domingo, 13 de enero de 2013
sábado, 5 de enero de 2013
"Están intentando recuperar cierta mística que tuvo YPF"
“Están intentando recuperar cierta mística que tuvo YPF”
Sábado 13 de Octubre de 2012 21:52
Entrevista con Hernán Palermo, autor del libro “Cadenas de oro negro en el esplendor y ocaso de YPF”. Analiza el pasado y el presente de la empresa y sus trabajadores.
APU (Por Enrique De la Calle): Contanos en qué consiste este libro que es laburo de un estudio de antropología del trabajo.
Hernán Palermo: El libro es parte de una investigación dentro del marco de la tesis de doctorado de la UBA, la Facultad de Filosofía y Letras y de alguna manera recopila casi 10 años de investigación en torno al desarrollo de YPF, su privatización y todo el período de REPSOL. La idea fue intentar reconstruir la experiencia de los trabajadores de YPF, como fue todo ese devenir dentro de la empresa en el período estatal, el momento de la privatización, cómo fue vivida, la cuestión de los retiros voluntarios, de los despidos y todas las características que tuvo la privatización. Intentar abordar desde la experiencia de los trabajadores el período de REPSOL.
El trabajo de investigación se hizo en distintos puntos donde estuvo YPF, en Comodoro Rivadavia, ahí se hizo el estudio de campo, en el Norte, en Salta Gral. Mosconi, Vespucio, la refinería de La Plata, una de las más importantes en Argentina y en Diagonal Norte donde está la sede central de YPF. En todos estos lugares donde estuvo YPF hicimos todo este trabajo de investigación tratando de captar esa particularidad que tenía YPF que es la extensión territorial en toda la Argentina.
APU: El libro se da en el marco de todo un estudio de antropología del trabajo. ¿Vos sos antropólogo?
HP: Exactamente, soy antropólogo.
APU: Contanos qué es antropología del trabajo.
HP: Empezamos en el 2006 a juntarnos un grupo de antropólogos preocupados por los estudios del trabajo, dentro de la antropología general no es muy común que se aborden los estudios del trabajo y de los trabajadores, está más vinculado a pueblos originarios u otros grupos y particularmente está más asociado a la sociología del trabajo. Nos juntamos una serie de compañeros vinculados a la antropología para pensar desde la antropología, recuperando estudios importantes que hay en Latinoamérica sobre trabajo y trabajadores, la conflictividad que se vive dentro de las fábricas. En este grupo hay varios compañeros, yo trabajo sobre los petroleros, otro compañero trabaja en siderúrgico, otra compañera en Ledesma, los trabajadores del azúcar, otro compañero trabaja en Ford. Una serie de estudios que de alguna manera intentamos repensar cuales son las relaciones y la conflictividad de capital-trabajo que se da dentro de las fábricas.
APU: Hace un par de meses habíamos charlado con vos en el marco de YPF y habíamos hecho un recorrido por lo que fue la privatización anterior durante la década de los 90 ¿Cuáles son los núcleos más problemáticos que tiene la privatización?
HP: La primera consecuencia que tuvo fue el desguase de una empresa de casi 70 años de construcción. Desde 1922 que se creó YPF de la mano del Gral. Mosconi hasta 1990 son casi 70 años de construcción, de avance científico técnico, de desarrollo y que en 4 años se desguasa una empresa por completo que fue a partir de 1990 con la gestión de Estenssoro. Otra de las consecuencias fue el desguase que tuvo el laboratorio más importante que había en Latinoamérica que es el laboratorio de Florencio Varela, de YPF que fue hasta ese entonces uno de los laboratorios más importante que hubo en la región y que asesoraron a laboratorios de Brasil, de México, asesoraron una serie de laboratorios en Latinoamérica que eran modelos.
Eso se destruyó por completo porque en 1994 ese laboratorio fue cerrado y otra de las consecuencias fue que del 90 al 94 se despidieron casi 36 mil trabajadores. Si la desocupación en la Argentina iba en ascenso, los pueblos donde estaba YPF se disparaba directamente el 30 %, porque todos los pueblos giraban en torno a YPF. Estos 36 mil trabajadores despedidos durante esos 4 años generaron una desestructuración, no sólo laboral, sino también familiar, social porque todo giraba a la dinámica de la empresa YPF.
APU: ¿Cómo es posible que en determinado momento se llevara a cabo ese desguase en una empresa estratégica para el desarrollo nacional?
HP: Creo que todavía no hemos comprendido en profundidad las transformaciones que hemos vivido en los 90. Si bien la década de los 90 fue una de las que más se ha escrito, creo que todavía no tomamos conciencia del cambio estructural que causó el desguase de las empresas, de las industrias, desguase de todos los recursos del país, de las relaciones sociales. En este contexto, no sólo la privatización de YPF, la privatización de ENTEL, de Obras Sanitarias. No olvidemos la privatización de Gas del Estado que se hizo con la presencia de un diputado trucho, no sé si se acuerdan que en la Cámara de Diputados, en el recinto una persona levanta la mano y no era diputado y así se aprueba la privatización de Gas del Estado.
Creo que no entendemos las profundas consecuencias que devienen de esa época de los 90. De acá en adelante me parece muy auspiciosa la cuestión de la nacionalización. Acá hay que marcar una diferencia entre una empresa de gestión privada y una empresa ahora de gestión en manos del Estado, el beneficio social tiene que estar casi de la mano de la maximización de la ganancia que es el único objetivo que persiste en una empresa privada cuando en una empresa del Estado debe estar unificado con el beneficio social.
APU: En el marco de las resistencias que marcábamos cuando se privatiza, vos trabajabas la resistencia obrera. ¿Nos podés comentar cómo fue ese momento de los trabajadores resistiendo para que no pase lo que pasó?
HP: En el libro abordo tres organizaciones de ex trabajadores de YPF porque algo que me parece muy particular es que a partir de la privatización, éstas empiezan a surgir en todo el territorio argentino. Trabajo sobre tres, una es la Unión de Trabajadores Desocupados de Mosconi, norte de Salta, otra es la Agrupación Mosconi de La Plata y la otra es el Grupo Moreno que es un grupo de ex trabajadores de distintas empresas del Estado –más profesionales que operarios- que también se conjugaron para pelear a partir de la privatización y para reclamar la reestatización.
A lo largo de la Argentina, a partir de la privatización de YPF, hubo una serie de luchas, de resistencias por parte de los trabajadores y muchas de ellas siguen estando, como la Unión de Trabajadores Desocupados en el norte. A pesar de lo 20 años transcurridos siguen teniendo un rol social en esos territorios que va más allá del reclamo, en su momento, de la reestatización de la empresa.
APU: En ese marco, era también muy importante el lugar de YPF como también se puede llegar a pensar con ferrocarriles, en espacios concretos, esto que decís de la presencia en todo el país, esos pueblos que fueron desapareciendo a partir de la privatización.
HP: Claro, porque YPF no sólo era la explotación de un recurso estratégico como lo es el petróleo –estratégico en el sentido del sistema mundial- sino que, además, YPF construyó toda una infraestructura, instituciones, recreacionales, educativas, de salud, destinadas a los trabajadores y sus familias que, de alguna manera, moldeaban esos territorios tanto del norte como del sur, del este y del oeste y le daban dinámica no solamente a la economía local sino también a las relaciones sociales. De alguna manera, muchas de estas ciudades crecieron y se desarrollaron al calor de lo que era el desarrollo de YPF.
APU: La última vez que charlamos estábamos muy encima de la estatización. Ahora ya pasó algún tiempo. ¿Tenés alguna valoración de lo que está haciendo, hasta el momento, la gestión de YPF en manos estatales?
HP: Sí, tengo algunas puntas que pueden llegar a ser interesantes. En primer lugar, lo que todos medianamente sabemos del objetivo planteado es el autoabastecimiento y la única forma de lograrlo es reinvertir todas las utilidades que va generando la empresa en desarrollo para la empresa. Esto es un cambio radical porque antes, siendo una empresa en manos de accionistas privados, esas utilidades suponen ganancias que muchas veces se fugan fuera de los límites del territorio nacional. Me parece, por el trabajo de campo que estuve haciendo hace muy poco, que dicha reinversión es fundamental para alcanzar el objetivo de autoabastecimiento.
En segundo lugar, está sucediendo algo muy interesante: Están intentando recuperar cierta mística que tuvo YPF en la época estatal y hubo una convocatoria que me parece interesante para nuevos trabajadores pero, fundamentalmente, para los hijos de los ex trabajadores de YPF como una forma de recuperar la práctica de la empresa de asegurar el trabajo a los hijos de los trabajadores que me parece que es otro punto para pensar. Otro punto que pude observar mientras entrevistaba a trabajadores de la actual YPF es que empieza a darse como una problemática el tema de la excesiva tercerización que comenzó en 1990 y que se profundizó con Repsol. Esto empieza a ser un problema porque, en términos más pragmáticos, YPF no tiene control de lo que pasa en los campos de perforación, en los cerros, porque todas las empresas son tercerizadas y esto puede llegar a transformar hasta las relaciones laborales
(Agencia Paco Urondo)
viernes, 4 de enero de 2013
"Tenemos 900 mil jóvenes de 16 a 24 años que no estudian ni trabajan".
Jóvenes que no estudian ni trabajan
"El problema social más grave de la Argentina"
Viernes 04 de Enero de 2013 07:03
Entrevista con Daniel Arroyo, especialista en políticas sociales y exministro de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires. "Tenemos 900 mil jóvenes de 16 a 24 años que no estudian ni trabajan".
AGENCIA PACO URONDO: Sos especialista en políticas sociales y además fuiste Ministro de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires ¿Es así?
Daniel Arroyo: Sí, primero fui Viceministro de Desarrollo social de la Nación y luego Ministro de Desarrollo Social de la Provincia de Buenos Aires.
APU: Queríamos charlar sobre un tema que en algún momento se discutió, se abordó, luego quedó fuera de agenda. Ahora volvió a primer plano a raíz de los hechos que ocurrieron a fines del año pasado y que tiene que ver con los saqueos y con alguna interpretación que propusieron muchos especialistas en cuanto al protagonismo de los llamados “ni-ni”, es decir, el universo de jóvenes que ni trabaja ni estudia. Primero, hagamos una descripción sobre lo que estamos hablando. ¿A qué nos referimos y de cuántos jóvenes estamos hablando?
Daniel Arroyo: La Argentina tiene 900 mil jóvenes de 16 a 24 años que no estudian ni trabajan. Cuando alguien habla de un pibe que no estudia ni trabaja habla de un chico que está en la esquina sin hacer nada o está un tiempo en la escuela, no logra mantenerse y está afuera y lo mismo con el trabajo, no se mantiene y se queda afuera. No se mantienen ni en el mundo educativo ni en el mundo laboral, ahí estamos hablando de los jóvenes que ni estudian ni trabajan. El principal problema que tiene no es la tarea, a un pibe que tiene que trabajar de repositor en un supermercado, de tornero le explican y aprende a manejar el torno, no tiene un problema de tareas, sino lo que les cuesta es ir todos los días a trabajar 8 horas, sostener el ritmo laboral. En parte se debe a que es una tercera generación que no ha visto ni a su padre ni a su abuelo trabajar y por otro lado porque no tiene la sociabilidad que da la escuela. La persona que se levanta todos los días, se lava la cara, los dientes y va la escuela, más allá de que aprenda mucho o poco, tiene un método, una rutina que le sirve para desarrollarse en la vida. El problema de los jóvenes excluidos es que no tienen métodos por eso todo les cuesta más. Ese es el principal problema que tiene hoy Argentina.
APU: ¿Coincidís con esa lectura de que esos chicos fueron en buena parte protagonistas de los saqueos de fin de año?
DA: Sí, efectivamente. En los saqueos hubo agitadores y quienes promovieron el tema y en parte se enganchan los pibes. El problema de los saqueos, si bien hubo agitadores, trabajó sobre una base social existente en los barrios que tiene que ver, en parte con la inflación, también con que fue un mal año para la construcción, hubo menos changas y con que hay un sobre-endeudamiento.
En los barrios es fácil acceder al consumo, uno con una cuota se lleva la motito o compra algo a crédito. Si no tiene trabajo se le va complicando entonces, diría que los saqueos trabajaron sobre la base de un cierto mal vivir, de dificultades económicas que no tiene que ver con hambre. No tiene nada que ver la situación de Argentina hoy comparada con la del 2001, donde efectivamente había hambre y un 57 % de pobreza.
En Gran buenos Aires, Córdoba, Rosario, los grandes centros urbanos, se mezclan las tres cosas que le queman la cabeza a una persona que es, estar hacinado, no tener lugar en la casa, no tener trabajo, o tener trabajo precario y viajar mal. Esas tres cosas se combinan y lo que hace es complicarle la vida a una persona, en este caso, en los saqueos quienes agitaron aprovecharon esta situación.
APU: Estos jóvenes ¿Qué edad promedio tienen?
DA: Son jóvenes de 16 a 24 años, con una particularidad, que el 30 % de las madres en Argentina tienen menos de 24 años o sea, hablamos de jóvenes que son pibes y padres a la vez. Estamos hablando de un universo importante en Argentina que no es que nunca estudian ni trabajan, sino que no logran mantenerse. Tienen más apoyo del Estado porque efectivamente ha habido más política social en los últimos años con la asignación universal por hijo pero como no están entrando al mundo del trabajo, su horizonte de futuro es complicado.
Obviamente un pibe que consigue trabajo gana menos que uno que vende droga o que está vinculado a la política y el propio pibe se pregunta si esto le sirve. Engancha una changuita donde le prometen $800 y en realidad le pagan $600 porque le descuentan las dos porciones que se comió llevando las cosas de un lado al otro. Una dificultad real para entrar al mundo del trabajo y mucho uso de los adultos sobre los propios jóvenes.
APU: Me acuerdo que hace un par de años te entrevistamos y nos dijiste ese minsmo número. ¿Provienen de datos oficiales?
DA: Provienen de las encuestas permanentes de hogares. Hay tres números para discutir en Argentina que son todos datos oficiales. Uno es plantear, los jóvenes que no trabajan, no estudian o tienen trabajo precario, ahí hay 1millón y medio de chicos. Segundo, los que no estudian ni trabajan que son los que estoy planteando, que hay 900 mil y tercero, los que nunca estudian ni trabajan, que están en situación recontra crítica que son 400 mil. Cualquiera de estos tres datos sale de las estadísticas oficiales, más allá de los números, es el problema más grave la Argentina.
APU: ¿Hoy fijás ese como el problema central?
DA: Argentina tiene un conjunto de problemas que tienen que ver con el trabajo informal, con la gente que trabaja de manera precaria, con el problema de la vivienda, con la pobreza extrema que todavía tiene una parte de la población, con violencia en el hogar. Hay varios problemas pero a mi modo de ver, "el" problema tiene que ver con los jóvenes.
APU: ¿Cómo encarar ese tema? ¿Qué políticas hay que aplicar?
DA: En primer lugar, claramente ha habido más políticas, la asignación por hijo llega a 3.600.000 chicos, cuyos padres cobran $340 por niño para que en el caso de los chicos menores de 18 años completen la escuela. Ahí hay un punto importante, sobre todo para los chicos de 14 a 18 años. Para los que van a la escuela o cruzan la escuela en algún momento, el tema de las netbook o de la inclusión digital es una cosa interesante. El Ministerio de Trabajo ha encarado programas vinculados a más y mejor empleo.
Mi impresión es que hace falta un cambio importante. Creo que hay que generar un fondo federal de inclusión joven, esto es, establecer el 0,5 % de producto interno, es decir, un fondo permanente por los próximos 10 años, gobierne quién gobierne, establecerlo como política de Estado con diferentes elementos. Uno, financiar una red de 20 mil tutores que son, una maestra, un técnico de club de barrio, es un cura, un pastor, son personas que tienen legitimidad en el barrio.
La función del tutor es, cuando el chico hace tres días que no va a trabajar o no va a la escuela, le golpea la puerta de la casa y le dice, "ponete las pilas". Es reconstruir el método, acompañar y ayudar al joven a que no se caiga y vincularlo con la escuela y con el trabajo. Esto es una tarea, un método, ir tres veces a la semana a ver al chico, una vez a la semana con la escuela, con el trabajo.
Esto a mi modo de ver requiere una red de 20 mil tutores. Después hay un segundo punto que es el tema del trabajo para los jóvenes que les cuesta mucho conseguirlo. Creo que hay que ir a un esquema de derecho al primer empleo. Empresa que toma jóvenes como primer empleo tiene una deducción impositiva, importante, es decir, le conviene a una empresa tomar a un joven porque económicamente, se le achica el pago de impuestos de manera significativa.
Junto con eso hay que trabajar con el tema de becas para completar la escuela secundaria. Nosotros tenemos que lograr que todos terminen la escuela secundaria y además el tema del crédito, masificar el crédito, muchos de estos jóvenes realmente están endeudados. Hay que ir a un esquema de créditos con tasa subsidiada especial para los jóvenes excluidos y volver con el tema de las escuelas de oficio y capacitación. Creo que esos elementos hay que trabajarlos en los próximos años en escala, no es que no hay programas en Argentina pero estamos lejos de llegar a los 900 mil jóvenes. Mi visión es que hay que crear este fondo y atender directo, de manera rápida a ese conjunto de jóvenes, con una política de Estado fuera de la discusión electoral, es decir, esto lo hacemos gobierne quién gobierne los próximos 10 años.
APU: Ese fondo del cual charlabas que incluía esta lógica de tutores... ¿Estás pensando en un programa social que exista en América Latina?
DA: Hay experiencias en América Latina. Brasil está encarando un programa muy grande ya, “Bolsa familia”, que es un programa que llega a 14 millones de hogares, a 40 millones de personas, toda una Argentina junta, con algo parecido, programa de becas, trabajan sobre toda la familia, no sólo los jóvenes y tiene que ver con becas, acompañamiento cultural, tutores. Chile está haciendo también algo parecido, están arrancando hace unos años en Colombia.
Hay experiencias y, de hecho, Argentina también las tiene, chicas, en algunos lugares del conurbano bonaerense, creo que hay que masificarlas. El Programa Envión también tiene esa lógica de acompañar con tutores, generar incentivos para que el joven entre al trabajo o termine la escuela. Lo que hay que darle es una escala muy grande, lo que pasa en Argentina es que si hay 3 pibes en el barrio que están en el Programa y los demás no, no generan ejemplaridad, no generan método, no cambian la situación, por eso el Programa Envión, que me parece un iniciativa muy buena, en mayor escala y con becas más grandes, empezaría a cambiar la cosa.
APU: ¿Cuándo hablamos del 0,5% del PBI de cuánta plata hablamos?
DA: De 7.000 millones de pesos, algo realmente bajo para la Argentina si pensamos que estamos hablando del problema social más grande. Seguramente tomar esos fondos del presupuesto implica hacer menos en otras áreas y será una discusión; pero si es como planteo, que acá está “el” tema central, estamos hablando de un presupuesto que no es tan complicado hoy para el Estado.
APU: La lectura que predominó en torno a los saqueos hizo mucho foco en quienes, por detrás, los habrían organizado. ¿De alguna manera esto desvió la mirada del problema en el afán de buscar responsables?
DA: El árbol no nos tiene que tapar el bosque. Que hubo agitadores y que hubo intereses políticos detrás de los saqueos es muy claro, de hecho, buscaron lugares para arrancar muy particulares como Bariloche y Rosario pero no debería tapar que tenemos un problema social de base importante que no tiene que ver con lo que ocurrió en la Argentina hace 5 ó 10 años pero que es clave resolverlo. El país no va a generar un cambio grande si no genera inclusión para los jóvenes.
La idea de que los jóvenes son el futuro es buena a condición de que tengan algo en el presente, que hoy tengan una oportunidad, por eso creo que hay que generar un esquema de rescate grande. Para decirlo brutalmente, el ciclo en el conurbano bonaerense es: el pibe está hacinado en la casa, se va a la esquina porque allí está mejor, en la esquina empieza a consumir –especialmente paco- porque si no consume no se integra al barrio –cuando yo era chico, el que no jugaba a la pelota no tenía su lugar en el barrio-, cuando consume tiene un problema de salud, un problema de adicción y, rápidamente, tiene un problema de endeudamiento y entonces, hay un vivo que propone ideas para cancelar esa deuda.
Ese ciclo son 6 meses y se completa con los medios de comunicación y con nosotros mismos diciendo que estos chicos son los culpables de todo, hay inseguridad por que están ellos y es como una profecía autocumplida. Un pibe arrancó diciendo que no tiene futuro y, efectivamente, todo le demuestra que está en lo cierto. Además, todos los estigmatizamos, a un pibe con buzo y capucha, todos lo vemos como un potencial delincuente con lo cual lo vamos raleando y le vamos dando menos chance, hay que hacer un cambio profundo y decir que esto tiene que ser el tema para los próximos años en política social.
APU: ¿Creés que hay un consenso general en la Argentina respecto de que éste sea uno de los principales problemas sociales del país?
DA: Cuando fui Ministro en la provincia de Buenos Aires arranqué con la AUH e hice un estudio para ver si había que seguir con eso o crear un seguro de desempleo. Esto último me dio muy mal, quedó claro que la gente no quiere saber nada con que alguien tenga un seguro para no trabajar y otro trabaje y cobre lo mismo y que con el tema jóvenes y niños, está dispuesta a hacer cualquier cosa. Es sobre lo único que se puede generar consenso en la Argentina porque, aún con distintas miradas, todos acordamos que es un tema central que no terminamos de resolver. Creo que en la clase política hay consenso en los títulos: que los chicos terminen la escuela secundaria, que mejoren. No hay tanto consenso en el método pero da la impresión de que estamos cerca, es un tema en el que hay consenso social y político.
Creo que es clave sacarlo de la competencia electoral. Hay que dar políticas de Estado y un área que se encargue de esto que persista gobierne quien gobierne. Si lo logramos, eso va a cambiar. Si hacemos una política muy fuerte y muy masiva, en los próximos 5 años podemos reducir a la mitad el problema que aqueja a los jóvenes en la Argentina.
(Fuente: Agencia Paco Urondo)
jueves, 3 de enero de 2013
¿Seguimos siendo el patio trasero de Estados Unidos?
03.01.2013 06:00
Pedro Brieger
América Latina
¿Seguimos siendo el patio trasero de Estados Unidos?
Las acciones llevadas adelante por la Casa Blanca en la última década, desmienten el supuesto "desinteres" del Imperio hacia una región que sigue siendo una preocupación para la política exterior estadounidense.
Después del atentado a las Torres Gemelas y el Pentágono en 2001 numerosos analistas sostenían que Estados Unidos había relegado América Latina a un segundo plano.
Supuestamente esto se debía a que la “guerra contra el terror” enunciada por el presidente George Bush (h) centraba todos los focos en Afganistán e Irak. Algunos incluso aseguraron que América Latina se había convertido en irrelevante para los proyectos norteamericanos.
Si uno se guiara por los dichos públicos de los principales funcionarios norteamericanos y los debates entre los candidatos presidenciales en todos los procesos electorales desde 2001 hasta la fecha uno podría llegar a la conclusión que -efectivamente- América Latina ocupa un lugar secundario e irrelevante en la política exterior de la Casa Blanca. Mas no es así. Lo demuestra día a día el gobierno de los Estados Unidos aunque algunas de sus acciones no tengan gran alcance mediático.
A la vista están la continuación del bloqueo a Cuba, la red de bases militares en Sudamérica, el Plan Colombia, el fracasado proyecto del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), el apoyo al golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, la intervención militar en Haití en 2004 para derrocar a Jean Bertrand Aristide, entre tantas otras actividades que incluyó la participación abierta del embajador Paul Trivelli en Nicaragua para unir a la oposición e intentar evitar el triunfo electoral de Daniel Ortega. Ya esta serie de hechos alcanzarían para demostrar que la Casa Blanca no sólo que no considera “irrelevante” a América Latina, sino que es una región vital a sus intereses y su esfera de influencia natural.
Es tan importante la región que a comienzos de 2012 el Congreso de los Estados Unidos aprobó un acta denominada “Contrarrestando a Irán en el Hemisferio Occidental”. Allí se puede leer que Estados Unidos tiene “intereses políticos, económicos y de seguridad vitales en el Hemisferio Occidental (todo el continente americano). Sin aportar pruebas y en base a múltiples aseveraciones vagas se afirma que la República Islámica de Irán está perpetrando operaciones vinculadas al tráfico de drogas, armas y de personas, lavado de dinero, falsificación de documentos, pirateando software y música.
Es tan importante la región que a comienzos de 2012 el Congreso de los Estados Unidos aprobó un acta denominada “Contrarrestando a Irán en el Hemisferio Occidental”.
Además se la acusa de brindar apoyo logístico en el continente a todo tipo de organizaciones terroristas (como la palestina Hamás y el Hezbolá libanés) y a narcotraficantes como Los Zetas mexicanos. Por otra parte, se la vincula a los atentados a la Embajada de Israel y la AMIA en la Argentina. Leyendo el documento uno podría llegar a la conclusión que las toneladas de cocaína que ingresan a Estados Unidos las transportan iraníes y que casi todos los males de la región recaen sobre sus espaldas.
Una simple lectura del documento permite comprender que Estados Unidos está preocupado porque Teherán estrecha sus vínculos con varios países latinoamericanos para minimizar los efectos de las sanciones internacionales impulsadas por la primera potencia mundial. Algún lector desprevenido puede pensar que esto tiene que ver con los planes nucleares de la República Islámica. Sin embargo, vale la pena recordar que las primeras sanciones contra Irán son del 14 de noviembre de 1979, diez días después de la toma de la embajada norteamericana en Teherán y mucho antes que nacieran Hamas o el Hezbolá, o los iraníes desarrollaran tecnología nuclear. El gran pecado de los iraníes es haber derrocado a la dictadura del Sha Reza Pahlevi -uno de principales aliados de Estados Unidos durante la guerra fría, y fue eso lo que motivó la furia del Departamento de Estado y las multinacionales petroleras que controlaban el negocio del oro negro.
Como se menciona en el documento, la gran preocupación de la Casa Blanca es que Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Venezuela y otros países latinoamericanos estrechen sus relaciones con Teherán. Para evitarlo el Congreso propone realizar un seguimiento de todo aquello vinculado a Irán en el Hemisferio occidental; desde embajadas, centros religiosos, culturales y de caridad hasta medios de comunicación, empresas, puertos y aeropuertos. En pocas palabras, un minucioso monitoreo de toda la región controlado por el Departamento de Estado.
La gran preocupación de la Casa Blanca es que Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua, Venezuela y otros países latinoamericanos estrechen sus relaciones con Teherán.
En realidad, no es la Republica Islámica de Irán lo que más preocupa a los Estados Unidos, sino que esta corriente de gobiernos progresistas de América Latina se consolide como un bloque independiente. Lo de Irán es una nueva excusa, como en otros momentos lo fue la amenaza comunista.
RV: Agente sionista del Mossad y del Comando sur del Ejército norteamericano, es el nuevo Ministro de Defensa chileno
Enviado el: jueves, 03 de enero de 2013 01:20 a.m.
Asunto: Agente sionista del Mossad y del Comando sur del Ejército norteamericano, es el nuevo Ministro de Defensa chileno










