sábado, 17 de agosto de 2013

Los últimos años de un notable exiliado

Los últimos años de un notable exiliado

Autor: Felipe Pigna

El general que había liberado medio continente, vivía en su exilio europeo de la renta que le producía el alquiler de una casa en Buenos Aires y de la solidaridad de algunos amigos como el banquero Alejandro Aguado, quien lo ayudó a comprar una casa en Grand Bourg a siete kilómetros de París y le aseguró una vejez tranquila cediéndole parte de su fortuna, según lo cuenta San Martín: “Esta generosidad se ha extendido hasta después de su muerte, poniéndome a cubierto de la indigencia en lo porvenir”. Hacía tiempo que los gobiernos de Argentina, Chile y Perú no le pagaban puntualmente sus pensiones.

Así describía San Martín su vida en Francia: “Paso, en la opinión de estas gentes, por un verdadero cuáquero; no veo ni trato a persona viviente; Ocupo mis mañanas en la cultura de un pequeño jardín y en mi pequeño taller de carpintería; por la tarde salgo a paseo, y en las noches, en la lectura de algunos libros y papeles públicos; he aquí mi vida. Usted dirá que soy feliz; sí, mi amigo, verdaderamente lo soy. A pesar de esto ¿creerá usted si le aseguro que mi alma encuentra un vacío que existe en la misma felicidad? Y, ¿sabe usted cuál es? El no estar en Mendoza. Prefiero la vida que hacía en mi chacra a todas las ventajas que presenta la culta Europa.” 1

Benjamín Vicuña Mackena cuenta que el viejo general “se levantaba al alba. Siendo argentino, el general no hacía uso del mate en Europa, mas por una ingeniosa transacción con sus viejos hábitos se servía el té o el café en aquel utensilio y lo bebía con la bombilla de caña. La gran ocupación de San Martín era la lectura y sus libros favoritos pertenecían a la escuela filosófica del siglo XVIII, en cuyas ideas se había formado.” 2

El general seguía leyendo a Rousseau y a Voltaire, de quien prefería su “Enciclopedia filosófica” que había recomprado tras la donación de todos sus libros a la Biblioteca de Lima aquella que tuvo el gusto de fundar estampando su famosa frase: “Los días de estreno de los establecimientos de ilustración, son tan luctuosos para los tiranos como plausibles a los amantes de la libertad.”

Por momento cada tanto repasaba la carta que le había escrito al oriental Fructuoso Rivera, en la que respondía la pregunta que muchos argentinos de ayer y de hoy se hacían y se hacen: por qué no volvió el Libertador a la Argentina. Es necesario recordar que el general volvió a prestar sus servicios al país en las postrimerías de la guerra con el Brasil, pero al llegar se encontró con el dramático fusilamiento de su apreciado Dorrego a manos de Lavalle, dos oficiales del Ejército Libertador. Fue entonces cuando escribió aquella memorable carta: “Dos son las principales causas que me han decidido a privarme del consuelo de por ahora estar en mi patria: la primera, no mandar; la segunda, la convicción de no poder habitar mi país, como particular, en tiempos de convulsión, sin mezclarme en divisiones [...].Firme e inalterable en mi resolución de no mandar jamás. Si éste cree, algún día, que como soldado le puedo ser útil en una guerra extranjera (nunca contra mis compatriotas), yo le serviré con la lealtad que siempre lo he hecho.” 3

Juan Bautista Alberdi, que lo visitó el 14 de septiembre de 1843, lo notó por momentos melancólico y no podía terminar de creer la ingratitud de la clase dirigente de su patria para con el que llamaban su padre: El general San Martín habla a menudo de la América, en sus conversaciones íntimas, con el más animado placer: hombres, sucesos, escenas públicas y personales, todo lo recuerda con admirable exactitud. ¿Será posible que sus adioses de 1829 hayan de ser los últimos que deba dirigir a la América, el país de su cuna y de sus grandes hazañas?” 4

El general dispuso en su testamento que el sable que lo acompañó en todas sus campañas fuese entregado a don Juan Manuel de Rosas, por la satisfacción que tuvo “como argentino, por la firmeza con que aquel general sostuvo el honor de la república contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla.” Mantuvo una interesante y fluida correspondencia con don Juan Manuel a quien elogió reiteradamente por la decisión con la que manejó la política exterior y porque según le decía: “Ahora los gringos sabrán que los criollos no somos empanadas que se comen así nomás sin ningún trabajo.”

Los unitarios nunca le perdonarán estas palabras y su  cláusula testamentaria. Así se quejaba Valentín Alsina en una carta a su amigo Félix Frías: “Como militar fue intachable, un héroe; pero en lo demás era muy mal mirado de los enemigos de Rosas. Ha hecho un gran daño a nuestra causa con sus prevenciones, casi agrestes y serviles, contra el extranjero. Era de los que en la causa da América no ven más que la independencia del extranjero, sin importársele nada de la libertad y sus consecuencias. Nos ha dañado mucho fortificando allá y aquí la causa de Rosas, con sus opiniones y con su nombre; y todavía lega a un Rosas, tan luego, su, espada.” 5

El apoyo de San Martín a Rosas en su política exterior no lo convertía en rosista, como lo demuestra la carta a su amigo Gregorio Gómez: “Tú conoces mis sentimientos y por consiguiente yo no puedo aprobar la conducta del general Rosas cuando veo una persecución general contra los hombres más honrados de nuestro país; por otra parte el asesinato del doctor Maza me convence que el gobierno de Buenos Aires no se apoya sino en la violencia. A pesar de esto, yo no aprobaré jamás el que ningún hijo del país se una a una nación extranjera para humillar a su patria.” 6

El general era sobre todo un patriota y se refería en el último párrafo de su carta, sin demasiados eufemismos, a “los hijos del país” como Florencio Varela y Juan Lavalle que aprobaban desde Montevideo la invasión francesa contra nuestro país para terminar con el gobierno de Rosas.

También criticó la política religiosa de Rosas que incluyó el reestablecimiento de las relaciones con el Vaticano, rotas en 1810. Le decía el “santo de la espada” en una carta a su amigo y por entonces ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, Tomás Guido: “¿Están en su sana razón los representantes de la provincia para mandar entablar relaciones con la Corte de Roma en las actuales circunstancias? Yo creía que mi malhadado país no tenía que lidiar más que con los partidos, pero desgraciadamente veo que existe el del fanatismo, que no es un mal pequeño [...]. ¿Negociar con Roma? Dejen de amortizar el papel moneda y remitan un millón de pesos y conseguirán lo que quieran”. Seguidamente ironizaba sobre sus méritos para ser nombrado obispo de Buenos Aires: “Usted sabe mi profundo saber en latín; por consiguiente, esta ocasión me vendría de perilla para calzarme el Obispado de Buenos Aires, y por este medio no sólo redimiría todas mis culpas, sino que, aunque viejo, despacharía las penitentes con la misma caridad cristiana como lo haría el casto y virtuoso canónigo Navarro, de feliz memoria. Manos a la obra, mi buen amigo. Yo suministraré gratis a sus hijos el Santísimo Sacramento de la Confirmación sin contar mis oraciones por su alma, que no escasearán. Yo creo que la sola objeción que podrá oponerse para esa mamada es mi profesión; pero los santos más famosos del almanaque ¿no han sido militares? Un San Pablo, un San Martín, ¿no fueron soldados como yo y repartieron sendas cuchilladas sin que esto fuese un obstáculo para encasquetarse la Mitra? Admita usted la Santa bendición de su nuevo prelado, con la cual recibirá la gracia de que tanto necesita para libertarse de las pellejerías que le proporciona su empleo.” 7

Aquel 17 de agosto de 1850 amaneció nublado en Boulogne-sur-Mer. El general desayunó frugalmente y como siempre le pidió a Mercedes que le leyera los diarios. Tras el almuerzo sintió unos fuertes dolores de estómago. Fue llevado a su cama donde murió aproximadamente a las tres de la tarde.

En su testamento había prohibido que se le hiciera tipo alguno de funeral u homenaje. Sólo quería que su corazón descansara en Buenos Aires. Pero ya se sabe: en la Argentina los trámites son lentos y hubo que esperar treinta años para que se cumpliera la última voluntad del Libertador. Ocurrió el 28 de mayo de 1880, cuando el presidente Avellaneda y el ex presidente Sarmiento recibieron finalmente los restos del Libertador.

La demora injustificable quizás tuvo que ver con que a los poderosos de entonces, a los antihéroes, los perseguía la frase de don José: “En el último rincón de la tierra en que me halle estaré pronto a luchar por la libertad”.

Referencias:
1 Carta a Tomás Guido, en Bernardo González Arrili, Historia Argentina, Buenos Aires, Nobis, 1964.

2 Testimonio de Vicuña Mackena en Busaniche, San Martín vivo, Buenos Aires, Eudeba, 1965

3 Arturo CAPDEVILA, San Martín, el pensamiento vivo, Buenos Aires, Losada, 1950

4 Juan Bautista Alberdi, Viajes, Buenos Aires, Eudeba, 1973.

5 Carta de Valentín Alsina a Félix Frías, fechada en Montevideo el 9 de noviembre de 1850, en Capdevila, op. cit.

6 Carta de San Martín a Gregorio Gómez, fechada el 21 de septiembre de 1839, en Documentos para la historia del general San Martín, Instituto Nacional Sanmartiniano, Buenos Aires, 1954.

7 Carta de San Martín a Guido, fechada en Bruselas el 6 de abril de 1830, en A. J. Pérez Amuchástegui, Ideología y acción de San Martín, Buenos Aires, Edudeba, 1966.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar

 

 

jueves, 8 de agosto de 2013

RV: La UBA no paga salarios

 

 

De: Centro Cultural Alejandro Olmos [mailto:centroculturalalejandroolmos@gmail.com]
Enviado el: miércoles, 07 de agosto de 2013 04:27 p.m.
Asunto: La UBA no paga salarios

 

 

La Olmos

 

CENTRO CULTURAL ALEJANDRO OLMOS
en Convocatoria por la Liberación Nacional y Social

Secretaría de Prensa
Cervantes 50 - Villa Luro - Capital Federal
Tel.: 3535 - 2174

Correo: centroculturalalejandroolmos@gmail.com
Página: http://centroculturalalejandroolmos.blogspot.com

 

 

 

La UBA no paga salarios


por Anahí Cordero

El mal trato a los docentes que demuestra la Universidad de Buenos Aires (UBA) desde hace años es una muestra más del proceso de retroceso que vive la universidad publica en beneficio de la privatización de la educación.

Miles de docentes trabajan “ad honorem” todos los días cubriendo cientos de horas cátedra. Son docentes que no están nombrados, que ponen dinero de su bolsillo para ir a dar clase, que se pagan su propia capacitación, sus viáticos, sus materiales. Estos docentes carecen de salario, ART , obra social, no pueden acceder a becas ni ingresar al programa de investigación de la UBA. Todos estos docentes, la gran mayoría jóvenes, concurren con ganas de enseñar y especializarse para hacer una Universidad mejor, pero trabajan SIN SALARIO, ni viáticos ni remuneración alguna. La única gratificación que tienen es el ejercer su vocación y su amor por la educación y por la UBA.

Esas miles de personas son ignoradas por el Rectorado y el Consejo Superior que muy bien saben que de su existencia depende la supervivencia de la Universidad y por ello los denominan hipócritamente “docente no asignados”, algo así como trabajo esclavo”. Ni el Ministerio de Educación ni el Ministerio de Trabajo se hacen cargo de esta realidad: a ellos no les importa que estos MILES de docentes carezcan de todos los derechos que la Constitución y la Ley le brindan a todos los trabajadores.

La falta de recursos asignados a la educación por parte del Estado Nacional hace que la UBA cada vez baje más su nivel educativo de acuerdo a mediciones internacionales y que cada vez baje más la matrícula en sus sedes. Su planta docente se encuentra congelada, no permitiendo que las nuevas generaciones ingresen a la docencia y a la investigación.

Una Universidad que pretende la excelencia no puede degradar a sus profesores haciéndolos trabajar sin pagarles el salario que les corresponde. Es así como estos “ad-honorem” pueden llegar a estar hasta 10 años dando clase sin cobrar un solo peso de salario y sin poder acceder a becas e investigación, lo que hace que ante la falta de nombramientos se produzca la deserción de los mismos hacia Universidades privadas que pagan salarios o directamente abandonan la docencia, sintiendo una gran frustración. Desde AGD, gremio al que pertenezco como parte de la Mesa Directiva de Derecho, venimos luchando para la regularización de estos compañeros “ad-honorem” sin que seamos escuchados por el Rectorado y el Consejo Superior pone como excusa la falta de recursos y el incumplimiento de la ley 26.508 sin reconocer que la verdad es la falta de presupuesto asignada a la educación., situación que ellos consienten año a año.

El Ministerio de Educación reconoció esta precariedad y en 2007 abrió la primera etapa del PREDAH (programa de remuneraciones para la docencia ad honorem). Ante congelamiento de dicho programa, desde AGD estamos haciendo un relevamiento en cada una de las facultades de los docentes ad-honorem y exigiendo al Ministerio de Educación la apertura de una segunda etapa a fin de lograr que todos los docentes puedan obtener el cumplimiento de sus derechos laborales que es el PERCIBIR EL SALARIO QUE LES CORRESPONDE.

 

Mexico Solo? y el resto de america esta mejor?

 

 

De: juan domigo peronsosa [mailto:juanperonsosa@gmail.com]
Enviado el: jueves, 08 de agosto de 2013 05:39 a.m.
Lectura en vilo

 

Carlos Martínez García

 

 

Los datos son devastadores, reflejo del páramo educativo que predomina en todo el país: 50 por ciento de los estudiantes de bachillerato no comprenden lo que leen, según revelan datos de la prueba Evaluación Nacional de Logro Educativo en Centros Escolares (Enlace) 2013. Nunca han existido en México tantas campañas de promoción de la lectura, tantas ferias del libro por todo el territorio nacional, pero estamos peor que antes.

Las dolorosas cifras antes consignadas son el respaldo estadístico que fortalece la experiencia cotidiana de quienes nos dedicamos a tareas educativas con estudiantes de nivel universitario. Nunca es recomendable hacer normativa la experiencia personal, pero cuando esa experiencia se replica una y otra vez con distintos grupos de estudiantes de distintas generaciones, tal vez, entonces, las lecciones obtenidas apunten hacia un panorama generalizado.

La mitad de quienes cursan bachillerato no comprenden ni pueden explicar lo que leen. También el porcentaje de quienes tienen esas deficiencias en las distintas licenciaturas es muy alto. Es un escándalo afirmar que en la cúspide de la escolarización es muy común constatar que un amplio número de estudiantes están lejos de manejar la lectura de comprensión. Sin embargo, uno lo constata vez tras vez, curso tras curso. ¿Cómo llegaron a proseguir estudios universitarios, qué sucedió en los niveles anteriores que no les enseñaron a leer, a saber dialogar con un texto, a ser capaces de argumentar en pro y/o en contra de lo que leen?

Hace varios años, cuando me di a la tarea por tratar de comprender las deficiencias en la lectura de libros, revistas y periódicos entre la población estudiantil universitaria, me ayudó a comprender la situación una profesora de inglés con años de experiencia en la evaluación de alumnos que presentan exámenes en la UNAM para acreditar que poseen lectura de comprensión de una lengua extranjera.

Frente al elevado porcentaje de quienes no aprobaban el examen de algún idioma (la mayoría elegía inglés), y ante la búsqueda de una explicación para dársela a los estudiantes que presentaban varias veces la prueba sin avances significativos en cada intento, la profesora llegó a la conclusión de que el déficit no estaba en la incapacidad de los alumnos para entender la gramática y el vocabulario suficiente de inglés, francés o alemán, por ejemplo, sino que su problema estaba en que tampoco podían comprender lo que leían en español. El mundo lingüístico y semántico de esos estudiantes era muy estrecho en su lengua de origen, luego entonces trasladaban esa estrechez a un segundo idioma y los resultados eran muy predecibles. Imposible transitar por otros territorios idiomáticos si carecemos de brújula para caminar con seguridad por el nuestro. En palabras de Ludwig Wittgenstein: Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.

En un texto deslumbrante, Elogio (innecesario) de los libros, Carlos Monsiváis escribió que “gracias a la lectura, cada persona se multiplica a lo largo del día. El impulso del personaje de un relato, de una atmósfera literaria, de un poema, renueva y vigoriza las opiniones morales y políticas, vuelve por una hora un poeta o un narrador al que complementa con imaginación lo leído, ayuda a situarse ante el horizonte científico o social, vigoriza el sentido idiomático. Así sea a contracorriente de algunos textos, la lectura es el ingreso a la racionalidad, la fantasía, la grandeza de los idiomas, el don de extraer universos de la combinación de las palabras. Lo afirma Borges, que ya lo dijo todo con tal de volvernos su sistema de ecos: ‘No vivo para leer, leo para vivir’”.

En el desastre de la lectura en México la salida fácil es culpabilizar a los estudiantes de sus propias deficiencias. Ellos y ellas son el resultado de un sistema educativo prohijado por décadas. El problema está en las estructuras del país. ¿Cómo esperar resultados crecientemente mejores si todo parece estar organizado para negarle al estudiantado herramientas materiales y cognoscitivas que le permitan comprender y transformar su mundo?

El desdén por contagiar el deseo constante de aprender bien a los estudiantes es fehaciente cuando en la Secretaría de Educación Pública tuvieron cabida quienes prohijaron libros de texto para la educación básica con 117 errores ortográficos. Los 238 millones de ejemplares de libros de texto gratuitos contienen también falsedades geográficas (nota de Karina Avilés, La Jornada, 6/8). La mala ortografía de los libros de texto será corregida para la edición del próximo año escolar por integrantes de la Academia Mexicana de la Lengua. Similar tarea de corrección van a realizar con placas de monumentos y pinturas, en las que invariablemente están ausentes los acentos donde corresponden porque como lo escrito en cada placa está todo en mayúsculas, alguien siguió la consigna de que las mayúsculas no se acentúan. Vicio que está muy diseminado en México.

En nuestro país tenemos los recursos, y no me refiero nada más a los financieros, para salir del marasmo educativo. Mucho del gasto en el ramo se ha ido en corruptelas y obras fastuosas que no beneficiaron a la población estudiantil (como la onerosa e ineficaz Enciclomedia de Vicente Fox). Con lo que tenemos se pueden tener más y mejores logros, siempre y cuando en las instancias que toman las decisiones haya verdadero interés por la educación de la niñez y juventud de la nación.

Es imposible contagiar un hábito que no se tiene, es más eficaz que los programas de estímulo a la lectura estén en manos y corazones de quienes aman leer que bajo la administración burocrática de políticos que tal hábito les resulta ajeno y exótico.

 



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El poder de infección por la corrupción es más letal que el de las pestes
 (Augusto Roa Bastos, 1917 – 2005)

Luego valgan entonces como despedida y cierre, estos versos del tal Quevedo: “Tres brazos tenía un ladrón / y mientras el uno hurtaba, / de los otros dos juntaba / las manos en oración”.

domingo, 4 de agosto de 2013

¿Una acción militar de EU en América del Sur?

De: juan domigo peronsosa [mailto:juanperonsosa@gmail.com]
Enviado el: domingo, 04 de agosto de 2013 01:41 p.m.

¿Una acción militar de EU en América del Sur?

Raúl Zibechi

La última edición de la Revista de Anticipación Política-MAP, publicada por el Laboratorio Europeo de Anticipación Política (Leap), está en gran parte dedicada al análisis de las tendencias regionales en América del Sur entre 2012 y 2016. El capítulo dedicado al tema tiene un título sugerente: Incertidumbre entre dominación estadunidense e independencia regional.

La publicación sostiene que el actual escenario regional e internacional presenta condiciones excepcionales para que Suramérica se constituya en una región geopolíticamente soberana, luego del fracaso del Consenso de Washington y de la estrategia de integración orientada por Estado Unidos a través del ALCA. Analiza brevemente la política estadunidense de construir una alianza con sus aliados del Pacífico, con el objetivo de crear una barrera que podría dificultar las relaciones comerciales con Asia a los países de la zona del Atlántico.

El punto álgido del análisis es el militar. Los analistas del Leap sostienen que América del Sur debe prepararse para una posible acción militar estadunidense, país que está militarizando el territorio latinoamericano para fortalecer su posición de dominio. El think tank geopolítico europeo, cercano al presidente François Hollande, se detiene en la creciente presencia militar del Comando Sur en la región y concluye que con el éxito del golpe institucional en Paraguay contra Fernando Lugo, Estados Unidos ha consolidado su poder militar en el corazón de países del Unasur.

La convicción de que la superpotencia en decadencia pretende recolonizar la región recurriendo a acciones militares no es novedosa, salvo por el hecho de provenir de un importante centro europeo y por llevar los análisis hasta las últimas consecuencias. El hombre siempre ha utilizado las armas que ha desarrollado, y el mundo acostumbra a salir de las crisis sistémicas con una gran guerra, después de la cual se dan las condiciones para el nuevo orden, son dos de las ideas-guías de ese análisis.

Surgen de inmediato dos preguntas. ¿Está la región preparada para enfrentar una acción militar recolonizadora del Pentágono? ¿Cómo imaginamos, y cómo nos preparamos para la transición a un mundo nuevo, quizá sólo multipolar, ojalá también socialista?

La primera respuesta es que aún no están dadas las condiciones para enfrentar, como región, a Estados Unidos. Sólo Brasil y Venezuela tienen conciencia de las dificultades que vendrán en el futuro inmediato y se están preparando para ello, según las capacidades de cada cual. Brasil se dotó de una Estrategia Nacional de Defensa bajo el segundo gobierno de Lula; está procediendo a revitalizar su industria militar y a construir los medios necesarios para su defensa, incluyendo, como ya se ha dicho en esta columna, la construcción de submarinos nucleares.

Sin embargo, tropieza con algunas dificultades y limitaciones. La nueva postergación de la compra de cazas de última generación, proceso que ya lleva dos décadas, y sobre todo la reciente inclinación por los F-18 de Boeing en vez de los franceses Rafale, revela cómo las presiones de la Casa Blanca consiguen resultados en países que parecían firmes en sus decisiones.

Como se sabe, Venezuela también ha dado pasos importantes para defenderse de eventuales acciones militares pero sigue estando en el ojo del huracán desestabilizador de Washington y las derechas regionales. En los demás países predomina o bien un claro alineamiento con la política del Pentágono (casos de Chile, Colombia, Perú y ahora también Paraguay) o posiciones ambiguas como las de Uruguay. En todo caso, en la mayor parte de los gobiernos de la región prevalece la convicción de que no habrá que enfrentar situaciones extremas.

La segunda pregunta sigue requiriendo un debate estratégico sobre cómo prevemos la llegada de los cambios y cómo nos preparamos para hacerlos realidad. En este punto se impone una reflexión lateral: los cambios de verdad, los que se relacionan con abrir el escenario político a nuevas relaciones sociales, a nuevas formas de poder y por lo tanto a una nueva sociedad, no vendrán de los gobiernos sino de los abajos, de la gente común organizada en movimientos.

Lo contrario no puede ser sino la continuidad de la opresión bajo otras formas. ¿Hemos aprendido algo de las revoluciones independentistas que sólo cambiaron las élites y dejaron sin tocar las relaciones sociales y de poder? En un texto luminoso, El problema primario del Perú, José Carlos Mariátegui sostuvo: La república ha significado para los indios la ascensión de una nueva clase dominante que se ha apropiado sistemáticamente de sus tierras. Fue más lejos y aseguró que el virreinato fue menos culpable de la situación del indio que los republicanos que los adormecieron al inscribir demagógicamente sus demandas en un programa que nunca cumplieron.

Así las cosas, surge el tercer problema: prepararnos para un futuro de guerras y confrontaciones impuestas por el imperio y las clases dominantes supone, en primer lugar, construir la convicción subjetiva de la inevitabilidad de estos escenarios. Un análisis que incluya como eje central la preparación de fuerzas para esa eventualidad, que no se reduce a una cuestión sólo militar sino implica algo más profundo y previo: la disposición anímica, que pasa por una ética de no involucrarse con los de arriba, se llamen burguesía, Estado, medios de la derecha u ONG.

Desde este punto de vista, en América del Sur estamos aún muy lejos. En la medida en que no tenemos recetas prontas para aplicar sobre cómo hacer y qué rumbos tomar, los ejemplos y referencias pueden ser de enorme ayuda. Esos hombres, esas mujeres y esos niños que el 21 de diciembre levantaron el puño en silencio en cinco ciudades de Chiapas nos muestran el estado anímico y organizativo necesarios para afrontar este periodo histórico. Escuchémonos a nosotros, bien adentro, para identificar lo que nos falta.

lunes, 15 de julio de 2013

¿ORIGEN MUSULMAN DE LOS ARGENTINOS?

¿ORIGEN MUSULMAN DE LOS ARGENTINOS?

'Ali Pagés

 

2 de mayo de 2013 a la(s) 12:53

 

 

El título es provocativo, pero hablar de origen "moro" sería darle un giro étnico que los mismos musulmanes de al-Andaluz (la Andalucía musulmana) no tenían, pues la mayoría eran visigodos convertidos al islam, de raza europea. Los primeros inmigrantes llegados de España a nuestras tierras, los gauchos, eran musulmanes de Andalucía forzados a la conversión, o bien sus descendientes.

Esta tesis que durante tanto tiempo ha encontrado resistencia en nuestro medio, resulta casi evidente cuando se observa desprejuiciadamente y las coincidencias empiezan a brotar por doquier. Obviamente, este hecho histórico resulta difícil de probar con papeles, como muchas otras cosas. Fue una emigración clandestina, negada por la cultura oficial y olvidada. Pero los indicios son abrumadores. En la gastronomía: La empanada, exactamente igual a su simil árabe (una empanada salteña no se diferencia de la receta popular tunecina); la ausencia total del cerdo en la comida del gaucho, siendo el tocino central en la gastronomía española, no se lo encuentra en guisos y empanadas, bajo el pretexto de que "hace mal" (en cambio sí se encuentra en la gastronomía peruana, por ejemplo). En la vestimenta: Toda la vestimenta del gaucho; las bombachas, la faja alrededor de la cintura, la chaqueta, el pañuelo bajo el sombrero, son copia de la vestimenta árabe y andaluza. En las costumbres: La forma de enjaezar, adornar el caballo y domarlo, de hacer lazos, algunas decoraciones arquitectónicas simples de las viviendas como el ladrillo cruzado al frente, el infaltable pozo o aljibe junto al rancho, la filosofía de vida ecuestre. En la artesanía: similares decoraciones taraceadas en monturas y prendas, también influencias en la artesanía en plata. En la pronunciación: la ye rioplatense y la ese, típicas de nosotros y de la pronunciación árabe andaluza. En la música: la milonga (una guajira cubana "aflamencada" en Andalucía), y algunos otros ritmos. En el idioma: si bien es más general, hay muchas palabras españolas de origen árabe muy vinculadas al gaucho: Alpargata (de al-bargat, zapatilla), "jagüel" usada en lugar del español "pozo", para el aljibe, y la misma palabra gaucho, de la que se han sugerido muchos orígenes posibles, pero que deriva muy probablemente de "chauch", palabra que en árabe designa al conductor de ganados o vaquero. En andalucía aún se usaba en el siglo XX la palabra "chaucho".
A partir del 1500 en adelante, los "moros" o musulmanes andaluces se ven obligados a convertirse o exiliarse. La tierra de Andalucía había sido la sede de una de las civilizaciones más notables de las tierras islámicas, la cual había dado grandes filósofos (Averroes), científicos y místicos (Ibn Arabi) durante 800 años. O sea, el doble de tiempo que el que sus descendientes españoles iban a estar asentados en el Río de la Plata...
El exilio al norte de África no era una opción facil. ¿Dónde fueron esos "moros"? La identidad española se funda sobre el mismo acto de expulsión de moros y judíos de la península, por ello es que seguramente el destino de estos exhiliados no fue objeto de estudios, y su registro se ha perdido. Pero puede teorizarse que muchos encontraron acogida en las comunidades gitanas (que por esa razón terminó siendo una de las más grandes del mundo), donde crearon el flamenco. Otros se asimilaron a la sociedad cristiana. Sin embargo estos moriscos continuaron viviendo en los mismos barrios y ocupando un lugar bastante marginal en la sociedad. Por eso el exhilio a América buscando nuevas oportunidades fue una opción para la siguiente generación. El Río de la Plata era un destino poco vigilado. Tal vez la desconfianza a la autoridad que exhibe el gaucho independiente de nuestras pampas, arquetipo de la argentinidad, esté enraizada en este origen de marginados.
Aquí, cristianos viejos y nuevos se unirían en una sola cultura de pertenencia de frente al nativo: el indio. El gaucho de la pampa permanecería hispano de raza, aunque tomaría algunas costumbres del indígena; pero no tantas, pues la distancia cultural era mayor (el mate, la guarda pampa, etc.) En el resto del pais ocurriría un mestizaje con el indio, que constituye el 50% de nuestra base étnica.
No pretendemos negar aquí nuestra herencia cultural española, que durante 400 años aglutinó y forjó la identidad criolla. Paradójicamente, esa herencia hispana deberá en el siglo XIX ser defendida para no perderse frente a las modas francesas o inglesas... Pero esa rica identidad española también tuvo muchas influencias, entre ellas principalmente la de la civilización de al-Andaluz, que legaría a Europa entera gran parte de su acervo cultural, y se presentaría de manera directa, a nivel popular, en las costumbres y el espíritu de nuestras tierras.
En nuestro continente, verdadero crisol como siempre se ha dicho, se encontraron tres continentes: la europa latina, el negro africano y el indio. Es más, ese mismo indio nativo tiene orígenes diversos, igualmente poco explorados y sorprendentes: A la base probable de inmigración asiática/siberiana a través del estrecho de Bering, se unen una posible inmigración japonesa en Perú, polinesia en Chile y Argentina, africana entre los olmecas, y otras más extrañas aún. Los orígenes de América son plurales y misteriosos desde el comienzo, creando un substrato que alimentará y sobre el que se imprimirá la cultura hispana, la cual también es, ella misma, el resultado de aportes muy diversos (autóctonos vascos, celtas, romanos). Posteriormente, sobre esa base, se sumarían otras inmigraciones europeas (la italiana). El resultado es nuestra cultura latinoamericana, con sus variantes según la predominancia local de los diversos pueblos. Pero entre todos estos aportes misteriosos, el menos conocido y la más negado, es el origen evidente de nuestro gaucho en las centenarias tierras islámicas de Al-Andaluz.

Rectificando el título, diremos que este es un origen "en tierras musulmanas", ya que el islam es una religión, doctrina y modo de vida que se perdió. El islam, contra lo que se suele creer y ver desde Europa, no se presenta a sí mismo como ligado a alguna costumbre o raza en particular, sino como un credo universal. Aquí sólo quedaron algunas costumbres, algunas de ellas circunstanciales, y una vinculación desconocida por los primeros inmigrantes sirio-libaneses del siglo XX, que tampoco asentarían su religión en ese momento. Pero esa idiosincracia subyacente en estratos de nuestra cultura, resurgirá en mucho del modo de vida del gaucho, en muchos rasgos de nuestro comportamiento social (la relación con la familia, con los amigos) y nuestra visión del mundo, sutiles pero visibles para algunos cuando se hacen algunas comparaciones con otras sociedades.

 

sábado, 13 de julio de 2013

Juana de América

 

Juana de América

 

Un 12 de julio de 1780 nacía Juana Azurduy

 

Por Alberto Lapolla

 

La Guerrillera de la Libertad

 

 

Francisco de Miranda murió en las mazmorras de Fernando VII en Cádiz. Mariano Moreno fue envenenado por el capitán de un barco británico y su cadáver arrojado al mar, anticipando un destino recurrente para los revolucionarios argentinos. Manuel Belgrano murió en la pobreza en 1820, cuando aún la América necesitaba de sus inigualables servicios. Todavía no se habían cumplido ocho años de que hubiera salvado a la Revolución continental en Tucumán. Bolívar murió solo, perseguido por facciones oligárquicas que combatían su proyecto de unidad continental, expresando con amargura "he sembrado en el viento y arado en el mar." Bernardo O’Higginns fue desterrado y perseguido luego de luchar toda su vida por la libertad americana. Monteagudo fue apuñalado en una oscura calle de Lima. Dorrego fue fusilado sin juicio alguno -por instigación de Rivadavia- por su antiguo compañero de mil batallas, "el sable sin cabeza", el genocida Juan Galo de Lavalle. Juan J. Castelli el "orador supremo de la Revolución", quien destruyera los argumentos realistas en mayo de 1810, el jefe del ejército libertador americano que más cerca estuvo de llegar a Lima y destruir de un golpe el poder imperial español, antes de la llegada de San Martín, murió con su lengua cortada, preso y perseguido. Apenas dos días antes San Martín, Alvear y su discípulo Monteagudo acababan de desalojar al gobierno contrarrevolucionario de Rivadavia y el Primer Triunvirato, retomando la senda de Moreno y la Revolución. En este marco de ingratitud caída sobre nuestros revolucionarios, aquellos que nos dieron la libertad y produjeron la más grande de las revoluciones del mundo occidental del siglo XIX, no es de extrañar que Juana Azurduy, la mayor guerrera de América, ‘Juana de América’ -en un continente que hizo de la resistencia su identidad-, terminara sus días como una mendiga miserable en la calles de Chuquisaca habitando un rancho de paja.

 

Juana Azurduy y su esposo el prócer americano Manuel Ascencio Padilla, son los máximos héroes de la libertad del Alto Perú y por ende de nuestra libertad como americanos y como provincia argentina de la gran nación americana. Sólo la ignominia que aún campea sobre nuestra historia y sobre sus mejores hijos, hace que la República de Bolivia -escindida de la gran nación rioplatense, por el elitismo sin par de los ejércitos porteños que desfilaron, saquearon, defeccionaron y abandonaron el Alto Perú, a excepción del general Belgrano y por las apetencias oligárquicas- no considere a Juana y a su esposo el Coronel Padilla, como sus máximos héroes, y sí rinda honores al mariscal Santa Cruz uno de los generales realistas que reprimió la Revolución de La Paz de 1809, y que se pasó a las filas patriotas al final de la guerra de la Independencia. Fue el propio Bolívar quien al visitar a Doña Juana -ya destruida por las muertes de los suyos, el olvido de sus conciudadanos y el saqueo de sus bienes- le expresara ante la sorpresa de sus compatriotas, que Bolivia no debía llevar su nombre sino el de Padilla, su mayor jefe revolucionario. Pero los adulones destruyen las revoluciones.

 

El Alto Perú tierra india Juana Azurduy -junto a su esposo- simbolizan lo mejor de la revolución americana, lo popular y lo indio de nuestra gesta emancipadora. Combatieron por la libertad del Alto Perú -por entonces parte del Virreinato del Río de la Plata primero y de las Provincias Unidas después- desde la revolución de Chuquisaca y la Paz en 1809 -que fueran ahogadas en sangre desde Lima y Buenos Aires. Y en particular guerrrearon sin descanso y sin cuartel desde el grito de libertad del 25 de mayo de 1810. Ellos y los 105 caudillos indios y gauchos como Vicente Camargo, el Cacique Buscay, el Coronel Warnes, el padre Muñecas, Francisco Uriondo, Angulo, Zelaya, el Marqués de Tojo, el Marqués de Yavi, José Miguel Lanza, Esquivel, Méndez, Jacinto Cueto, el indio Lira, Mendieta, Fuente Zerna, Mateo Ramírez y Avilés entre muchos otros, junto a Güemes en Salta, fueron quienes impidieron que luego de las sucesivas derrotas de los ejércitos porteños al Norte, los realistas pudieran avanzar sobre Buenos Aires y destruyeran la revolución. Juana y Padilla eran oriundos de Chuquisaca -también llamada La Plata o Charcas- sede de la universidad. Allí estudiaron -y conspiraron- Mariano Moreno, Juan José Castelli y Bernardo de Monteagudo. Castelli, ya jefe del ejército del Norte, se hospedó en la casa de Padilla en su marcha hacia La Paz. Moreno era abogado defensor de indios pobres y perseguidos en el estudio del doctor Gascón en Chuquisaca. Allí contactó con el movimiento revolucionario. Juana nació en 1780, el año en que Túpac Amaru lanzó su revolución indígena que casi liquida al poder español. Sería el mismo favorito -de la reina- Godoy, quien señalara que la rebelión de Túpac estuvo a punto de quitarle a España los virreinatos del Perú y del Plata. Esa rebelión ahogada en la sangre de los cien mil indios ajusticiados por la represión genocida española y en los gritos del suplicio del gran Túpac, su esposa Micaela Bastidas Puyucawa y sus hijos, abrió el camino de la libertad pese a su derrota. El ejemplo del Inca Condorcanqui no podía sino conmover hasta los tuétanos el corazón de la América del Sur, del cual el Alto Perú y el Perú eran su núcleo principal de población original, con culturas profundas y altivas. Nada sería igual después de la rebelión de Túpac: ni el dominio español ni la resistencia americana. La generación posterior a su derrota, sabría vengar su suplicio y expulsaría a los criminales españoles por mucho tiempo -por lo menos hasta la llegada del Traidor Carlos Saúl I, ya al final del siglo XX. Es así que el sol de nuestra bandera es el glorioso sol de los incas y de Túpac Amaru.

 

La historia oficial argentina prefirió olvidar a los gloriosos revolucionarios del Alto Perú, por dos razones. Primero porque debido a las infamias cometidas por los ejércitos porteños, lograda su independencia en 1825 -y tal cual dejó entrever Ascencio Padilla en la carta que envió al fugitivo Rondeau- el Alto Perú decidió independizarse no sólo de España, sino también de Buenos Aires. Pasaría a llamarse Bolívar primero y Bolivia después, pese a la oposición del Libertador que comprendía que así ambas naciones perdían, pero el Alto Perú perdía más. La medida a su vez profundizaba la balcanización de la América unida que Gran Bretaña piloteaba a toda máquina apoyada en los Rivadavia y García de cada ciudad-puerto del continente. La segunda razón del olvido altoperuano en la historia argentina, obedece a razones más abyectas. La guerra del alto Perú es esencialmente una guerra de indios, de caudillos, de gauchos, de los patriotas de a caballo, del pueblo puro de América. Ese mismo pueblo que las tropas porteñas destruirían una y otra vez en la Banda Oriental, en el litoral o en el interior y finalmente en el Paraguay. Además eran guerrilleros, caudillos militares y habían ganado su grados -Manuel Ascencio Padilla fue designado Coronel del ejército del Norte cuando su cabeza estaba ya clavada en una pica. Juana Azurduy fue nombrada Teniente Coronel del ejército argentino a pedido de Manuel Belgrano- en el combate. Reivindicar su memoria para la historia oficial es nombrar lo innombrable. Lo gaucho. La "barbarie" de Sarmiento, la lucha de los pobres. Reconocer que los indios, los gauchos, los negros, los esclavos, los mestizos no eran inferiores sino que por el contrario, lucharon con mayor tenacidad y desprendimiento que la clase culta porteña por la libertad. Reconocerlo es negar el papel rector de Buenos Aires en el destino americano que inventó el partido unitario -y luego mitrista- y tanto daño hizo a la causa americana. Mejor es olvidar. "No sólo son bolivianos -‘bolitas’- además son indios, negros, matacos –monos".

 

Era verdad como demostraría San Martín que por el Alto Perú no se podía llegar a Lima, pero Buenos Aires con la historia oficial oculta algo más grave que explica el suplicio de la población altoperuana, jujeña y salteña entregada a la represión genocida española. Buenos Aires pudo haber liberado un gran ejército que tuvo combatiendo largo tiempo en la Banda Oriental para auxilio de los pueblos del Norte. Sólo debía reconocer -tal cual lo planteó Moreno en su Plan Revolucionario- que Artigas debía comandar la guerra por la liberación de la Banda Oriental, con sus gauchos y su pueblo, del cual era el jefe natural. Pero eso era inadmisible para la elitista y exclusionista clase mercantil porteña. En lugar de eso prefirieron entregar la Banda Oriental, primero a Portugal -se lo propusieron en secreto Alvear, Alvárez Thomas y Pueyrredón- y luego aceptaron su "independencia" colonial británica, que lograba así crear otro Estado en la boca del Plata, impidiendo que la Argentina tuviera el exclusivo control de los ríos de la Cuenca. Esa y no otra fue la causa de todas las guerras contra Rosas, Caseros incluida. Cualquier cosa antes de aceptar que los gauchos se manden a sí mismos o peor aún que "nos manden". Con sólo enviar esas tropas al Alto Perú y estacionarlas en Potosí -como señalaron Belgrano y San Martín- mientras se preparaba el cruce de los Andes, el pueblo boliviano habría sido salvado de sufrir lo indecible.

 

Juana Azurduy es la Revolución, es el pueblo en armas, son las mujeres del pueblo en armas, que pelean junto a los hombres, igual o mejor que ellos, que los mandan. Mujeres y hombres que destruyen ejércitos completos, superiores en número y armamento. Armados con hondas, macanas, lanzas, boleadoras, a fuerza de coraje y fiereza. Coraje y fiereza que dan la decisión de luchar hasta el fin por la libertad, por la justicia contra la opresión y el sometimiento de los semejantes. Luego del asesinato de su esposo y de varios de los principales jefes guerrilleros, Juana bajó a Salta y combatió junto a Güemes, quien la protegió y le dio el lugar correspondiente. Luego del asesinato de Güemes en 1821, Juana entró en una profunda depresión. En 1825 solicitó auxilio económico al gobierno argentino para retornar a Chuiquisaca. La respuesta del gobierno salteño resultó indignante, apenas le otorgó ‘50 pesos y cuatro mulas’ para llegar a la ‘nueva nación de Bolivia’. Doña Juana murió a los 82 años en la mayor pobreza. "Juana avanzaba casi en línea recta, rodeada por sus feroces amazonas descargando su sable a diestra y siniestra, matando e hiriendo. Cuando llegó a donde quería llegar, junto al abanderado de las fuerzas enemigas, sudorosa y sangrante, lo atravesó con un vigoroso envión de su sable, lo derribó de su caballo y estirándose hacia el suelo aferrada del pomo de su montura conquistó la enseña del reino de España que llevaba los lauros de los triunfos realistas en Puno, Cuzco, Arequipa y La Paz."

 

[Publicado en Lilith, marzo 2005]

 

+info: http://www.elortiba.org/azurduy.html

 

 

 

domingo, 7 de julio de 2013

La conexión nuclear secreta argentinoisraelí

CONTRATAPA

La conexión nuclear secreta argentinoisraelí

 

 

 Por Juan Gelman

Ocurrió en el período 1963-1966: Israel adquirió a Argentina mediante un pacto secreto de 80 a 100 toneladas de óxido de uranio concentrado para continuar con su proyecto nuclear. El óxido de uranio, debidamente procesado, se utiliza para alimentar los reactores nucleares que permiten producir la bomba. Esta información, basada en documentos de la época, fue dada a conocer la semana pasada por primera vez. El Archivo Nacional de Seguridad de EE.UU. (www.gwu.edu), el Proyecto de historia de la proliferación nuclear internacional y el Centro James Martin de estudios contra la proliferación nuclear (//cns.miis.edu) la dieron a conocer conjuntamente.

La operación se llevó a cabo bajo el gobierno del presidente radical Arturo Illia (12-10-63 a 28-6-66), quien fue elegido con el peronismo proscripto, y la concretó el entonces almirante Oscar A. Quihillalt, director de la Comisión Nacional de Energía Nuclear. A comienzos de los ’60 Argentina contaba ya con dos reactores de investigación y planeaba la construcción de un reactor capaz de proporcionar energía eléctrica. El óxido de uranio es esencial para su funcionamiento.

El propósito israelí de convertirse en un país nuclear se remonta a su creación. En 1949-50, Israel realizó estudios geológicos para determinar en qué medida se podía extraer uranio de los depósitos de fosfato del Néguev. En los ’50 y comienzos de los ‘60 exploró la viabilidad de esa opción, la descartó por demasiado costosa y comenzó la búsqueda de abastecedores extranjeros.

El primero que halló fue Francia, que además construyó la central de Dimona en el desierto del Néguev a 35 km al oeste del Mar Muerto. París se convirtió en proveedor de elementos nucleares a Israel, ignorando que bajo las instalaciones construidas los israelíes habían excavado un vasto sótano de investigación nuclear, pero en 1963 prohibió esas exportaciones. Israel no se arredró, buscó en otros países, como Sudáfrica y Gabón, y el conocimiento público, hoy detallado, de las compras de óxido de uranio a la Argentina arroja cierta luz sobre el oscuro proceso de cómo, de manera decididamente secreta, Israel consiguió materiales para su programa nuclear.

Los servicios secretos de Canadá detectaron la operación y vacilaron antes de compartirla con EE.UU., que fuentes de su embajada en Buenos Aires corroboraron. En 1964, revelan los documentos, funcionarios estadounidenses trataron de persuadir a Argentina de que aplicara restricciones severas a las futuras exportaciones de uranio, pero no se concertó ningún acuerdo. A esas alturas, EE.UU., Canadá, Gran Bretaña y hasta la ex URSS tenían sospechas fundadas de que Israel perseguía la obtención de armas nucleares. ¿Qué hicieron las grandes potencias? Muy poco: enviaron expertos a Dimona que no encontraron nada pero a quienes se les prohibió el ingreso a una extensa instalación.

Alan Goodison, funcionario del Foreign Office, envió el 29 de abril de 1964 una carta –calificada de “secreta”– a Arthur Kellas, consejero de la embajada británica en Tel Aviv, informándole que “Israel y Argentina firmaron un acuerdo de venta a Israel de toda la producción argentina de uranio concentrado que entrañaba el envío de 80-100 toneladas en 33 meses” y señalando que Israel poseía ya la capacidad de reprocesar plutonio y de obtener el suficiente para construir armas nucleares, “la ansiedad (israelí) por obtener uranio sugiere... motivos siniestros”.

Israel insistía en que su programa nuclear era de naturaleza pacífica. En el cable 555 que la embajada estadounidense en Buenos Aires envió al Departamento de Estado el 23 de octubre de 1964 se recogen declaraciones del almirante Quihillalt: señaló que los acuerdos con Israel sólo tenían salvaguardias generales, es decir, que el uranio sería empleado con fines pacíficos y que Argentina no requería informes, inspecciones o verificaciones independientes para comprobar si así era.

En tanto, en Israel, la Embajada de EE.UU. insistía inútilmente en conocer la ubicación del óxido de uranio argentino. El 2 de junio de 1966 recibía el cable 1052 del Departamento de Estado: ordenaba que se debía mostrar satisfacción por la inspección de Dimona y recordaba que el entonces secretario de Estado Dean Rusk había señalado a Abba Eban, su contraparte israelí, con quien se reunió en febrero de ese año, que aparentemente Israel seguía una política destinada a crear “ambigüedad” sobre sus intenciones nucleares.

Un acuerdo secreto de 1969 entre la primera ministra israelí Golda Meir y el presidente Nixon resolvió que la “ambigüedad” continuara hasta que Israel resolviera hacer pública la posesión de su arsenal nuclear (www.foreignaf fairs.com, septiembre/octubre de 2010), “Israel es el único país democrático de Medio Oriente”, no se cansan de decir los presidentes de EE.UU., republicanos o demócratas, saben –porque es notorio– que Israel posee unas 200 cabezas nucleares como mínimo, pero la Organización Internacional de Energía Atómica nunca envía inspectores molestos. Para qué. Salir de la ambigüedad la daña mucho.

(Página 12    7/7/13)