguien. Yo lo vi y lo escuché varias veces, porque iba con mi mamá a todas partes – cuenta Dora.


También recuerda viajes a Buenos Aires para ir a ver al coronel a la Secretaría de Trabajo y Previsión Social.


-Mi mamá juntaba a las mujeres en una bañadera, como se les decía en aquel tiempo a los colectivos, y lo íbamos a ver. Era la única mujer sindicalista en ese momento, porque tenía una oratoria muy especial, que le venía de mi abuelo, que era un hombre que había venido de Italia porque lo corrió Mussolini – dice.

coronel Perón, Secretario de Trabajo y Previsión social


El coronel la respetaba porque era una organizadora nata, reconocida por los trabajadores de los frigoríficos y por la comunidad, pero también porque no tenía pelos en la lengua a la hora de exigir. No sólo hablaba de las condiciones de trabajo sino de dejar de vivir en conventillos


Dora recuerda uno de esos diálogos de María con Perón.


-Coronel, porque nosotros vivimos en un conventillo, no tenemos dónde bañarnos – le dijo María.


-Bueno, María, ya va a haber un baño – contestó Perón.


-No queremos baños, queremos casas, coronel.


Días después, Perón llegó a Berisso.


-Vino con una bandera grande. Había estado averiguando qué se podía hacer. En la calle 18 había un campo grande, largo, lisito, donde se hacían carreras de cuadreras.Puso la bandera ahí y empezaron a construir el Barrio Obrero – dice Dora.


A los tiros con las hordas comunistas


El incipiente armado de Perón y Cipriano Reyes en Berisso no sólo era resistido por las patronales de los frigoríficos sino también por el Partido Comunista que tenía una inserción nada desdeñable en los frigoríficos.


-Acá un señor llamado José Peter, era comunista, un tipo muy inteligente y muy luchador, pero con ideas de Rusia. Y nosotros éramos fanáticos peronistas, como lo seguimos siendo, porque el peronismo no es una política, no es un partido, el peronismo es un sentimiento agradecido a un hombre que nos dio todo -cuenta Dora.

Cipriano Reyes


Peter había armado un sindicato, la Federación de Obreros de la Industria de la Carne, y organizaba a la gente en los barrios. Dora recuerda que los comunistas no eran pocos entre sus vecinos y que en los frigoríficos también eran fuertes, y que eso preocupaba a Cipriano Reyes y a Perón. El enfrentamiento se iba agudizando y explotó cuando los comunistas organizaron un gran acto en el Cine Victoria, el más grande de Berisso.


Fermín Chávez y Carlino cuentan la historia de otra manera, les echan toda la culpa a los comunistas, pero no es así -relata Dora-. Yo vi cómo se preparó todo. Perón vino con dos autos uno o dos días antes del acto y trajo revólveres y cajas con balas. Cipriano estaba enfermo, así que no fue a esa reunión, pero sí estaban cuatro de sus hermanos. Perón reunió a mi mamá, a otra gente de Berisso, a mi viejo, les mostró los revólveres y les habló.


Casi 75 años después, en su casa del Barrio Obrero, Dora recuerda lo que les dijo Perón:


-Mañana no tiene que hablar Peter -dijo el coronel-. Tenemos que romperles el acto. Pero tiren para asustar, para dispersar, no tiren al cuerpo, no hagan macanas…


Dora le dice a Infobae que es como si todavía lo estuviera viendo a Perón, que cuando dijo "no hagan macanas" abrió los brazos en un gesto y entrecerró los ojos para enfatizar.

Maria Bernabitti de Roldan junto a sus nietos


Vicente iba a agarrar uno de los revólveres, pero María lo tomó de la manga y lo frenó:


-Dejá, Vicente, vos te venís conmigo, ¡qué vas a hacer con un revólver si no sabés tirar!


Lo que nadie sabía es que había un infiltrado en la reunión que dio aviso a Peter. Al día siguiente, cuando se apostaron en el bar frente al cine, los estaban esperando. Los que iban a sorprender resultaron sorprendidos por una lluvia de balas. Dos hermanos de Cipriano Reyes, Doralio y Tito, resultaron heridos. Doralio murió al día siguiente y Tito sobrevivió seis meses con una bala incrustada en la columna.


-Fue muy feo todo -dice Dora -, pero, eso sí, el acto no se hizo.


Dos días después, Perón vino a La Plata para el entierro de Doralio. En un momento llamó aparte a María y habló con ella.


-¿Qué te dijo? -le preguntó Vicente después, delante de Dora.


-Que no dijera que él había estado el día antes, que tenemos que decir que las hordas comunistas hirieron y mataron a uno de nuestros compañeros.


"Vaya y que le pague Perón"


El peronismo terminó de hacerse fuerte en Berisso con la huelga de tres meses a mediados de 1945. Dora recuerda que fue el propio Juan Domingo Perón quien la fogoneó.


-Vino a una reunión en Berisso y dijo: "No puede ser que ganen 7 centavos la hora, vamos a hacer una huelga". Duró tres meses la huelga, pero había un pueblo solidario. Me acuerdo de que desde los mataderos nos mandaban camiones con bofe, con patas, otra gente mandaba bolsas de harina, de yerba. Mi mamá, con las otras mujeres, hacía paquetes y los repartían. Así bancamos esos tres meses – dice.

Obreros de la fábrica Swift


Además del hambre, los huelguistas y sus familias debieron enfrentar a muchos obreros –sobre todo extranjeros– que querían ir a trabajar. Se organizaron para hacerlo.


-A los rusos, que habían venido de la guerra, no les interesaba el sindicalismo, ellos iban a trabajar. Caminaban por la calle Montevideo a la madrugada para entrar a los frigoríficos. Yo vi cómo mi viejo y otros, con los cuchillos filosos de las carneadas, los hacían volver. Nunca lastimaron a nadie y a muchos los terminaron convenciendo – relata Dora.


Dora también se refiere a las mujeres que no querían hacer huelga.


-También había que frenar a las carneras. Mi mamá y otras mujeres las agarraban, les bajaban los calzones y les llenaban el culo de brea. Entonces se tenían que volver a sus casas.

La fábrica Armour en 1945


La huelga se ganó y las condiciones de trabajo en los frigoríficos mejoraron de manera notable, pero a María, identificada como una de las cabecillas, la dejaron sin trabajo.


-La echaron enseguida. Me acuerdo de que vino a mi casa con un papel amarillo en la mano y le dijo a mi papá: "Me echaron a la mierda, Vicente. Me dijeron: 'Vaya y que le pague Perón'" – cuenta su hija-. Pero como triunfó la huelga, los obreros empezaron a ganar mucho más. Tanto, que mi mamá no necesitaba trabajar porque a mi papá le alcanzaba para mantener la casa. Por primera vez empezamos a vivir bien. Y entonces lo metieron preso a Perón.


Berisso se moviliza por Perón


El 12 de octubre de 1945 Berisso amaneció con la noticia de que Perón estaba preso y el sindicato clausurado. En pocas horas, casi todos los delegados de los frigoríficos fueron detenidos por la policía; los que escaparon a la redada debieron esconderse. Así y todo, empezó a organizarse la resistencia.

María en una reunión política en los años 70


-Nos reuníamos en distintas casas, porque había unos empresarios radicales que tenían un corralón, los Bassani, muy ricos, que les pagaron a unos policías con moto con sidecar para que tiraran gases lacrimógenos en las reuniones. Mi mamá se avivó y les dijo a las mujeres que cortaran sábanas o lo que tuvieran para contrarrestar los gases. Y nos reuníamos en casas distintas. A los hombres que enganchaban los metían presos, no en la comisaría sino en la Prefectura del puerto, para desbaratar la unión – cuenta Dora.


En la mañana del miércoles 17, la decisión estaba tomada: hay que marchar a Buenos Aires para liberar a Perón. Dora dice que María estaba obsesionada por la idea de que lo iban a matar con una inyección en el Hospital Militar.


-Tenemos que ir todos a Buenos Aires – arengaba.

María Bernabitti con Osvaldo Dragun, Maria Ibarreta y Fermin Chavez en Berisso


Dora la recuerda esa mañana, enérgica, decidida.


-No tenía miedo. Ya la habían metido presa varias veces. Cuando venía a casa alguna otra mujer a cocinar y a cuidarnos, yo ya sabía que la habían llevado presa – dice.


Los obreros de Swift convocados por María se unieron a otras columnas que marchaban hacia el Puente de Los Talas, en dirección a La Plata.


-Venía gente en carros de los montes, de las quintas y se subían a los camiones. O venían en la marcha. En Montevideo y Río de Janeiro los Bassani con sus policías quisieron frenarnos, y vi que mi papá y algunos hombres devolvían los gases. Al final pasamos la barrera. Después nos pararon en el Puente Roma. Otra bandita, y otra en la calle 122, pero más débil. Pero al final llegamos a La Plata. Un grupo dobló por la calle 1 y fue a la estación para subirse a los trenes que iban a Buenos Aires; otros fuimos, con mi mamá, a la Plaza San Martín, frente a la Casa de Gobierno.


Rosas policiales para María


La Plaza San Martín estaba colmada de gente, la mayoría venida de los suburbios y las localidades cercanas a La Plata. Los oradores gritaban que había que ir a Buenos Aires a defender a Perón. María fue la tercera en hablar.


-No sabés como habló. Habló de Perón, de la gente, del hambre de los chicos. Nunca más que un chico no coma, nunca más, decía. Y la gente gritaba y aplaudía. Era tremenda hablando – dice Dora.

María era una gran oradora. Cuando convocó a los obreros para marchar “babló de Perón, de la gente, del hambre de los chicos. Nunca más que un chico no coma, nunca más, decía. Y la gente gritaba y aplaudía”, recuerda su hija


También recuerda un gesto que, dice, nunca va a poder olvidar.


-Era octubre y en la plaza había unas rosas, unas rosas diferentes, con una hoja gorda, pocas espinas, tallo gordo, color bordó. Estaba lleno de policías, pero no pasó nada, vieron tanta gente… Yo estaba jugando ahí con la sobrina de Cipriano Reyes, Teté. Ya estábamos ahí. Entonces un policía me dice: "Qué lindo que habla esa señora", y yo le dije "es mi mamá". Y el policía cortó unas rosas de esas para que se las diera– cuenta orgullosa.


Cuando terminó de hablar, María buscó a su hija y le dijo que se iba a Buenos Aires, pero que ella y los otros chicos tenían que volverse a Berisso con una señora más grande que estaba con ellos. Dora vio alejarse a su madre y subir a un camión para ir a "liberar a Perón".


Lo demás es historia conocida


María Bernabitti murió el 6 de julio de 1989. Fue una de las principales impulsoras de la campaña por el voto femenino durante el primer gobierno de Perón. Siguió siendo amiga de Cipriano Reyes, aunque el dirigente laborista de distanció del peronismo. Hasta la muerte de María, Cipriano solía visitarla y Dora recuerda que era inevitable que repitieran el mismo diálogo:


-Perón me traicionó, María– decía Reyes.


-Dejate de embromar, Cipriano. Con todo lo que Perón hizo por nosotros y vos seguís con esas pavadas – era la invariable respuesta.


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